Poca movilización y demasiado triunfalismo

En plena huelga del metal en Cádiz alguien, que está en el gobierno y tiene un perfil claramente de izquierdas, les vino a decir a los trabajadores en huelga, que mejor «si se movilizaban menos y confiaban más en el gobierno».

Y yo me pregunto: ¿no debería ser justamente al revés? Yo no soy una politóloga pero la experiencia me ha demostrado que cuando un partido de izquierdas quiere realmente avanzar en derechos sociales y laborales, precisamente lo que debería hacer es llamar a la organización y movilización. Y esto por dos razones: la primera porque, siendo una fuerza minoritaria dentro del gobierno, difícilmente podrá imponer su hoja de ruta. La movilización social ayudaría a tener la fuerza que no tiene en el Parlamento y quizás sería más fácil avanzar.

Pero es que, incluso si llegásemos a ser mayoritarios y pudiéramos gobernar en solitario, difícilmente podríamos llevar a cabo nuestro programa si no tuviésemos una sociedad concienciada, organizada y movilizada, puesto que los “poderes” en este nuestro sistema capitalista son tan grandes y tienen tanta fuerza, económica y mediática, que su oposición no nos dejaría sacar adelante una verdadera transformación social. Y en la historia tenemos muchos ejemplos. Por otra parte, sin este trabajo de formación, organización y movilización de la población, difícilmente podremos llegar nunca a ganar unas elecciones y ser mayoritarios.

Mi reflexión me lleva, pues, a no entender porqué desde los partidos de izquierdas no hemos asumido que dedicar todos los esfuerzos, las personas y los recursos sólo a ganar elecciones y entrar en las instituciones, permite únicamente modificar aspectos muy escasos dentro de las grandes necesidades de transformación que tiene nuestra sociedad, sobre todo aquellos que están sufriendo más que nadie.

Lo estamos viendo ahora mismo. Unidas Podemos, que es el grupo electoral más a la izquierda, debe hacer equilibrios para poder imponer algunas de nuestras reivindicaciones y demandas en el gobierno de coalición. Desde la tan discutida «reforma laboral», pasando por un aumento sustancial del Salario Mínimo, la Ley de Vivienda, la derogación de la Ley Mordaza, la creciente privatización de la sanidad y la educación, la externalización de los servicios de atención domiciliaria, el Pacto de Toledo y la sostenibilidad de las pensiones públicas.

Podemos nació para cambiarlo todo, por otra forma de hacer política, más democrática y participativa… pero, en la realidad, hemos acabado funcionando como el resto de partidos y hemos dedicado todos los esfuerzos al tema electoral. Y esto está muy bien, es necesario que partidos que queremos defender los derechos de los trabajadores y trabajadoras y de las clases populares, estemos en los gobiernos. Desde allí podemos condicionar leyes y decretos y tenemos un altavoz muy importante. ¡Pero no es suficiente! Era necesario no haber abandonado la organización de los Círculos, de los simpatizantes y de los militantes y haber dedicado personas y medios a formar, concienciar y organizar a la población que nos votó con la esperanza de que seríamos diferentes e iríamos más allá en la defensa de la mayoría.

No sé porqué, cuando la izquierda llega al poder se olvida de que necesita una gran parte de la ciudadanía organizada y movilizada y que los movimientos sociales nos ayudan a tener más fuerza en las instituciones. En lugar de esto, algunos se dedican a desmovilizar y menospreciar a la población que, sin embargo, sigue batallando en la calle. Había un lema que salía justamente de este ámbito de la «nueva política» que decía «un pie en las instituciones y mil en la calle». Y yo no paro de preguntarme por qué se ha olvidado.

Y es que todo esto, en un momento como el que estamos, resulta muy importante. La crisis se está agudizando, las clases menos favorecidas y los colectivos más afectados por la crisis están cada vez más decepcionados y la derecha no para de hacerse sentir, en las instituciones y en la calle. Y esto es sumamente peligroso y no se combate sólo con grandes declaraciones sino con un trabajo insistente y continuado en los barrios, en los puestos de trabajo, con los jóvenes precarios, los y las inmigrantes, con las organizaciones ciudadanas y los movimientos sociales.

La derecha, y sobre todo la extrema derecha, lo tiene más claro que todos nosotros. Además de tener los medios de comunicación y el poder económico, bancos y empresas a su favor, no dejan de hacer pedagogía de su ideología y no tienen ningún problema en sacar a su gente a la calle con cualquier excusa.

Y también me pregunto por qué cuando está en el poder, esta nueva izquierda (y la vieja también), en lugar de hacer pedagogía y explicar a dónde queremos llegar y porque no lo conseguimos, se dedican a maquillar sus actuaciones. Creo que nuestros dirigentes no hacen ningún favor a la ciudadanía que espera cambios y mejoras, diciendo cada dos por tres, que hemos conseguido los “presupuestos más sociales de la historia” (cuando el gasto por Defensa sube un 21,6% mientras sanidad pierde un 17,3 % y educación aumenta un escaso 2,6 %), “un Ingreso Mínimo vital que nunca se había conseguido” (pero que sólo ha llegado a estas alturas, al 8,4 % de la población que vive en la pobreza extrema), que el Pacto de Toledo garantiza las pensiones públicas (cuando incluye la privatización de las mismas vía planes de pensiones de empresa); o que éste es el gobierno «más progresista de la historia». Las declaraciones triunfalistas que no responden a la realidad no nos hacen ningún favor.

No decir toda la verdad, no contar lo que no hemos podido conseguir y hacer pedagogía sobre cuáles son los poderes que lo han impedido, genera una gran decepción en nuestros seguidores y el gran peligro, lo estamos viendo, es que estos, decepcionados, pasen a mirar hacia la derecha. Cuando la izquierda en el poder no puede dar respuesta a las necesidades urgentes de las clases más necesitadas y además no hace pedagogía ni ayuda a organizarse y movilizarse, está dando aire a la derecha, y eso ya sabemos lo que significa: más dolor, más pobreza y más violencia.

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