Piqué ya no es el ‘favorito’ de Laporta

El presidente ya sólo tiene ojos para Xavi que lo ha señalado como indisciplinado y mal ejemplo del vestuario además de fichar a Alves como ‘contrapeso’

Gerard Piqué
Gerard Piqué

La única imagen difundida y reproducida de un futbolista exhibiendo esa nueva normalidad del vestuario, almorzando después del entrenamiento grupalmente, ha sido del propio Piqué, parece ser que con la intención de demostrar que ha encajado sin ningún problema las reglas de convivencia impuestas por Xavi a su llegada. Lo que transmite la foto, sin embargo, es la de una persona apática, aburrida, como melancólica, soportando una especie de castigo, más la reacción a un encierro que otra cosa.

Probablemente, por la expresión del defensa, cansina, ya conocía la anulación de sus actos de promoción de la Copa Davis, entre ellos viajar a Madrid para la presentación del evento y participar en directo en el espacio El Hormiguero, programa punta de la televisión ordinaria abierto a todos los famosillos que estrenan película, libro, programa o, como en este caso, al futbolista catalán más popular, ahora repentinamente enamorado de ese Madrid que despunta y florece mucho más que la Barcelona de Ada Colau.

En definitiva, que Xavi, recuperando el orden correcto del vestuario, lo que ha conseguido, básicamente, es poner en evidencia que uno de los capitanes, Gerard Piqué, era el peor ejemplo para las nuevas generaciones. No sólo se escapó lesionado a Madrid para participar en un acto de la Davis, también se le vio practicando surf recientemente y todo el mundo sabe que además incurre en prácticas de riesgo de un  modo habitual como ir en patinete o en bicicleta (los puntos del carnet de conducir perdidos darían para una larga historia), además de trasnochar sin rubor ni recato participando en directos de youtube y otros espacios populares en las redes sociales junto a Ibai Llanos. Hasta se ha convertido en el promotor nocturno de un mundial de globos.

La aplicación de normas y de disciplina han puesto a Gerard Piqué en el foco de ese nuevo orden por la sencilla razón de que él mismo era el desorden. Piqué había establecido, a su voluntad e intereses al margen del fútbol, sus propias reglas, básicamente que la disciplina de grupo se aplicaba solo a los demás.

En ese desbarajuste personal tiene mucho que ver la autocomplacencia de Joan Laporta, ese estado de juerga y desmadre permanente que, de su mano y autorización, ya destruyó aquel Barça de Ronaldinho. A su vuelta al palco del Camp Nou, Piqué ha sido el confidente y  aliado perfecto para sus planes, sobre todo para conocer el estado de ánimo real de Messi y de la forma de actuar de Ronald Koeman, entrenador al que ninguno de los dos ha mostrado el respeto debido y mucho menos han ayudado en momentos ciertamente difíciles. Ambos, sin embargo, han antepuesto siempre sus intereses personales a los del equipo.

A cambio, Piqué ha disfrutado de barra libre y de favorecer a los jugadores que él mismo representa como Umtiti o Riqui Puig. En el colmo del surrealismo, ahora Gerard Piqué también es en la práctica el propietario de la agencia de representación de Xavi Hernández, el nuevo entrenador, dirigida por Arturo Canales, el agente de Gerard Piqué y protector de sus intereses mediáticos además de controlar sus inversiones en el negocio del fútbol, incluido el Andorra, de su propiedad junto con Kosmos. 

Podría hablarse de un conflicto de intereses tan complicado que, de momento, a Piqué le ha tocado probar la amargura de su propia medicina, es decir la de que venga otro a mandar en el vestuario y a imponer su autoridad. Xavi, el hombre de moda, es el único asidero que le queda a Joan Laporta ante su manifiesta negligencia en la gestión deportiva.

Tanto manda Xavi hoy que, a diferencia de hace dos semanas, cuando nadie se atrevía a denunciar que Piqué, lesionado, se había saltado todas las normas viajando a Madrid para un acto de la Davis, hoy esos mismos corderos han roto su silencio a favor del látigo de Xavi y de sus intenciones de domar al tigre Piqué. Del papel de intocable y ser el más listo del vestuario ha pasado a convertirse en el “malo” de la película, la representación de que todo aquello que ha conducido al Barça a su estado actual de deterioro interno.

Es una lección que a su edad no se aprende ni se encaja por la sencilla razón de que su comportamiento era simplemente un hábito, una pauta de conducta admitida y homologada por ese enorme poder de un vestuario de leyendas, con Messi al frente, al que nadie podía enfrentarse. Lo intentaron todos los entrenadores que, inevitablemente, salieron huyendo, desde Guardiola a Koeman, pasando por Tata Martino, Luis Enrique, Valverde y Setién.  Sólo Tito Vilanova poseía una ascendencia y un carácter que, a diferencia del resto, no chocaba con el superego del típico entrenador del primer equipo del Barça, aplicando un tipo de autoridad que, por su honestidad y por estar 100% dirigida a favor del club, nadie discutía.

Con Xavi, que en sus tiempos fue como Piqué, uno de esos popes del vestuario, ese choque de competencias ha vuelto y se ha establecido una inversión jerárquica, o al menos eso pretende el de Terrassa. Gerard ya no es el preferido del presidente Laporta porque sencillamente ya no lo necesita ni le es útil para nada. Porque su escudo ahora es Xavi, consciente de que es su cartucho final y, sobre todo, de la importancia de que su estrella mediática deslumbre y siga siendo el parachoques perfecto. Si sale bien, Xavi se llevará los máximos honores y Laporta una destacada cuota del éxito, pero necesita que no haya nadie más compitiendo dentro de ese espacio del vestuario.

Puede que eso explique la inexplicable llegada de Dani Alves, un jugador veterano de 38 años con el mérito de haber ganado el oro olímpico de Tokio con los jugadores Sub-22 de Brasil. A Xavi le viene bien esa figura contrapuesta de un veterano de guerra que, a diferencia de Piqué, lo único que le sigue interesando es el fútbol, capaz de contagiar esa misma vocación y sentido de equipo y del juego propias de un futbolista excepcional.

La teoría es perfecta. En la práctica habrá que ver si funciona porque está claro, también, que Alves quiere llegar como sea al Mundial de Catar y que habrá pactado jugar al menos un porcentaje de partidos en los que deberá estar a la altura y justificar una decisión que, desde luego, alberga dudas y enormes riesgos, además de envidias y quién sabe si tensiones con futbolistas como Jordi Alba, también celosos de esos privilegios y jurisdicción sobre el resto. Alves los puede arrollar con su carácter, personalidad y palmarés, superiores al de Leo Messi incluso.

Un experimento que ha provocado un efecto llamada pues ya se habla de la vuelta de Thiago Alcántara, desde Liverpool, arrepentido de haber rechazado seguir en el Bayern Munich. Se supone que la situación no se le irá de las manos a Xavi. Si no, ¿qué será lo siguiente? ¿Repescar a Eto’o porque falta gol?

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