El finiquito de Koeman también irrita a la prensa laportista

Sólo es la mitad del beneficio que dieron los traspasos de Ilaix y De la Fuente y mucho menos aún del coste, cláusulas y exigencias de Xavi para sustituirlo

El entrenador del Barça, Ronald Koeman

No se han hecho esperar las críticas a Ronald Koeman tras el acuerdo alcanzado con el FC Barcelona por su finiquito, finalmente cerrado en 10 millones de euros, que incluye la ficha pendiente de la temporada y los atrasos del año anterior. A Koeman nunca le ha faltado, desde que llegó al Barça, un ejército de periodistas invariablemente en contra, dispuesto a no dejar pasarle ni una y a discutir y sospechar de todas y de cada una de sus decisiones, un periodismo incluso molesto y disgustado con sus éxitos. También irritado cuando se ha sabido que había cobrado por sus servicios argumentando su escaso barcelonismo y su falta de sensibilidad.

Todos esos periodistas e informadores pertenecen a este entorno mediático que tiene como credo el cruyffismo y que no dudaron en su momento en exigir el pago de la totalidad del contrato de Johan Cruyff cuando fue destituido de su cargo por el entonces presidente Josep Lluís Núñez. 

No existe un peor argumento que el de acusar a Ronald Koeman, el goleador que le dio al Barça la primera Copa de Europa, de ser alguien que ha venido al Barça sólo por dinero y que ha sido incapaz de perdonar la liquidación.

Lo primero y principal es que se llamen Cruyff, Valverde, Guardiola, Tata Martino o Quique Setien, sea cual sea el entrenador, un contrato se firma para ser cumplido por ambas partes con independencia de cuáles sean los resultados. Lo mismo les ocurre a los jugadores que, si se hubieran de medir por sus títulos y rendimiento, no había forma de consensuar una ficha al final de cada temporada. 

¿Habría que descontarles a algunos futbolistas parte de lo que cobraron la temporada pasada con el pretexto de que regalaron la Liga cuando la tenían en sus manos?

No hay respuesta. O mejor dicho, salvo expediente y sanción por indisciplina o mala conducta, los contratos se cumplen y se pagan. Unos ofrecen un rendimiento por encima del valor de contrato, como serían los casos  de Pedri, Mingueza o Araujo y otros ya se sabe que pueden estar cobrando por encima de sus prestaciones si bien han atesorado un histórico de títulos y de rendimiento que, en su momento, o con la perspectiva que da el tiempo, merece una recompensa en forma de un gran contrato de final de carrera.

Objetivamente, sin embargo, la profesionalidad de Ronald Koeman, igual que su barcelonismo, no pueden ponerse en duda ni ser cuestionados. Por el doble motivo de que Koeman vino por barcelonismo y porque defendió hasta el último segundo el club por encima de sus intereses personales. 

A diferencia de Xavi Hernández, a quien no le convino estratégicamente, por sus planes personales de futuro, venir al Barça cuando el equipo necesitaba alguien con carisma y personalidad, Koeman lo dejó todo, incluida su selección, para aterrizar en el Camp Nou.

Dicho de otro modo, Koeman no preguntó quién era el presidente o si se estaba fraguando un voto de censura. No hubo ningún lobby de periodistas, como sí lo hizo el club de  fans de Xavi, intentando convencerle de que no viniera en esa precisa coyuntura con el riesgo de darle oxígeno a la directiva de Bartomeu.

Xavi conocía perfectamente todo lo que se fraguaba en el entorno, incluida, sobre todo, la enorme movida política, soberanista, que cabalgaba imparable a la reconquista del palco del Camp Nou. Lo que Xavi se creyó es que, después de decir que no a Bartomeu, o sea no al Barça -se mire por donde se mire-, el candidato protegido por la oposición iba a ser Víctor Font. Tanto se lo creyó que le permitió jugar con su nombre hasta un límite que incluso molestó a Joan Laporta, nuevo “rey del mambo” a partir de que se presentó como candidato con una lona en bandolera.

