La masa salarial no es el enemigo del Barça

Hace casi 15 años que no baja del 61%, con un registro histórico del 77% en la última temporada de Laporta, 2009-10

FC Barcelona 2020-2021

El FC Barcelona ha alcanzado una situación económica y financiera extrema, tanto que hasta se ha puesto de moda a causa de esa línea roja impuesta por la LFP profesional entre masa salarial e ingresos. La causa que lo ha provocado es Leo Messi, más exactamente la complejidad de encajarlo en un rompecabezas con muy mala solución por varios motivos. 

El primero y principal es que, como resultado de la caída de los ingresos, aunque prevista y anunciada, Joan Laporta no ha movido un dedo en los tres primeros meses de su mandato, más preocupado por echar a los que se han hartado de ganar títulos en las secciones que preocupado por los verdaderos problemas del club, que son los del fútbol.

Como le habían advertido, al menos externamente, para la temporada 2021-22 el volumen de los salarios previstos representa un 110% de los ingresos, lo que quiere decir que para restaurar una relación aceptable debe reducir prácticamente a la mitad el coste de la plantilla.

Aunque el efecto covid-19 es la causa principal de esta situación, desde el club se ha alimentado una vez más la demonización de la herencia de Bartomeu como la causa única y diabólica dificulta la inscripción de Messi y del resto de los nuevos jugadores.

La realidad, sin embargo, sobre todo las cifras del histórico económico de FC Barcelona, demuestran que desde hace por lo menos 14 años el club vive instalado en ese alambre de una masa crítica salarial que representa, sobre los ingresos, un promedio del 67%.

Los socios y algunos analistas sin ninguna perspectiva no recuerdan que, por ejemplo, el récord de ese desequilibrio entre coste de la plantilla (ficha + amortizaciones) lo tenía la directiva de Joan Laporta la temporada 2009-10, la última de su mandato, con un 77% de los ingresos destinados a recompensar a sus jugadores favoritos de fútbol, pero también de secciones como la de Enric Masip, aunque ya hubiera colgado las botas. 

Fueron tiempos de una generosidad sin freno, incluido el ruinoso fichaje de Zlatan Ibrahimovic. También se los gastaba Laporta en Keirrison y Henrique desde luego. La ventaja, o la suerte por decir algo, es que no hubo que hacer frente a ninguna pandemia, lo que confirma ese dato como un registro insuperable.

De los 398.5 millones de euros ingresados, Laporta gastó 306,3 en satisfacer los bolsillos de los equipos profesionales.

Como también hubo que comprar los terrenos de Viladecans y suscribir no menos generosos convenios con la Federación Catalana, la Johan Cruyff Foundation y arreglar las cosas de modo que Barça TV fuera una mina de oro para Mediapro, ese ejercicio 2009-10 se saldó con 80 millones de pérdidas.

Ya eran tiempos en los que la masa salarial era del 69%, como en la temporada del primer triplete. Sólo en las temporadas 2011-12 y la 2016-17 el porcentaje se había frenado en el 61% bajo la presidencia de Sandro Rosell y el control económico de Javier Faus.

El 77%, plusmarca absoluta de Joan Laporta en la 2009-10 no ha sido superado siquiera por la 2019-20, la última de Bartomeu, con un 74% con unos ingresos de 855 millones y coste salarial de 636 millones, ya bajo el impacto de cuatro meses de pandemia y un perjuicio admitido, auditado y aprobado en asamblea de 159 millones de ingresos menos y una reducción salarial impuesta unilateralmente por la directiva de un 12%.

Pandemia al margen, circunstancia que puede considerarse un hecho excepcional, imprevisto y catastrófico, y admitiendo el estrés que ya venía sufriendo la economía los últimos años, el Barça era sostenible en esos márgenes de entre 65% y 77% de masa salarial. 

Y es verdad que, con uno u otro presidente, el club ha recompensado a deportistas que, en su conjunto, han protagonizado la época más dorada y victoriosa de la historia.

También es aún más cierto que los problemas derivados de la pandemia requieren acción, ideas, conciencia y medidas drásticas que la directiva de Joan Laporta deberá de tomar o, mejor dicho, debería haber tomado mucho antes. La argumentación, tan reiterada por los firmantes del voto de censura, entre ellos Joan Laporta, en el sentido de que Bartomeu no podía tomar decisiones para no perjudicar más al FC Barcelona se ha convertido finalmente en la peor receta del ganador de las elecciones. Y eso después de haber aprobado, porque eran correctas, las cuentas del ex-presidente correspondientes a la temporada 2019-20. 

Otro debate abierto, para aquellos oportunistas y financieros que se asombran, denuncian y rechazan este volumen de masa salarial pasaría por preguntarse para qué quiere si no el FC Barcelona el dinero si no es para tener al mejor equipo de fútbol, baloncesto, balonmano, hockey patines, fútbol sala y femenino. Sobre todo, teniendo en cuenta que tiene la forma jurídica y asociativa de entidad sin ánimo de lucro.

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