La emergencia climática en Cataluña

Con este título –y el subtítulo de Revolución o colapso-, el veterano periodista, consultor ambiental y escritor ecologista Santiago Vilanova (Olot, 1947) ha publicado en Edicions 62 el que consideramos uno de los libros más informados y de mirada más amplia y crítica sobre uno de los grandes temas del mundo actual. Y es que, a las crisis ecológica, energética y económica, que se arrastran de hace años, se añade ahora la sanitaria, todas las cuales afectan al clima mundial y, evidentemente, de una manera u otra, a toda la humanidad.

Lo empezamos a saber y a sufrir, y también empezamos a intuir que, tantas crisis a la vez, no pueden ser fruto de la casualidad. Sin paranoias conspirativas –el autor está muy curtido, porque sabe cómo las gasta el poder mundial-, Vilanova detalla cómo hemos llegado hasta aquí, las advertencias que nos hicieron a lo largo del siglo XX grandes hombres y mujeres de las ciencias naturales, sociales y humanas, y se adentra, en un primer y largo capítulo, a fijar el que puede ser, en Cataluña, un primer escenario, el del colapso.

El “progreso” tecnológico, el “crecimiento” económico y el “desarrollo” espectacular de las fuerzas productivas y de los recursos de la naturaleza que nos hicieron creer, después de la Segunda Guerra Mundial, que eran infinitos resulta que no lo eran, que tenían unos límites, como nos recordaron hace casi 50 años, en 1972, expertos que asesoraron al Club de Roma, el mismo año que en la Cumbre del Medio Ambiente Humano, en Estocolmo, otros tantos científicos y los primeros ecologistas americanos y europeos advirtieron de las consecuencias ambientales y humanas que sufriría la Tierra si se continuaba con el mismo modelo de crecimiento.

Ha pasado, pues, medio siglo, y el debate –corregido y aumentado- continúa con más virulencia todavía, porque la inercia del proceso destructivo parece imparable. En Cataluña, también. El autor –muy bregado en el análisis conjunto ecológico, económico y político a nivel internacional y europeo- pasa revista a la situación catalana, que es la suya y la nuestra, y no se calla, con profusión de datos, informes y avales científicos, de decir lo que piensa y lo que sabe.

Y lo sabe como cronista y reportero, durante tantos años, en los diarios y después en la veintena de libros que lleva escritos, que no han tenido, por parte del sector político y gubernamental (tanto de socialistas, como de convergentes y republicanos), toda la atención que se merecen. Y es que a la hora de denunciar cobardías, intereses, ignorancias, incoherencias y mala fe no ha callado nunca y, por lo tanto, este último libro suyo, de más de 300 buenas páginas y amplia bibliografía, no es una excepción.

Susana Alonso

En Cataluña, también, todas las parcelas del ciclo biológico están afectadas por el mal modelo de crecimiento: residuos de los purines, pérdida de glaciares del Pirineo, incendios, plagas y patógenos, inundaciones y sequías, afectaciones en los deltas (Ebro, Llobregat y Tordera), regresiones de playas, afectaciones en las praderas submarinas, sobrepesca, la congestión contaminante en Barcelona y entorno, el impacto climático sobre la salud, la relación que hay que hacer entre Covid-19, crisis ecológica y la tecnología 5G, los insecticidas y herbicidas contra los campos y árboles, las abejas amenazadas y, en fin, todo lo que se deriva de la biodiversidad en peligro, agravada por una gestión muy deficiente del patrimonio natural, agrario y energético, sobre la cual apunta la necesidad de una nueva gobernanza conjunta y transversal de las consejerías implicadas, como detalla en el tercer y último capítulo, después de reclamar en el segundo el papel indispensable de la sociedad civil como motor revolucionario del cambio social necesario.

A sus casi 75 años, lo veo como cuando tenía 30 e iniciábamos la aventura vital y profesional de empujar a nuestros ciudadanos hacia esta revuelta humana, cultural y política, ahora ya inaplazable. Lo iniciábamos con nuestros compañeros periodistas Jaume Reixach, Josep Català, Alfons Ribera, Jordi Cortadellas y, entre otros, la militante ecofeminista Pilar Sentís. Fueron, sobre todo, los años de la transición política (1975-1980), cuando las fuerzas populares retomaban la lucha por la ruptura y cuando, por el contrario, los partidos en la clandestinidad, ayudando a hacer la Constitución y el Estatuto, se decantaban por el reformismo político y monárquico y, a través de los pactos de la Moncloa (1977), para consolidar el modelo económico y militar atlantista y occidental.

Tuvimos que trabajar a la contra en todos los campos: periodístico, cultural y político. Pero , 45 años después, no hemos desfallecido y continuamos denunciando los atropellos de una clase dirigente que se forjó en aquellos años en que nos hicieron creer que todo era posible, pero que solo ha sido real lo que ellos deseaban: el control total de la posesión económica por parte de una clase selecta de espoliadores que han ocasionado las crisis que hemos conocido desde entonces.

Nuestra indignación, fundamentada, es máxima y más cuando vemos, de hace años, el seguidismo del mundo periodístico a esta misma clase gubernamental –renovada, pero siempre atendiendo a los criterios de los poderes dominantes-, que no sabe ni quiere deshacer el lío monumental en el que estamos.

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