A Koeman todo eso le traía sin cuidado, le importaba el Barça y con ese sentido de club asumió todas y cada de las muchas y complejas dificultades. Koeman no exigió echar a los fisioterapeutas, preparadores físicos, cuerpo médico, scouting y analistas. Al contrario, hubo de conformarse con los horrores del burofax de Messi y apechugar con el cabreo de Luis Suarez, cuya nómina no se podía sostener a causa de la pandemia ni tampoco a los otros amigos tóxicos de Leo, como David Vidal e Ivan Rakitic. 

Hasta que Messi volvió a centrarse y a estar por el juego, obligado por la inflexibilidad del presidente Josep Maria Bartomeu, pasaron largas semanas de tensión y de oscurantismo en el vestuario coincidiendo con inicio de Liga, aún más agitado en el entorno social. En cuanto Messi pidió salir del Barça se organizó un voto de censura ampliamente secundado por todo el aparato mediático de la oposición que, inevitablemente, gravitó y sacudió el entorno del equipo continuamente. 

Hasta el punto de que, a los cinco meses de su llegada, Koeman se vio envuelto en una situación de vacío de poder tras la dimisión de la junta de Bartomeu y el aterrizaje de una Comisión Gestora que, en la primera conversación, le vino a decir que no le podía pagar la ficha ni a él ni a los jugadores, lo que se tradujo en un aplazamiento de los pagos hasta que se pudiera reabrir el Camp Nou.

La primera reacción de Víctor Font, el candidato mejor colocado en verano, fue la de afirmar que Koeman era un parche y que mantenía su apuesta por Xavi, asegurando que el entrenador holandés no seguiría en el club, si él era presidente, “aunque ganase el Triplete”.

Con ese ambiente, el estadio vacío, las elecciones en plena campaña, la irrupción y victoria de Joan Laporta, que nunca admitió a Koeman como un entrenador de futuro, el equipo consiguió ganar la Copa del Rey y remontarle 12 puntos al At. Madrid hasta estar en disposición de atacar la Liga si ganaba en casa al Granada.

Aquel día Koeman entendió y comprendió hasta qué punto él formaba parte de un juego diabólico y perverso, pues los planes de Laporta pasaban por varios propósitos tan secretos como irrenunciables. Lo primero, no le convenía que Koeman, el entrenador de Bartomeu, ganase Liga y Copa. Pero lo segundo era contar con un entrenador que asumiera todo lo que iba a pasar como darle la patada a Messi y quedarse con esas ‘vacas sagradas’, como Piqué, que ahora domina el vestuario con la aquiescencia y complicidad de un presidente que ha jugado con la continuidad de Koeman únicamente a favor de sus intereses. 

La pregunta inversa y coherente debería estar dirigida a Xavi para saber si él ha renunciado a su ficha para colocar a su docena de nuevos cargos del staff o para compensar los cinco millones que el Barça ha debido pagar al El Sadd por su libertad. Xavi tenía todo el derecho a renovar en verano con el equipo catarí, que le agregó la cláusula de rescisión si quería un gran contrato para los años siguientes. A fin de cuentas, él no sabía si el Barça lo acabaría llamando algún día.

Es Laporta quien lo ha encarecido todo con sus decisiones, primero porque necesitaba a Koeman como escudo y después porque necesitaba a Xavi como proyecto mientras él sigue pensando en un entrenador alemán para después del de Terrassa.

Koeman ha cumplido como hombre de club, valorando y estimulando, como no lo había hecho ningún otro técnico desde los tiempos de Tito Vilanova, a los jugadores de casa y descubriendo gangas como Pedri, ayer nominado en el puesto 24º del Balón de Oro y mejor Sub-21 del mundo. ¿Cuánto dinero se ha ahorrado el Barça en fichajes con la gestión de Koeman? Solo con los traspasos de Ilaix Moribar y Konrad de la Fuente el Barça ganó más de 20 millones. Las cuentas salen de sobras.

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