El adiós a Pepu, penúltimo capítulo en la deriva del PSOE-M

Dos años y medio ha durado Pepu Hernández como líder del PSOE madrileño a nivel municipal. La renuncia, que él mismo comunicó el pasado 2 de septiembre, se suma al relevo de Ángel Gabilondo al frente del partido en la Comunidad. Las buenas palabras de Hernández en su despedida, con el deseo de «valor, ánimo y suerte» para los ya excompañeros, no podían ocultar lo que ha sido un nuevo patinazo del PSOE-M y uno de los fracasos más sonados de Pedro Sánchez en la gestión del municipalismo socialista.

En efecto, fue el actual presidente del Gobierno central quien en enero de 2019 postuló a Pepu como candidato para las elecciones a la alcaldía madrileña que se debían celebrar ese año. Dos meses después, el ex entrenador de la selección española de baloncesto fue confirmado en primarias con más del 64% de los votos, pero cuando llegó el momento de la verdad, las elecciones del 26 de mayo lo dejaron sólo con 8 de los 57 ediles en juego. Eso lo situaba como cuarta fuerza política de la ciudad, por detrás de Más Madrid, PP y Ciudadanos, y solamente por delante de VOX, entre las que obtuvieron representación.

A pesar de estos resultados y de su bajo perfil político, la apuesta de Pedro Sánchez continuó en la oposición como portavoz del grupo municipal, sin ser muy cuestionado a nivel interno hasta la derrota del PSOE en las elecciones a la Comunidad de Madrid del pasado 4 de mayo. Entonces medios como 20minutos, y sin dar nombres, se hacían eco de lo que les había llegado de algún confidente del partido: «Seguimos perdiendo votos en Madrid y eso apunta al Ayuntamiento, donde tenemos un portavoz desaparecido. ¿Hace cuántos plenos que no viene? Y ya en el último, a 7 días de las elecciones, ni siquiera presentó preguntas al alcalde… Estaba en su casa como un señor».

El pasado marzo se había extendido como la pólvora que Hernández podría ser el nuevo presidente del Consejo Superior de Deportes. La que hubiera sido una salida digna para el fiel escudero de Sánchez -con quien coincidió en el club de baloncesto Estudiantes- no se concretó, y su dimisión, seis meses después, no ha estado falta de un punto de sorpresa. Ni él ni el partido han dado razón alguna, más allá de que se intuya el desgaste de Pepu en un contexto de renovación al interior del PSOE-M.

Como consecuencia de la renuncia, la hasta ahora portavoz adjunta Mar Espinar se ha erigido como primera regidora del grupo municipal, mientras se dibuja una nueva etapa en el socialismo madrileño. De momento y si no hay más sorpresas en el camino, la próxima estación serán las primarias para dirigir al PSOE a nivel de la Comunidad.

Entre los precandidatos a estas elecciones, dos destacan por encima de los demás: Juan Lobato, ex alcalde de Soto del Real y portavoz adjunto a la Asamblea de Madrid, y Javier Ayala, actual alcalde de Fuenlabrada. El primero se ha identificado como el hombre de Ferraz y cuenta, no solo con el apoyo de los pesos pesados del partido a nivel estatal y regional: Pedro Sánchez y Rafael Simancas, sino también de importantes alcaldes y jefes de distrito. Por su parte, a favor de Ayala se han manifestado ayuntamientos significativos como Getafe y Alcorcón, y por si había alguna duda sobre los avales de uno y otro, el precandidato ya ha expresado que se necesita un PSOE-M “autónomo de Ferraz”. Madrid debe ser “suficientemente mayor” como para resolver “sus problemas”, ha llegado a decir Ayala.

Habrá que esperar a la resolución de este nuevo episodio en la otrora llamada Federación Socialista Madrileña, que no encabeza ningún gobierno en la Comunidad o el Ayuntamiento de la capital de España desde que Joaquín Leguina perdió las elecciones ante Alberto Ruiz-Gallardón en 1995. Ocho años después se produjo el famoso Tamayazo, en que los diputados tránsfugas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez no se integraron en el grupo parlamentario socialista, impidiendo la presidencia de Rafael Simancas, que hubiera alcanzado la mayoría con los votos de PSOE e Izquierda Unida.

Después de uno de los capítulos más vergonzosos de la democracia española y de unos nuevos comicios el mismo 2003, Esperanza Aguirre se alzaría como presidenta. Pese a la victoria de Ángel Gabilondo en las elecciones de 2019, las alianzas parlamentarias ⸺esta vez sin transfuguismos⸺ no le dieron para gobernar, y son ya casi tres décadas en que Madrid es una piedra en el zapato del PSOE. Pendientes de lo que ocurra en las primarias de este octubre, el adiós a Pepu es solamente el último capítulo en una reciente historia de decepciones.

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