Después de insultar a Qatar, Joan Laporta no quiere, o no puede, ir a Doha a fichar a Xavi

Aunque El Sadd de Xavi espera al presidente del FC Barcelona, su ausencia añade incertidumbre y ridículo al relevo de entrenador

El presidente del Barça, Joan Laporta

Joan Laporta, el presidente del FC Barcelona, no viajará a Doha para negociar el fichaje del que debe ser el nuevo entrenador azulgrana, Xavi Hernández, porque su presencia no sólo no es grata en Qatar sino que puede acabar siendo más un problema que una solución.

Las razones son evidentes, pues Joan Laporta lleva años censurando, criticando y desconsiderando el gobierno de Qatar y especialmente su relación con el Barça a partir del año 2010 tras la llegada a la presidencia de Sandro Rosell.

Primero contra Qatar Foundation y después contra Qatar Airways, Joan Laporta vertió graves acusaciones contra el patrocinador del club azulgrana y puso bajo sospecha continuamente no sólo el acuerdo sino la transparencia del contrato, insinuando que había pagos, intereses y negocios oscuros de los directivos del Barça con empresas del país, todas ellas relacionadas con el emir y su familia.

“Tenían intereses personales en Qatar. Tenían negocios en Qatar. El mismo día que a nosotros nos exoneraron de toda responsabilidad, uno de los impulsores de la acción de responsabilidad entró en la prisión sin fianza por presuntos delitos de pertenencia a organización criminal, cobro de comisiones ilegales y blanqueo de capitales”, dijo Joan Laporta coincidiendo con la entrada en prisión preventiva del ex-presidente Sandro Rosell, relacionando sus presuntas y luego inexistentes actuaciones criminales con una supuesta trama que también alcanzaba a Qatar y al propio club.

A la pregunta sobre qué podía haber detrás del contrato con Qatar, Laporta afirmó: “Creo que Qatar pagaba más dinero en el Barça. ¿A quién? Es lo que me gustaría saber. Se debe investigar. Si hay un ex-presidente que, en el ejercicio de su cargo, es acusado de cobrar comisiones ilegales y de blanqueo de capitales, podría ser el nexo causal de todo esto”.

Además, forjó toda una teoría de la conspiración “porque en los próximos meses nos encontraremos que el FBI pedirá información y llegarán comisiones rogatorias de todas partes. Como consecuencia de la actuación de un ex-presidente que está en la prisión, el Barça está en situación de duda. El club está judicializado por culpa de una mala actuación y gestión de esta junta directiva. Aquí también hay unas personas que no hablan, a las que parece que les hayan cortado la lengua, que son el Síndic del Soci y la famosa comisión ética. Esto es una vergüenza. Los organismos del club deberían pronunciarse. Se ha hecho un ensañamiento a unos ex-directivos y a un ex-presidente, a los cuales se ha culpado durante siete años de unas pérdidas que no existían. Y esto se hizo, no por espíritu de revancha, sino para justificar el contrato con Qatar. Un contrato, por cierto, que desde el punto de vistas de las cifras no ha estado a la altura de lo que representa la camiseta del Barça. Por eso quiero que se investigue. La camiseta del Barça no se había esponsorizado nunca en nuestra historia y que se pagaran 35 millones es ridículo. Puede ser que nos encontramos con que Qatar pagaba más. ¿Y si pagaba más, a quien pagaba? ¿Al Barça? ¿O a quién?”.

Todas estas declaraciones fueron leídas y oficialmente registradas por los responsables del patrocinio de la camiseta que saben perfectamente quién es Joan Laporta. Sin embargo, con el tiempo parece que en parte cambió esta percepción o cuando menos dejó de relacionar el dinero de Qatar con actividades delictivas.

Según publicó EL TRIANGLE el mes de marzo pasado Joan Laporta viajó en cuatro ocasiones a Qatar en 2017 y otra en 2014 mientras que su hermano Xavier también voló unas veinte veces a esta “dictadura islámica” entre los años 2012 y 2017, en viajes de negocios. De estas aventuras comerciales en territorio de Qatar se supo gracias a una sentencia de la Audiencia de Barcelona del año 2019, según la cual el tribunal daba la razón a la sociedad Capital Planet SL, con Xavier Laporta como administrador, en su reclamación de comisiones de intermediación a favor de la constructora Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) por unas obras adjudicadas en Qatar y Arabia Saudí. Según detalló EL TRIANGLE, Capital Planet SL reclamaba a FCC una cantidad de 1.096.042 euros, además de intereses de demora por 711.828 euros más por las comisiones de intermediación por la adjudicación del proyecto Barzan Camp, en Qatar, y de las obras del metro de Riad, la capital de Arabia Saudí. En su sentencia, la Audiencia de Barcelona redujo los intereses de demora reclamados por el despacho de Laporta en solo 48.886 euros.

O sea que mientras peleaba de forma leonina por unas comisiones con origen en Qatar y Arabia Saudí enviaba tweets contra Bartomeu en plena campaña electoral por la presidencia del Barça: “Somos los de Unicef. Qatar basa sus proyectos en el dinero, piensan que todo se puede comprar. Nosotros pensamos que no todo es por el dinero”. Y añadía: “Tenemos muchas posibilidades de ganar. Tenemos que contraponer modelos y explicar cosas como que Qatar es una dictadura islámica”.

La cuestión, fuera de toda duda, es que la pura contradicción que es el personaje de Laporta se enfrenta finalmente a situaciones donde esa doble moral, hipocresía, oportunismo, intereses ambiguos de negocios, políticos o barcelonistas se acaban entrecruzando. Más aún cuando se pide incluir en los estatutos del club la adhesión inquebrantable a la defensa de los derechos humanos y, al mismo tiempo que se califica a Qatar de dictadura islámica, se ata un amistoso en memoria de Maradona en Arabia Saudí, se cierran negocios personales con cualquiera de estos países y además hay que acabar llamando a la puerta del Al Sadd, el equipo de Xavi, para pedir que le perdonen no sólo todos sus pecados sino también la liberación de su entrenador prácticamente gratis.

Lo normal sería que el presidente del FC Barcelona pudiera dar la cara por el club y salvarlo, si es que la salvación es Xavi, presentarse en Doha y salir victorioso de una negociación donde, contradictoriamente a sus afirmaciones, el dinero no lo es todo, entre otros motivos porque no hay fondos, porque primero hay que liquidar a Koeman y lidiar con la manera de ser y de negociar de los propietarios del Al Sadd.

Esos empresarios qatarís exigen, o cuando menos esperan, que Joan Laporta llame educadamente a su puerta. No será hoy a la vuelta de Kiev. El presidente no quiere, o no puede, o no le conviene. Envía a Rafael Yuste, su vicepresidente primero y deportivo, ambas credenciales objetivamente insuficientes para los propietarios de El Sadd, y a Mateu Alemany, director ejecutivo de fútbol con la única misión de cerrar con Xavi ese presumible acuerdo que por ahora sigue en el aire.

Puede que las prisas y la presión de la prensa se enfrenten de nuevo a esa otra realidad que poco tiene que ver con el relato oficial de la directiva. Que Laporta no viaje a Qatar está más que justificado por muchos motivos, el principal no caer en otro ridículo o evitar amplificarlo sobre la gestión del banquillo del primer equipo.

Cabe preguntarse, incluso, si es razonable conceder un margen a la incertidumbre sobre si Laporta quiere de verdad a Xavi o se lo pone cada vez más difícil responsabilizándolo de liberar su contrato y así gana tiempo para sus verdaderos planes. Eso, suponiendo que los tenga.

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