Laporta recurre a un cóctel mediático para tapar el caso Benaiges

Ha filtrado que se reúne con Mino Raiola por Haaland, que negocia con CVC a espaldas del Madrid y hoy despide al Kun Agüero, que ha de colgar las botas

Las fuerzas del aparato laportista trabajan sin descanso desde la explosión del caso Benaiges para evitar que los hechos, confesos e innegables, no alcancen directamente al club ni propaguen entre los socios la certeza, también probada, de que la actual junta directiva de Joan Laporta realizó un esfuerzo concreto y demostrable por reincorporar al fútbol base del FC Barcelona a un pederasta con antecedentes de denuncias de padres y de alumnos del Col·legi Barcelona, donde ejerció durante años abusando de menores, y regresó al Barça envuelto en acusaciones mediáticas tras su paso por México y República Dominicana.

Los desvelos se centran, desde el órgano de comunicación del club y de sus pesos pesados, en convencer por las buenas, o con amenazas, a todos los medios de la total desvinculación de Benaiges del FC Barcelona a partir del día 2 de diciembre cuando, efectivamente, fue puesto de patitas en la calle tras tener conocimiento el club de que las investigaciones periodísticas iban muy en serio.

Desde la publicación en el diario Ara de las fechorías de Benaiges, cuya inmunidad y protección se basaban exclusivamente en su identificación y reconocimiento como figura del staff técnico del Barça, se han ido acumulando denuncias en las dependencias de Mossos d’Esquadra, mientras que se quieren abrir investigaciones desde la Conselleria d’Educació y diligencias sobre las adopciones de Albert Benaiges a lo largo de esos años en los que había convertido su vida en un relato de vejación permanente, reiterada y consentida contra los alumnos del Col·legi Barcelona de Les Corts y anteriormente en la UE Sants.

Por más esfuerzos de Joan Laporta en distanciarse de los hechos, el daño reputacional contra la institución azulgrana, que además ha forjado un prestigio internacional y reconocido por la excelencia en el fútbol de cantera, ya está hecho, pues Albert Benaiges se había convertido, con el consentimiento y relajación de los profesionales y directivos del Barça, en una de sus figuras más experimentadas y exportables.

La prueba es que, sobre su reciente regreso, Benaiges fue objeto de tensiones entre Joan Laporta y Víctor Font, dos candidatos que pugnaban por exhibirlo como uno de esos activos indiscutibles como muestra inequívoca de su apuesta por el fútbol base. Transcurridos varios días no ha sido menos lamentable la falta de autocrítica de Joan Laporta como el silencio del propio Víctor Font, que cantaba y proclamaba en su campaña la idoneidad, necesidad y proverbial regreso de Benaiges. 

Font, lo mismo que Laporta, no ha condenado los hechos, Laporta con el matiz de ponerse a disposición y del lado de las víctimas. No sería consecuente con esa reacción, también discutible, de correr a pagarle todo el año de contrato y además ayudarlo a conseguir las mejores condiciones de jubilación. 

Las evidencias de que Joan Laporta había incorporado al fútbol formativo a un pederasta como Albert Benaiges las confirma la propia reacción de la junta al expulsarlo -generosamente indemnizado- y, tras 48 horas, salir a tirar balones fuera. El club sólo tenía dos alternativas, o bien aplicar la presunción de inocencia y mantenerlo en el puesto o bien, si las pruebas eran suficientemente condenatorias, actuar en consecuencia y cuestionar si el FC Barcelona debía revisar su situación contractual y aplicar, hasta donde la ley lo permite, una penalización consecuente con el perjuicio ocasionado de imagen y reputación.

Por si acaso, el aparato del laportismo, además de aplicarse en promover el más extenso de los silencios mediáticos, acortar las tertulias y sugerir contundentemente que Benaiges ya no tiene nada que ver con el club, ha filtrado y generado noticias deslumbrantes en diferentes frentes deportivos que afectan al primer equipo.

Por un lado, también con la complicidad y el seguidísimo de la prensa, ha trascendido que Joan Laporta se ha reunido en Turín con Mino Raiola, el agente del goleador noruego Haaland (foto), hoy por hoy el futbolista más caro del mercado, no sólo por su cotización como el mejor artillero del continente, indiscutible, sino porque su agente y su padre ya han fijado un impuesto previo a la negociación de 60 millones de euros, a repartir entre Mino Raiola y la familia del futbolista, eso con independencia de la negociación con el Borussia Dortmund para su traspaso, previsto inicialmente para el verano próximo.

