Laporta cae en su propia trampa con el falso regreso de Messi

Los socios, hasta ahora en silencio, reclamaron su vuelta en el partido de Copa, Xavi también ha alimentado esta fantasía y el daño colateral está siendo la depreciación del actual equipo que ganará la Liga

Leo Messi ya no sonríe en el Barça
Leo Messi ya no sonríe en el Barça

La trascendente y mediática posibilidad del regreso de Leo Messi al Barça empieza a escaparse del control del  propio presidente Laporta, único responsable de haber generado esas grandes expectativas que siguen siendo infundadas y recurrentes con el único propósito de distraer y enredar a la opinión pública barcelonista.

Echar a Messi fue un error monstruoso y un palmario incumplimiento electoral del cual Laporta ha resultado ser el único culpable, se mire por donde se mire, pues del mismo modo que acabó deshaciéndose del CEO que le recomendaba no renovarlo, del peso de los avalistas como Eduard Romeu, el vicepresidente económico timorato e incompetente en el que se apoyaba Ferran Reverter, y hasta del propio Piqué, quien le susurró al oído que los problemas financieros se solucionaban prescindiendo de Leo, Laporta podía no haber sucumbido a esa presión y mantener la palabra dada a los socios y al propio entorno del jugador. No lo hizo en aquel momento porque le convenía a sus propios intereses, esos que algún día se acabaran conociendo.

La historia, en cualquier caso, ya ha dictado una cruel sentencia y un severo castigo al Barça a causa de esa decisión, víctima de una calamitosa caída de los ingresos, superior a los 200 millones anuales, un desprestigio internacional evidente, ningún título en el primer año tras su adiós, cuatro eliminaciones en Champions y Europe League rozando el ridículo y la necesidad de vender activos por 840 millones, de los cuales sólo 200 millones se han podido utilizar para fichar jugadores que lo hicieran olvidar. O al menos esa era la intención.

El agravante, del todo imprevisto, fue que Leo Messi lideró a Argentina en la conquista del Mundial de Qatar 2022, un título que lo convirtió indiscutiblemente en el mejor futbolista de todos los tiempos, sin que el FC Barcelona, su único club y referente futbolístico, pudiera beneficiarse de ese éxito que hubiera mantenido y redoblado el atractivo y rendimiento comercial y de patrocinio del club azulgrana en el mundo. El Camp Nou, con Messi campeón del mundo, se hubiera consagrado como la única meca del fútbol en todo el planeta.

En este contexto y llegados a esta situación, cuando el Barça está a punto de volver a ganar la Liga, cabe preguntarse hasta qué punto ha sido inteligente y apropiado promover la necesidad de recuperar al mejor jugador de todos los tiempos con esa ansiedad, prisa y desesperación que, en realidad, está produciendo el daño colateral de devaluar el mérito del equipo de Xavi.

Laporta, con tal de cambiar lo que la historia no puede negar, que fue él quien lo echó en un error sin precedentes, sigue machaconamente filtrando a su prensa las mil formas de recuperarlo, dando pábulo a la probabilidad de que existen vías, caminos y fórmulas que lo devuelvan al Camp Nou la próxima temporada.

Lo cierto, sin embargo, es que cuando menos quiere saber Leo de Laporta, al que le ha negado el saludo las dos veces que se han encontrado cara a cara, en la gala del Balón de Oro 2021 y en la de The Best 2022, más se esfuerza el presidente en filtrar y fomentar entre su núcleo duro cómo y cuándo se pueden dar las circunstancias para su regreso.

Como todo lo que hace Laporta, la única finalidad de esta obsesión sólo es mediática y propagandística, pues los opinadores de su vasto universo
de palmeros no solo encubren la grave patología -o los oscuros motivos- que le empujaron a arrojarlo lejos del Camp Nou hace dos años, sino que ahora rubrican y acentúan el hecho incuestionable de que nadie está luchando más que Laporta por recuperarlo.

Este viaje de ida y vuelta sólo sería admisible, en su caso, si fuera acompañado de un reconocimiento de culpa, perdón y hasta de dimisión por haber metido la pata y condenado al Barça a una ruina extrema, sin precedentes e irrecuperable. Laporta, en cambio, se llevó primero el aplauso de los suyos por aquella decisión tan “valiente y difícil como necesaria, por el bien y recuperación económica del club”, fue lo que se dijo en su momento, y ahora se redobla esa ovación por hacer exactamente lo contrario.

No se puede perder un minuto en valorar si Messi puede seguir jugando al nivel exigido en un equipo que compita por la Champions, es evidente que no, como se ha demostrado en el PSG junto a Mbappé, Nyemar y otras estrellas y, de hecho, ya se había puesto en evidencia en el Camp Nou los últimos años, a menos que se hubiera afrontado una paciente regeneración con jugadores como Araujo, Pedri, Gavi, Balde, Nico o Abde, el camino iniciado con Koeman, que pudieran suplir las carencias físicas de un futbolista de su edad, pero capaces de aprovechar su talento único y extraordinario para el juego de ataque.

En el Barça de hoy, reajustado a los nuevos tiempos con once fichajes de futbolistas en absoluto habituados al estilo y el ecosistema en el que Messi asombró al mundo, no sólo Messi no encaja -tampoco en el PSG ni en ningún otro equipo-, sino que supondría añadirle a la media de edad del equipo, con sus 36 años a partir de junio y los 35 de Lewandowski a partir de agosto, el hándicap de una vejez que al delantero polaco ya le está pasando factura.

Laporta es plenamente consciente de ello y hasta ha convencido a Xavi de que con su vuelta caerán las Champions y el dinero entrará por el Camp Nou como en los viejos tiempos. Sabe cómo embaucar a los suyos y al entorno mediático que le ríe las ocurrencias y hace seguidismo de ese tipo de desvaríos.

Tanto que, para sorpresa propia, el juego se le ha ido de las manos y Laporta se ha encontrado con que el grito de “¡Messi! ¡Messi!” del público pintoresco de la Kings League se reprodujo en el Camp Nou durante la primera parte del aciago partido de Copa del jueves pasado, despertando esa misma sensación de necesidad y querencia de Messi que nunca se había manifestado en el estadio con un público de socios abonados habituales. Ni tras su marcha, ni tampoco en los peores trances de estos dos últimos años

Esa demanda popular ha venido a perturbarle la paz principalmente a Xavi, que tampoco se ha visto venir ese golpe pendular provocado por alentar e impulsar tan gratuita y frívolamente el falso escenario de su regreso. El peligro radica en que, idealizando ese Barça de 2023 con Messi, se está depreciando el equipo que seguramente ganará la Liga esta temporada.

La combinación del 0-4 del Madrid en Copa, que no debería alterar el plan de ruta azulgrana, con el ‘mono’ prefabricado sobre la urgencia y la necesidad de que vuelva Leo no ha podido tener peores consecuencias en el estado de ánimo barcelonista que Laporta habrá de preparar y mentalizar ahora para aceptar que Leo no regresará al Camp Nou para vestir otra vez la camiseta azulgrana, si no es para su homenaje. ¿Están dispuestos los socios del Barça a pagar por un espejismo así? Laporta se ha complicado la vida una vez más.

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