Joan Laporta pierde la batalla de las ‘penyes’ en la mini-asamblea del Barça

No triunfó su plan para liquidarlas pese a acusar a la Confederació de opacidad financiera y a los 'penyistes' de tener más privilegios que los socios

Las “penyes” del FC Barcelona han ganado una pequeña pero trascendente batalla en uno de los puntos más calientes de la asamblea de compromisarios de este sábado, que en el caso de aprobarse hubiera acabado con el reconocimiento estatutario de las “penyes” y de la propia Confederació de Penyes. Su presidente, Toni Guil, y algunos de los presidentes de Federación le plantaron cara a la presidencia hasta el punto de que Joan Laporta perdió los nervios y sacó toda la artillería.

Acusó a los “penyistes” de “tener más privilegios que los socios”, de gastar y no justificar los ingresos provenientes del club y señaló a los presidentes de Federación como responsables de “cobrar” por realizar funciones honoríficas. La reacción de los “penyistes” presentes fue contundente, llegando a exigirle a Laporta que tuviera el valor de enseñar esas cuentas y todos los gastos además de negar esa afirmación.

Joan Laporta, después de reconocer que había llegado a temer que las “penyes” se convirtieran en un “contrapoder”, finalmente dejó muy claro que no reconocía ni quería saber nada de la Confederació y que su junta estaba trabajando en su propia organización para atender a las “penyes”, una a una y de acuerdo con su criterio.

Como era necesaria la obtención de dos tercios de los compromisarios, el resultado fue de 232 ‘sí’, 70 ‘no’, 39 votos en ‘blanco’ y 10 abstenciones, circunstancia que provocó la única derrota de la junta en toda la asamblea.

Los socios del FC Barcelona, por otro lado, validaron mayoritariamente la luz verde al Espai Barça en el formato “invisible” presentado por Joan Laporta que antes de la votación invitó a comer a un buen número de socios compromisarios en el Palau de Gel. Allí les fue presentada la maqueta de Bartomeu, la del Espai Barça que ya estuvo expuesta en su día antes del referéndum y posteriormente validada en un concurso arquitectónico internacional y objeto de una modificación del Plan General Metropolitano (MGPM) consensuada por el Ayuntamiento.

Laporta prometió a los socios enseñar su proyecto en algún momento a lo largo de los próximos meses y también prometió realizar una especie de referéndum para confirmar la decisión de la asamblea que, desde luego, ya es válida y firme. Ya no sería necesario.

El presidente no ofreció al respecto ningún detalle sobre los motivos que han encarecido el proyecto de 800 millones a 1.500 millones, más allá de un breve escrito previo y cambios arquitectónicos sugeridos a falta, insistió, de dar más información cuando se trabaje más el proyecto.

El otro punto que había provocado opiniones no discrepantes, aunque sí complementarias, hacía referencia a la suspensión del artículo 67 sobre la obligación de cumplir una ratio de endeudamiento de máximo dos veces el Ebitda y la obligación de recuperar las pérdidas en las dos temporadas siguientes. Dadas las pérdidas de 481 millones de la temporada cerrada parecía evidente la imposibilidad de ser cumplida.

La sugerencia de algunos socios de añadir un plan de cinco años de recuperación como disposición transitoria no fue tenida en cuenta. Laporta lo despachó prometiendo que cada año se sometería a revisión estatutaria este artículo. Hubo, por tanto, muchas promesas pendientes para la siguiente asamblea y una bajísima asistencia de máximo de 450 socios.

Al final sí que hubo un socio que preguntó, sin acritud, por qué ya no está Messi en el Camp Nou, aquella promesa con la que Joan Laporta ganó las elecciones.

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