Se trata del mayor farol de Joan Laporta hasta ahora, aparentar que el Barça está en la puja por la joya del fútbol europeo, aunque Laporta sí ha conseguido, por amistad con Raiola o porque se le ha retribuido convenientemente, que su entorno incluya al Barça entre uno de los cuatro equipos grandes de Europa por los que puede acabar fichando. Ese es el límite.

La noticia se ha envuelto y sazonado convenientemente en la continuidad del discurso reactivo de Laporta a la tragedia de Múnich, tras la cual le prometió a Xavi Hernández traerle fichajes en el mercado de invierno realizando un esfuerzo en la doble dirección de salida de unos jugadores y de llegada de otros. 

Esa es la teoría, el cuento que la propia prensa se ha medio creído anunciando la determinación de la junta de dar bajas, cortar contratos y castigar a algunos jugadores con medidas económicas drásticas. Amenazas de esas que tanto congenian con el malhumor de los socios tras las derrotas históricas.

Una cortina de humo aderezada con otra noticia convenientemente filtrada, pero aún más surrealista que el fichaje de Haaland, según la cual el Barca estaría negociando con CVC un acuerdo como el de LaLiga pero no colectivo sino individual, es decir al margen del resto de los clubs y de la patronal. Un chiste malo por diversos motivos, el principal es que los derechos de TV de LaLiga sólo se pueden negociar y vender conjuntamente. Lo segundo es que los otros clubs ya han rechazado la propuesta del Barça, Real Madrid y Athletic. 

Finalmente, la prensa lo ha adornado con el matiz aportado por los propios responsables financieros de la junta  que quien negocia es Goldman Sachs en nombre del FC Barcelona, un extremo hasta cierto punto probable porque Goldman Sachs posee poder suficiente para eso y para más aunque desde luego no puede cerrar una operación con CVC sin estar en el paquete de LaLiga. 

¿Por qué ese requiebro? Por la sencilla razón de que el Barça de Laporta, en su fuero interno, está por firmar el acuerdo y por conseguir algo de financiación dada la penuria de su situación. El problema, reiteradamente descrito y explicado, es que Florentino Pérez no le da permiso, el Real Madrid sigue controlando al Barça a su antojo y esta presunta maniobra serviría para, por lo menos, dar la sensación de que Laporta es capaz de mover algún hilo sin permiso desde el Bernabéu. 

Así, en su conjunto, se alimenta que Laporta es capaz de remover el mercado y de traerle a Xavi los fichajes prometidos.

Una maniobra que además choca con el control de LaLiga sobre el margen de fichajes y de ficha que el Barça puede acometer, hoy por hoy a cero, a menos que el club sea capaz de deshacerse o de traspasar jugadores con un gran peso financiero. No es fácil por no decir imposible, pues cualquier comprador sabe que el Barça, si vende, lo hace forzado por las circunstancias, completamente ahogado. Si llega alguien sólo puede ser libre, mayor y con unas condiciones muy limitadas. O sea, bueno, bonito y barato.

Ese perfil parecía ser el del Kun Agüero, con el único hándicap de la edad y de que no había ninguna puja por él en el mercado el pasado verano. Agüero, como remate desafortunado de la gestión deportiva de Joan Laporta, que sólo lo atrajo para complacer a Leo Messi, ha tenido la desgracia de sufrir una lesión cardíaca benigna pero lo bastante destacada como para seguir el consejo de abandonar la práctica del deporte profesional. 

Ese anuncio está previsto para este miércoles de una semana en la que la junta necesita distraer a la afición con otras cosas que tampoco sea estimular el referéndum del Espai Barça no vaya a ser que algún aficionado, disgustado por la marcha del equipo, vaya a votar que no. 

El Barça es hoy, gracias a la necesidad de Laporta de aparentar ser un presidente que gobierna el club con responsabilidad y acierto, un cóctel mediático orientado sobre todo a tapar la verdadera realidad de todo lo que está pasando.

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