Cunde el pánico en el Barça ante el problema de la renovación de Messi

Parte de la junta y de los ejecutivos creen que solo un ‘milagro’ de Joan Laporta, como el del aval, puede salvar la operación

Leo Messi
Leo Messi

En el cuartel general azulgrana, en los despachos nobles de las oficinas, ha empezado a cundir el pánico ante la perspectiva de que la renovación de Leo Messi empiece a complicarse. La angustia y cierta desesperación dominan las sensaciones de los responsables directos de sacar adelante una operación que, hoy por hoy, no parece viable.

Atrincherados por un control mediático que, al contrario, aviva el fuego de la proximidad y el éxito de la operación, en el núcleo duro de la junta no hay recursos ni contramedidas que no sea esperar otro ‘milagro’ del presidente, como el aval conseguido sobre la campana el 17 de marzo pasado.

Esta vez, sin embargo, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas, no parece estar por la labor. Tampoco irá en su contra, aunque no le falten ganas, por el papelón de Joan Laporta como títere de Florentino Pérez en la fantasía de la Superliga, pero sí que le ha dejado marcada muy claramente la línea roja que no puede cruzar. El Barça necesita aliviar en 200 millones su masa salarial antes de intentar dar entrada al nuevo contrato del delantero argentino.

Por cada 100 millones que rebaje del montante de las fichas comprometidas, el club azulgrana puede incorporar un contrato, o varios, de 25 millones. Es el resultado de las pérdidas enormes que se esperan del peor año de la covid, del alto coste de las fichas y también de la inacción absoluta de la nueva directiva, incapaz de desarrollar un plan de choque más allá de pedir dinero a Goldman Sachs sin dar demasiadas explicaciones. No es sólo un problema de poder pagar los compromisos adquiridos, es que aún haciéndoles frente, la LFP exige soltar mucho lastre.

Joan Laporta ha resuelto una parte del problema, la más fácil y cómoda, que era ofrecerle a Messi un contrato de dos años, por lo mismo que ganaba o incluso más, pagadero en cuatro años como jugador (habrá que ver si eso es legal) y los años que haga falta como embajador. El problema aumentado que eso le ha supuesto es que el resto de las “vacas sagradas” no aceptan una rebaja de su ficha ni están dispuestas, tampoco el resto de la plantilla, a ser carne de traspaso, con el riesgo de ver menguadas sus contraprestaciones.

La estrategia embustera de Laporta lo complica aún más todo cuando, además, le ha prometido a Messi un gran equipo con los refuerzos de primera línea que garanticen disponer de un equipo competitivo en la Champions. Por ahora sólo ha traído los refuerzos que ya había atado Bartomeu, Éric García y Memphis Depay, gratis, además del Kun Agüero, el amiguete que ha pedido Leo y que Laporta le ha traído en prueba y señal de sus buenas intenciones.

Bartomeu había dejado hilvanada la solución de Barça Corporate (unos 200 millones de alivio para contrarrestar el terrorífico cierre de la temporada 2020-21) y la quimera de la Supercopa, el clavo ardiendo al que Laporta se agarró creyendo en los 350 millones prometidos para el mes de mayo, millones que nunca llegaron ni llegarán porque el Madrid y la Juventus de han quedado solos, con el Barça de comparsa.

Siempre bajo la ley del mínimo esfuerzo, Laporta no se ha movido más allá de confiar en que Tebas “se lo afine” o, llegado el caso, como es su costumbre, saltarse las normas y dejar que sea la LFP la que frene sus intenciones. En este sentido, puede que este viernes se sienten a hablar en Madrid o por vídeo-conferencia según algunas fuentes. Laporta insiste en encontrar una solución no traumática o, al revés, deshacerse de media plantilla por la vía de la rescisión de contrato sin que nadie sepa qué graves consecuencias puede comportar. Como capaz, es capaz de todo, si se siente acorralado.

En el otro frente, el de la reducción de salarios, tampoco ha avanzado. Si Josep Maria Bartomeu redujo un 12% la masa salarial directamente en 2019, decisión que provocó un extraordinario malestar en la plantilla, en el curso anterior la Junta Gestora de Carles Tusquets sólo consiguió diferir parte de los pagos con los correspondientes intereses. Ahora sí, los plazos y las expectativa de la resolución del caso Messi empiezan a asfixiar a una junta que, contrariamente a sus eslóganes electorales, no está siendo capaz de tirar de experiencia y de oficio para resolver los muchos problemas que se le acumulan.

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