En vísperas de los indultos

Todo apunta a que los indultos se concederán el próximo martes, 22 de junio, o, como mucho, al siguiente, 29. Nos lo explicará el lunes, 21, el presidente Pedro Sánchez en el Liceu. El fiasco de Colón ha precipitado los acontecimientos y unos cuantos que ayer mostraban las uñas al oír hablar de los indultos, hoy lo ven como mal menor, Felipe González incluido. La carta de Oriol Junqueras, prestando atención a la media Cataluña no independentista, ha hecho de bálsamo. A la greña, ya sólo queda la derecha más extrema. Pablo Casado, como no manda, se mantiene en el pelotón del cuanto peor, mejor; si mandase, otro gallo cantaría.

En vísperas de los indultos, aplaudo con convicción que, después de años de desbarajuste, unos y otros hayan decidido recuperar el noble arte de la política. Sea por pereza o debilidad, a Mariano Rajoy se le olvidó practicarlo. Delegar a la justicia el trajín político es, cuando menos, una temeridad, que nos ha llevado al lodazal. No es recomendable matar las moscas a cañonazos. También el independentismo ha de analizar y corregir. Sigo pensando que consultar a la población aspectos tan trascendentales como la independencia debería ser posible. Pero, en ningún caso ésta se puede imponer a la mitad que no la quiere. Parece que a esta conclusión ya ha llegado al menos la mitad del independentismo, aquel que representa Esquerra.

Ahora, lo que corre prisa es que los presos independentistas salgan de la cárcel y recuperen una libertad que nunca debería haberles sido arrebatada. El intento fallido de la DUI, abortado 56 segundos después de la proclamación, no merecía, entiendo, penas de prisión. La desproporción de las penas ha sido extraordinaria y a nadie sorprenderá que dentro de unos años la justicia europea así lo certifique. Queda pendiente resolver la situación de los expatriados y la de tantos otros encausados por el proceso. Parece que hay interés por resolver el lío por la vía política. Sin embargo, nada será fácil ni rápido y la disposición al choque continúa viva en ambos lados. Esperamos que Sánchez y Pere Aragonès se mantengan firmes en el diálogo y que, con valentía y generosidad, hagan lo que deben hacer, política. Un ejercicio que les comportará desgaste, claro, pero ya sabían dónde se metían, ¿no? Lo explicaba muy bien Margaret Thatcher: «La misión de los políticos no es la de agradar a todo el mundo». Pues eso, no agraden, pero resuelvan los problemas, que para eso les pagamos.

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