¿Qué nos está pasando en Cataluña con la salud pública?

Constatado el descenso de la atención sanitaria en todo el Estado español (esto incluye a Cataluña) como un hecho estructural de dimensiones superlativas y de pronóstico funesto, aparecen ya multitudinarias movilizaciones que se abren camino en los grandes medios de (in)comunicación del sistema. Con excepciones como Madrid, la otra comunidad en competencia de incompetencia autonómica, en la que una perseverante Marea Blanca se manifiesta desde hace 97 meses. Pero es ahora cuando el volumen de la participación ciudadana supera los cientos de miles, y ya no se puede seguir escondiendo el sentimiento de denuncia, rabia y lucha por recuperar una sanidad pública mercantilizada. Pero también en Compostela, Burgos, o Andalucía, la chispa ha encendido la llama de la revuelta popular en las calles.

¿Y en Cataluña? Aquí apenas las habituales, las tercas, de los movimientos sociales más conscientes de la calamidad, y alguna marcha de excepcional convocatoria como la de Terrassa (15.000 personas). Esta liga la llevamos muy perdida. ¿Quiere decir que en Cataluña no está justificada la protesta? ¿O que nos sentimos satisfechos y bien atendidos? ¿Que el Gobierno lo está haciendo muy bien? Radicalmente no es el caso.

Con sus políticas en curso, el mantra patológico de la «colaboración público-privada» o, mejor dicho, la parasitación de los recursos públicos nos corroe. Como en todas partes (Europa en su conjunto y el mundo occidental de paso) y que los catalanes no aprendemos a pesar de ser pioneros de la fechoría de externalizar, concertar, privatizar, y utilizar peras públicas hacia el cajón de manzanas privadas para el negocio. ¡El sistema mixto! Falta espacio para reflejar lo cotidiano en la demolición sostenida perpetrada contra el SNS. Los grandes temas son de público sufrimiento, que no de revuelta pública. Listas de (des)espera (ahora llamada “reprogramación”), carencia de profesionales, a la cola en calidad, en inversión, eficiencia. Nuestra web

¿Será que gran parte de ciudadanos ya disponen de una doble cobertura privada, de una mutua? El montón de clientes leemos que ha crecido hasta un 35%, sólo superado por Madrid. Peor lo público, mejor lo privado. O porque hemos caído en un estado de apatía, de abulia, de resignación que hace prever involuciones temibles (¡y hay que poner aquí una guerra!). Un paroxismo de alud mediático al servicio de los mercados insaciables. ¿Quizás una falta de interés de los agentes sociales? Con sindicatos (divididos) concertadores del desconcierto. ¿Desunión en los movimientos sociales? También haciendo de cada libro su lucha, fraccionando las respuestas.

Momento para la reflexión, crítica y autocrítica. La diagnosis es tan compleja como desgarradora: el uso y abuso de la mercantilización de la atención ha generado una falta de sentimiento de pertenencia de ese derecho que un día conquistamos. No nos reconocemos como «titulares» del sistema que financiamos, y los gobiernos que no nos escuchan porque no nos temen.

Y una perla final para ilustrar este tétrico escenario: el trapicheo anual de los Presupuestos. Lo que podía ser una oportunidad de paliar algunas de las peores desgracias cronificadas (la infrafinanciación, una de las más lesivas) ha vuelto a quedar en mal espectáculo, el mismo cuento de años anteriores.

La crítica fuera larga. Pongo un botón de muestra. Después de años aspirando, suspirando, reclamando, reivindicando, incluso ya exigiendo el 25% del global presupuestario en salud destinado a la atención primaria (AP) cómo reclama la OMS para un sistema de salud eficiente. Después de mociones, emociones, actos y declaraciones, promesas y perjurios de todo nivel, incluyendo administraciones de todos los colores, no sólo no lo conceden, sino que además nos pretenden engañar como bobos. Cambiando el método de cálculo, refiriendo la inversión (2.101 M€) para AP no al global (11.708 M€), sino al subtotal de “provisión de servicios sanitarios”. Con esta habilidad trilera se jactan de llegar a un 24,6% para AP: ¡mentira! La verdad aritmética es incuestionable: el 17,9%. ¡Brutal y vergonzoso!

A 100 días de las elecciones municipales y en muchas autonomías, todo toma un carácter propagandista. Se fabrica un titular para cada día de una larga campaña. Toneladas de maquillaje semántico y de eufemismos para disfrazar la cruda realidad y contar los rendimientos en sondeos, y en votos después. Un cambio de imagen para que nada se mueva.

O nos ponemos de pie, alzados y mirando a los ojos de los gobernantes, o vamos a la pérdida irremisible de nuestro querido y bien ganado sistema nacional de salud (PÚBLICO).

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