El exdiputado de la CUP David Fernàndez ha declarado como testigo en el Tribunal Supremo este jueves y ha respondido una pregunta del partido ultraderechista Vox, que ejerce de acusación popular, lo que se negaron a hacer los también exdiputados cupaires Eulàlia Reguant y Antonio Baños, que fueron multados por ese motivo. Antes de hacerlo, eso sí, Fernàndez ha insistido en preguntar al presidente del tribunal, Manuel Marchena, si quedaría invalidada su declaración en el supuesto de que se negara a responder a Vox, pero Marchena le ha dicho que no es su trabajo resolver consultas y que, conociendo las consecuencias penales de negarse a atestiguar, se tenía que decidir. Fernàndez ha optado por declarar "por imperativo legal" y ha denunciado "la crueldad ruin i mezquina de cualquier forma de fascismo". En respuesta a Vox, ha dicho que miembros de Arran participaron en los talleres de desobediencia civil, pero que no le consta que también participaran miembros de la izquierda abertzale.

En los prolegómenos de su declaración, Fernàndez ha expresado "respeto, cariño y admiración hacia los encausados", y su testimonio ha girado en torno a los talleres de desobediencia civil de preparación del 1-O. Fernàndez ha dicho que los decálogos y talleres tenían como objetivo crear muros humanos para evitar que la actuación de la policía impidiera la votación, pero que no existió ninguna estrategia de planificación violenta, ni promovían insultos, amenazas o agresiones, "sino todo lo contrario". En este sentido, ha indicado que en general no hubo violencia por parte de los votantes, si bien ha admitido que se produjeron reacciones violentas de carácter "espontáneo", "marginal" y "reactivo", según su parecer. Además, para remarcar el carácter pacífico de la oposición a la actuación policial durante el 1-O, el exdiputado cupaire ha planteado qué habría pasado si los más de dos millones de participantes en la votación se hubieran comportado violentamente de manera generalizada.