Colombia

Siguiendo las pautas habituales de la información internacional en nuestro país, de repente hemos descubierto que Colombia existe. Lo hemos hecho porque, a raíz de las protestas populares contra una reforma tributaria, el gobierno de Iván Duque optó por responder con una represión brutal, que causó más de cincuenta muertes y vulneraciones de los derechos humanos más básicos, con torturas, violaciones y desapariciones. Muchos periodistas que pretendían informar a pie de calle y sin alinearse acríticamente con la versión oficial de los hechos han sido amenazados o agredidos.

En Barcelona hay más de 15.000 colombianos empadronados. En L’Hospitalet, unos 3.500. Hay colombianos viviendo en casi un centenar de poblaciones catalanas. Las ciudades donde hay más, después de Barcelona y L’Hospitalet, son, por este orden, Terrassa, Sabadell, Badalona, ​​Cornellà, Santa Coloma de Gramenet, Vic, Mataró, Rubí, Castelldefels y Manresa. No es extraño, pues, que muchos conozcamos personas de origen colombiano que viven entre nosotros.

Yo conozco unos cuantos y estos días los han vivido con mucha desazón. Especialmente los que tenían familiares en Cali, la ciudad donde más violenta ha sido la represión policial y militar. Y civil, porque uno de los hechos más injustificables de esta represión es que personas vestidas de calle han disparado contra los manifestantes, como numerosos vídeos han dejado al descubierto. No se ha detenido a ninguna de estas personas.

En Colombia la paz ha sido la excepción durante muchos años. El proceso de paz con la guerrilla de las FARC fue largo y costoso. Se cerró a pesar de que la población, en referéndum, no lo selló como esperaba el entonces presidente Juan Manuel Santos. Su predecesor, Álvaro Uribe, hizo y sigue haciendo todo lo posible para que ese proceso fracase. Uribe está, precisamente, detrás de Duque en su apuesta por la represión violenta de las protestas y movilizaciones populares.

En los últimos cinco años, más de 900 líderes sociales y defensores de derechos humanos han sido asesinados en Colombia. Desde fuera del país se ha vivido esta tragedia como si no existiera. Contrasta este grado extremo de violencia con la forma de ser y hablar de los colombianos que conozco. Miles de ellos se han manifestado estas últimas semanas en nuestras ciudades. «Una mañana he despertado… y Duque, ciao, Duque, ciao, ciao, ciao», era uno de los eslóganes más coreados.

Puede que nosotros también nos despertemos y demos la mano y el apoyo necesario a los colombianos que quieren un país en paz y justo.

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