El infierno de la infancia afgana

Afganistán es desde hace años uno de los peores lugares del mundo para ser niño o niña. Sumergido en un conflicto armado que dura décadas y que ha colocado a su infancia en una situación de inseguridad permanente, se suma a ello una grave crisis alimentaria provocada por las sequías que afectan al 85% del territorio y que a principios de año ya tenían a entre dos y tres millones de niños y niñas en situación de malnutrición grave y a otros cuatro millones fuera del sistema educativo.

Antes de que estallara la crisis de las últimas semanas, Unicef constataba que 550 menores habían perdido la vida en los primeros meses del año y otros 1.400 habían resultado gravemente heridos. También que muchos habían sido reclutados por los grupos armados y que las víctimas infantiles ya representaban la cifra más alta de muertos y mutilados desde que existen registros de la ONU. La situación de las niñas es especialmente delicada en las zonas controladas por los talibanes que sólo permiten que reciban educación religiosa y se ven sometidas a abusos, matrimonios forzados y a “asesinatos por honor”. Los niños de las familias más pobres sufren también una práctica de pederastia llamada bacha bazi en que son vendidos a hombres ricos y a señores de la guerra para que abusen de ellos impunemente.

Es bueno recordar que en Afganistán más de la mitad de la población es menor de 18 años. Estos niños, niñas y adolescentes representan la mayor parte del contingente de medio millón de personas que se ha visto forzada a migrar dentro de las fronteras de Afganistán y ahora mismo necesitan de forma urgente abrigo, alimentos y acceso a la sanidad porque huyeron con lo que llevaban encima. Sobreviven bajo lonas alquitranadas comiendo pan y bebidas energéticas que es lo único a lo que tienen acceso por el aumento del precio de los alimentos y el colapso del sistema bancario. También necesitan ayuda humanitaria los que están cruzando las fronteras y sobreviven en campamentos improvisados.

¿Cuál es el futuro de todos estos niños y niñas? Las grandes organizaciones que velan por los derechos de la infancia como Unicef, Acnur y Save the Children dicen que el actual conflicto exacerbará una situación que ya era desesperada en todos los sentidos. Auguran que muchos niños y niñas de entre 10 años y 17 años intentarán huir a Irán y trabajar allí sin documentos con los riesgos que ello implica. Otros intentarán llegar a Turquía o Europa y serán forzados a regresar con el peligro de que en este proceso sean separados de sus familias y se conviertan en víctimas de las redes de tráfico de personas.

Por eso las agencias humanitarias insisten en la necesidad de asegurar corredores humanitarios hacia los países fronterizos que permitan huir a las familias que están en peligro pero también garantizar que las solicitudes de asilo sean aceptadas porque las personas que huyen de la guerra, sobre todo la infancia, tienen el derecho a ser acogidas. Es urgente también garantizar que siga llegando la ayuda humanitaria, de la que dependen al menos 18 millones de personas, y también condiciones de vida dignas para todos los niños y las niñas que necesitan seguridad y estabilidad. No podemos crear campos donde “aparcarles” como si fueran personas superfluas, tal y como alertaba Zygmunt Bauman en 2016 cuando constataba lo que representaba crear campos de personas refugiadas donde se les trataba como excedentes humanos para evitar que perturbaran nuestras vidas. Como decía estos días Chris Nyamandi, director de Save the Children Afganistán, ha llegado el momento de actuar para dar a los niños y a las niñas afganas el futuro que se merecen. Un futuro donde sus estómagos estén llenos, sus mentes y cuerpos sean fuertes y, sobre todo, donde vivan libres de la violencia de las últimas décadas.

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