La peor y más anacrónica arenga del presidente

Laporta adelantó su ‘speech’ a la plantilla para evitar hacerlo cuando lleguen las ‘vacas sagradas’ y las rebajas

Joan Laporta
Joan Laporta

Las apariciones mediáticas de Joan Laporta siempre han respondido a sus propios impulsos y a su intuición, mucho más que a una estrategia de comunicación. Como mucho, cuando ha habido elecciones, en las dos campañas que ha ganado, 2003 y 2021, ha sabido callar, eludir el debate y el exhibicionismo, renunciar a ser él mismo, porque la exposición de su verdadero ‘yo’ siempre acaba siendo mucho peor que su silencio.

Lo hizo cuando, de la mano de Sandro Rosell en 2003, necesitaba ocultar ese antagonismo histórico contra Núñez, impedir que le relacionasen con el Elefant Blau y sobre todo con Johan Cruyff y Jaume Roures. Así ganó un Laporta disciplinado que se daba baños de masas acompañado de los Boixos Nois en el Mini, mientras se forjaba la vitoria de la misma manera que el ex-presidente autor de los escándalos de Sogecable, Can Rigalt, Viladecans y tantas fechorías contra los socios que uno se puedan imaginar ha acabado ganando las de 2021, amparado en la amnesia y el control mediático de un pasado de gestión ruinosa, fiesta permanente y una vida de cinco estrellas a costa del club que ya ha recuperado inmediatamente.

Por eso cuesta imaginar, fuera de la farsa electoral, que esa misma caricatura de sí mismo siga siendo parte de su personaje público, seguramente porque sus asesores de imagen y de prensa le empujan a acciones completamente ridículas, como aparecer en el vestuario el primer día de trabajo de Ronald Koeman. Un hecho que, excepcionalmente, podía haberse producido y hasta trascendido, pero en ningún caso ser grabado y emitido por los canales del club.

El pobre contenido del discurso de Laporta, incoherente, infantil, desfasado y ridículo en un presidente del Barça, puede ser aceptable en un equipo de Segunda B. No en el primer equipo del FC Barcelona pidiendo, sin ninguna convicción, una mentalidad ganadora, una arenga que llega tarde, pues debió darla en su momento cuando el Barça necesitaba ganar al Granada y no haber dudado del propio equipo y sobre todo del entrenador en aquel momento clave ante el temor de un doblete liderado por el entrenador de Bartomeu.

Otra explicación, seguramente la más plausible, es haber adelantado esa visita al vestuario antes de que lleguen las ‘vacas sagradas’ y los internacionales, todos aquellos jugadores sobre los que se está extendiendo desde dentro del club la responsabilidad y la culpa de ser quienes le están cerrando el paso a Messi. La prensa corrosiva del aparato oficial de Laporta juega a pedir que los que más cobran se han de rebajar el 40% y que Griezmann se ha de ir a donde sea, con tal de permitir el regreso del argentino, un propósito que seguramente corroe por dentro al francés, pues nadie más que él ha sufrido como ningún otro jugador la tiranía de Leo dentro del vestuario.

Laporta, en definitiva, se ha borrado así de una comparecencia incómoda y tensa dentro de dos o tres semanas, tanto si no llega Leo como si lo hace, en este caso a costa de darle un mordisco al salario de sus compañeros o de rescindir contratos y judicializar la operación masa salarial a base de rebajas impuestas y no pocos conflictos.

De hecho, el club ya deberá enfrentarse a una demanda por rescisión de contrato del futbolista Matheus Fernandes, brasileño, comunicada el 29 de junio pasado. Matheus tenía contrato con el club hasta el mes junio de 2025.

Nadie le podrá acusar de no haber saludado, animado y deseado suerte a la plantilla. Lo ha hecho ante un grupo integrado por jugadores del filial, Piqué, Pjanic, Sergi Roberto -al que quiere renovar porque tiene compromisos con Orobitg, su agente y el de Guardiola- y Riqui Puig. Dentro de tres semanas la tranquilidad y el ambiente no serán los mismos.

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