La Generalitat otorga la Medalla de Oro a quien creó la base antártica Juan Carlos I

La Generalitat de Cataluña ha otorgado su Medalla de Oro a la Dra. Josefina Castellví, y el decreto lo justifica «por su destacada trayectoria como oceanógrafa, bióloga, investigadora científica y escritora». En la exposición de motivos se dice que entre 1987 y 1994 vivió en la Base Antártica Española en la isla de Livingston, primero como coordinadora de la instalación y luego como directora. Posteriormente, fue gestora del Programa Nacional (español) de Investigación en la Antártida, y se convirtió en la responsablede la coordinación de los proyectos científicos internacionales llevados a cabo en este territorio. Por lo tanto, la principal tarea científica de la Dra. Castellví ha sido relacionada con la base antártica.

Esta base española se llamaba y se llama (aunque el decreto lo oculte) Juan Carlos I. Que el gobierno actual de la Generalitat (tan republicano e independentista) otorgue su Medalla de Oro a quien logró que la bandera española ondee permanentemente en la Antártida, me ha llenado de alegría y satisfacción. Primero porque parece un oxímoron, y que por una vez parece que han dejado de lado el sectarismo que tanto caracteriza a algunos (recuerdo ahora el caso Pla), y, segundo, porque estoy contento por la Dra. Castellví, de la que fui el primer becario al terminar mi carrera en 1971.

Por lo tanto, viví muy de cerca todo este proceso y me siento capacitado para explicar su historia, lo que haré de la manera más objetiva que pueda, aunque a buen seguro no será a gusto de todos, ni por lo que digo ni por lo que callo.

Todo esto me ha llevado a hacer una pequeña sinopsis de la historia de la investigación oceanográfica en España. Para mí, el pionero de la investigación moderna es Odón de Buen, cuando en 1885 se embarca en la fragata Blanca y recoge muestras durante el viaje. Después creó las estaciones biológicas de Málaga, Santander y Mallorca; un año después fundó el Instituto Español de Oceanografía (IEO). Tuvo un amplio reconocimiento internacional que seguramente le salvó la vida cuando, durante la Guerra Civil, fue encarcelado por su condición de republicano. Murió en el exilio en México.

Pienso que el carácter supuestamente republicano del IEO hizo que a finales de los años 40 se fundara el Instituto de Investigaciones Pesqueras, por parte de gente muy cercana al Opus y con una estructura totalmente paralela y competitiva. Es importante que la labor de la Dra. Castellví y las primeras investigaciones antárticas surgieron de este instituto, con sede en Barcelona, ​​y que ya en democracia se denominó Instituto de Ciencias del Mar.

A principios de los años 70 se potenció decididamente la investigación marina gracias a numerosas expediciones (las primeras dirigidas por los doctores Margalef y Ballester a las aguas del antiguo Sahara español), que hicieron posible la construcción de un primer buque oceanográfico, el Cornide de Saavedra. Por cierto, Antoni Ballester, hasta donde yo he podido averiguar, fue el primer científico catalán que pisó la Antártida, participando en una expedición belga en los años 60.

El Dr. Ballester tuvo un papel importante en la creación de la base antártica; fue un científico brillante, inquieto y visionario, que también impulsó la medida de parámetros oceanográficos en continuo a bordo del Cornide de Saavedra e incluso embarcó en él un gigantesco ordenador IBM, el primero o los primeros a bordo de un barco. Se contrató en 1987 un profesor argentino (Aldo Tomo, al que más adelante dejaron de lado) que no sólo ayudó a crear los programas de investigación, sino también a conseguir el reconocimiento de España como miembro permanente de la SCAR, el comité que regula las investigaciones antárticas.

Y con estos mimbres se hizo el cesto de la primera base científica española en la Antártida: la visión del Dr. Ballester, el empeño y la capacidad de organización de la Dra. Castellví, la ayuda del Dr. Tomo, el barco de transporte de los polacos (pagando, claro) cuando España no tenía capacidad propia y la valentía de los otros tres científicos que participaron en la primera la expedición. Entre todos consiguieron que desde el 11 de enero de 1988 ondee la bandera española en unas tierras tan lejanas.

Que ahora la Generalitat haga un homenaje a los que lograron esta hazaña, en la persona de la Dra. Castellví, me parece personalmente justo y curioso.

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