Dimitir por bocazas…

Yo no sé si Ada Colau debería dimitir o no como alcaldesa de Barcelona después de ser imputada (ahora le llaman investigada…) por unas supuestas subvenciones ilegales. De hecho, creo que no, que mejor esperar a que haya sentencia firme. Un criterio que sirve para ella y para el resto de investigados, sean de izquierdas o de derechas. Dicho esto, pienso que Colau debería dimitir por bocazas. De hecho, la propia Colau hace seis años se pedía la dimisión por adelantado. En el programa Salvados de Jordi Évole, y en presencia del expresidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Colau se mostró indignada porque «hay muchos imputados que no dimiten». A su juicio, esto es lo que «caracteriza la vieja política», «no dimitir nunca». Ibarra, enarbolando la bandera de la vieja política, le replicaba diciendo que cualquier político de la oposición con buenas conexiones con un juez podría fabricar una imputación para «quitarse de en medio» a su rival, y que, por tanto, obligar a dimitir a todo el mundo que es imputado podría ser contraproducente. Un argumentario que entonces Colau no compraba y que ahora se ha hecho suyo. Proponía entonces someter la imputación «a debate público», y añadía que ella, en caso de resultar imputada, dimitiría sin pensárselo dos veces. Pues no, ahora, siguiendo el criterio de Ibarra, la imputada Colau no quiere dimitir, ya que entiende que es inocente. Colau, teórica defensora de las nuevas formas de hacer política, abraza ahora la vieja política.

Y después está el código ético de Barcelona en común, que en uno de sus apartados exige «compromiso de renuncia o cese de forma inmediata de todos los cargos, ante la imputación por la judicatura de delitos relacionados con corrupción, prevaricación con ánimo de lucro, tráfico de influencias, enriquecimiento injusto con recursos públicos o privados, cohecho, malversación y apropiación de fondos públicos sea por interés propio o por favorecer a terceras personas».

Total, que Colau podría elegir entre dos opciones a la hora de justificar la dimisión: O lo hace por ser coherente con sus ideas, defendidas con ahínco en sus inicios políticos, o por el código ético del partido que representa. Ella, sin embargo, ha decidido tirar de manual de la vieja política y darle la razón, seis años después, al viejo Ibarra. Ya repitió en la alcaldía pese a no ganar las elecciones (gracias a Manuel Valls), algo que también había dicho que nunca haría, y ahora esto. La coherencia en política suele ser un bien escaso.

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