Este otoño se vuelven a llevar las hombreras, el cárdigan o el tejano integral. Como ocurre en la moda, en política también vuelven viejas tendencias, como Mariano Rajoy. El expresidente compostelano se vuelve a llevar o, dicho de otro modo, está de moda. Sólo hay que ver el cambio de estilo del actual líder de los populares, Pablo Casado, para darse cuenta. Aparte de la barba mariana, ha adquirido otras viejas formas del expresidente.

Después de navegar en aguas turbulentas, a la deriva de la extrema derecha, y de perder hasta la camisa en las pasadas elecciones generales, el castellanoleonés ha vuelto nuevo de vacaciones. Parece haber descubierto ahora que en el centro político español hay vida y votos, y que de nada o de muy poco le servía empeñarse en pescar a lo loco en caladero diestro. Pasado el resfriado de Vox -toquemos madera-, Casado ha decidido hablar poco o hablar menos, como hacía Rajoy, y a partir de ahí ha empezado a crecer en las encuestas. A Casado le pasa como aquella Bélgica que no conseguía formar gobierno ni a la de tres, que alcanzó mientras tanto unos índices económicos buenísimos; el líder de los populares, callado, gana mucho.

Parece que también vuelve a estar de moda el bipartidismo. Aquellos que tenían que cambiar la escala cromática de la política, eliminando los azules y los rojos, o los que querían asaltar el cielo, naranjas y lilas respectivamente, van de capa caída y en las elecciones del 10 de noviembre podrían recibir la estocada de gracia, veremos. Sea como sea, los vasos del bipartidismo parecen cada vez más comunicantes. Así, cuanto más huye de la derecha el PP más se acerca el PSOE. Lejos queda aquel Pedro Sánchez quijotesco, que luchaba contra los gigantes del Ibex 35. Es curioso, mientras Casado modera su discurso y cambia de modelo: de la extrema derecha de José María Aznar en el centroderecha de Rajoy, Sánchez, que también 'marianea' un poco, hace el mismo camino a la inversa: del centroizquierda de José Luís Rodríguez Zapatero en el centro de Felipe González.

Sin embargo, como que ambos vienen de dónde vienen y tienen mucho camino por deshacer, las distancias aún son bastante considerables. Veremos si con lo que queda de precampaña se acaban encontrando en el centro político español y quien se acaba imponiendo. Todas las encuestas hablan de la victoria de Sánchez, pero la recuperación de Casado parece no tener límites. Haría bien el presidente en funciones de no fiarse del nuevo Casado. Y mientras tanto, parece que Pablo Iglesias podría salvar los muebles, a pesar de la irrupción de su alumno aventajado, Íñigo Errejón, que también se lleva un trozo del pastel. Quien tiene todos los números de protagonizar el gran batacazo del siglo es Albert Rivera. Así, consciente del desastre, el naranja va de un lado a otro como un pollo sin cabeza. Ahora ya le ha levantado el veto a Sánchez. Una vez más, Rivera reivindica la frase del maestro Groucho Marx: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".