El adorno del árbol de la presidenta

Jackie Kennedy siempre fue consciente de la relevancia que otorga vivir en la Casa Blanca y de la necesidad de preservar el valor simbólico de un edificio que representa a Estados Unidos y no al presidente de turno, de ahí que en 1961 decidiera impulsar la White House Historical Association con el propósito de captar fondos privados que ayudaran a mantener el edificio, dar a conocer su historia y acercarlo a los ciudadanos.

También adoraba las Navidades, tanto que ella misma escogía las tarjetas navideñas de felicitación que enviaba a su marido e incluso dibujaba los motivos que las decoraban. Veinte años después, en 1981, Nancy Reagan, ante la necesidad de mejorar la financiación de la White House Historical Association, pensó que sería una buena idea hacer un homenaje a Jackie Kennedy y a su amor a las fiestas navideñas sacando anualmente a la venta un adorno para los árboles de Navidad. La idea fue un éxito y cada año cientos de miles de personas las compran y son muchos los que las coleccionan. Conseguirlas no es difícil. Basta con entrar en la página web de la asociación, pagar unos 25 dólares –aproximadamente 22 euros- y esperar a que el correo las lleve a tiempo.

En 2019 sacaron un helicóptero la mar de curioso para homenajear al presidente Eisenhower y su compromiso con la innovación. En 2020 colgaba del adorno la imagen de un John Fitzgerald Kennedy pensativo y para este 2021 el adorno homenajea a Lyndon B. Johnson a través de una pintura del árbol de Navidad que adornó el Salón Azul de la Casa Blanca el año 1967.

Si elige esta última opción habrá coincidido en gustos con la presidenta del Parlament de Catalunya, Laura Borràs, y tendrá un colgante muy original para poner en su árbol. Lo que le rogamos encarecidamente, si es que decide adquirirlo, o bien alguien bienintencionado se lo regala, se ahorre hacer público su agradecimiento al presidente de Estados Unidos, como hizo la presidenta, pues sería tan patético como recibir un caganer comprado a un pesebrista de la Fira de Santa Llúcia y después escribir a Pere Aragonès para darle las gracias.

El desprestigio de las instituciones se construye a través de gestos como éste. Actos que dicen mucho de la megalomanía de quien, quizá harta de la indiferencia que despierta fuera de su pandilla, decide aprovechar una felicitación de Navidad para hacer creer que está en la agenda de los grandes líderes mundiales y, también, del absoluto menosprecio hacia la inteligencia ajena que demuestra al no pensar que quien más quien menos accede a Internet y tiene a su alcance páginas como la de la White House Historical Association.

Es en momentos como éste que podemos sentirnos aliviados del desinterés que Cataluña y sus instituciones despiertan en el mundo. Al fin y al cabo, si alguien todavía nos hiciera algo de caso, el ridículo que habría hecho el país gracias a la presidenta del Parlament sería espantoso. El problema quizá sea que a base de irlo haciendo cada día los catalanes ya estamos inmunizados y no nos sorprendemos mucho cuando nos toman el pelo.

Nos hemos acostumbrado a vivir en un país donde lo que verdaderamente importa no son las instituciones, sino el relato, una forma como otra de decir el cuento, que cuentan a diario aquellos que las habitan. Que sea falso resulta indiferente y por eso el agradecimiento de Borràs a Biden por el adorno que él nunca envió quedará en menos que una anécdota. Será como mucho una pequeña miseria que no hace más que ilustrar un ego infinito.

Ignoramos si la presidenta Borràs llegó a leer la cita del presidente Johnson que hay detrás del adorno que ha colgado en el árbol navideño del Parlament: «Nuestra misión es a la vez la más antigua y la más básica de este país: corregir el mal, hacer justicia, servir al hombre». Johnson pronunció estas palabras en una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos el 15 de marzo de 1965, para defender un proyecto de ley que proscribía conductas discriminatorias contra los afroamericanos.

Son las palabras de alguien que entendía que el hombre está para servir a las instituciones, no para servirse de ellas, que éstas pertenecen a todo un país, no sólo a una parte, y que su función consiste en construir igualdad y mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. Si efectivamente la presidenta Borràs recibió el adorno como obsequio, quizás es que alguien le estaba enviando un mensaje.

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