La lupa informativa

Cuando empezó la invasión rusa en Ucrania, la gran mayoría de los medios de comunicación centraron su atención informativa en esta cuestión. Es lógico y de sentido común: suponía la ruptura de la paz que había imperado en Europa durante décadas, la voluntad rusa de destruir un país que podría ser perfectamente el nuestro, la pérdida diaria de decenas de vidas humanas, y enormes consecuencias económicas y sociales para la ciudadanía del continente, pero también del resto del mundo.

Todo este reguero de factores provocó que, como miembros de uno de los países de la Unión Europea, sintiéramos la gravedad de lo que estaba sucediendo y que, durante los primeros días de la guerra, la invasión fuese uno de los temas más comentados en las redes sociales, pero también en la vida real. Me atrevería a decir que la presión mediática fue un elemento clave a la hora de exigir a la clase política medidas que pusieran fin a la atrocidad que estaba viviendo el pueblo ucraniano.

En las primeras semanas y meses del conflicto conocimos, gracias a los medios informativos, historias que nos sacudieron la conciencia, como la de supervivientes de la matanza de Butxa. Sin embargo, con el paso de los meses, y pese a las sanciones y medidas adoptadas por los distintos países europeos para combatir el impacto económico de la guerra, la atención mediática de la invasión rusa se fue diluyendo y, en consecuencia, de forma progresiva, fuimos normalizando que en Europa hubiera un país que estaba invadiendo otro, y que cada día cientos de miles de personas corrieran el riesgo de perder la vida.

Un ejemplo que demuestra este cambio son los editoriales y artículos de opinión de los periódicos, que pasaron de estar prácticamente centrados en la invasión de Ucrania a tratar otras cuestiones, como el aumento de los precios, el caso Laura Borràs, la pérdida de la mayoría absoluta de Emmanuel Macron en la Asamblea Nacional o la dimisión de Boris Johnson. Decía el historiador y científico Bernard Cohen (1914-2003) que «generalmente la prensa no tiene éxito a la hora de decir a la gente qué debe pensar, pero, en cambio, tiene un éxito sorprendente a la hora de decirle sobre qué debe pensar». Y no podría tener más razón. Hemos dejado de pensar o, mejor dicho, pensamos menos en los ucranianos y ucranianas que están sufriendo la guerra, y más en otras cuestiones: el riesgo de incendios por las elevadas temperaturas, la incertidumbre económica que se prevé en los próximos meses en consecuencia de la guerra o nuestras vacaciones de verano. Porque, por suerte o por desgracia, la vida sigue.

Sin embargo, la teoría de Cohen es perfectamente invertible: hemos tomado conciencia de lo que ocurre en Ucrania porque la mayor parte de la prensa ha hablado mucho de ello; en cambio, dado que los medios no abordan prácticamente los conflictos que existen en África o Asia, o problemáticas que transcurren en otros puntos del planeta, no pensamos mucho en ellos. Y como que no pensamos mucho en ellos, no generamos prácticamente ningún tipo de debate público.

La frase del historiador estadounidense también es aplicable a otros campos. Por ejemplo, la línea editorial de los medios públicos de comunicación catalanes ha sido determinante a la hora de forjar las prioridades políticas de parte importante de la población. En este sentido, es indudable que el hecho de que tanto TV3 como Catalunya Ràdio hayan dedicado tantos esfuerzos a hablar sobre el proceso ha influido en la opinión pública de, al menos, la mitad de Catalunya. En otras palabras, si la televisión y la radio públicas catalanas hubieran situado como elementos estratégicos abordar la pobreza infantil, las consecuencias de los recortes sanitarios y educativos o la corrupción de CDC, probablemente ahora nos encontraríamos en otra situación política. O la crisis climática. La prensa ha logrado situarla como un gran tema de la agenda política y ciudadana. Las movilizaciones y las medidas adoptadas por los gobiernos, sobre todo los progresistas, han sido primordiales, pero sin la complicidad de los medios no se habría alcanzado este nivel de debate público.

La conclusión está clara: necesitamos unos medios de comunicación que hagan de altavoz de las injusticias sociales, políticas y económicas. ¡Porque una buena lupa informativa ayuda a construir una democracia mejor!

Susana Alonso
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