El ‘tió’ no caga a los niños que hablan castellano…

Ante todo, feliz Navidad. Hoy toca hacer cagar el tió. Falsas y estériles polémicas al margen, el tió debe aporrearse y fuerte, y entender que esto es hacer apología de la violencia es un disparate típico de quien peina al gato a falta de otro divertimento, y frivoliza una de las primeras desgracias de la humanidad, la violencia, la de verdad. Así, golpearé el tronco con ahínco a ver qué caga. Hablando de frívolos falsarios, me impaciento esperando que Pablo Casado explique que el tió no caga regalos a los niños que hablan castellano en Catalunya. Y que insista en la mentira, hasta mil veces, que es cuando, según Joseph Goebbels, una mentira se convierte en realidad.

Siempre he pensado que los políticos, como los periodistas, por citar un gremio cercano, deberían regirse por unos códigos deontológicos más allá de las leyes establecidas. La exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, lo resumía el otro día así: “Los políticos deben tener unas obligaciones deontológicas, como los periodistas, o los médicos, o la publicidad… y si incumplen las reglas, se deberían de poder sancionar… El castigo de perder las elecciones es insuficiente… Debería haber una especie de agencia pública de verificación con poder sancionador… Quizás 15 días sin sueldo…”. Estirando este hilo, como en el carné por puntos del coche, a golpe de mentir los políticos deberían ir perdiendo puntos y al final, a base de insistir en la mentira, se les debería poder retirar el carné y deberían esperar a las próximas elecciones sin poder conducir para volver a examinarse.

No sé si la mayoría, pero en todo caso ya aviso ahora de que muchos perderían el carné de político; Casado, uno de los primeros. Que dice el aprendiz de Donald Trump -29.000 mentiras en cuatro años, le contabilizó el Post-, que en Catalunya «hay profesores con instrucciones para no dejar ir al lavabo a los niños que no hablan catalán en clase», y añade que por la misma razón se les ponen piedras en las mochilas. Casado mama de la tradición inglesa y entiende que la realidad no puede estropearle un buen titular. O como dicen los italianos, se non è vero, è ben trovato. Como escribía a inicios de la Grecia clásica el dramaturgo Esquilo de Eleusis, «la verdad es la primera víctima de la guerra». Así, el líder de los populares españoles ha elegido la mentira como arma arrojadiza para ganar la guerra y recuperar el poder lo antes posible. Por lo general, la derecha española -la catalana, incluida- siempre se ha creído más legitimada que la izquierda para ocupar el trono y, desde esta paranoia, entiende que puede hacer lo que sea necesario -mentir, por supuesto-, para reconquistar el poder.

Desde mi punto de vista, Casado habría perdido estos días los doce puntos del carné de político y debería abandonar la carrera. Pero mi punto de vista no coincide con la realidad y el mentiroso sigue activo, erre que erre, acomodando la autenticidad a su gusto, sin escrúpulos ni apéndice nasal alargándose indiscretamente. Goebbels estaría muy orgulloso.

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