Neocolonialismo en África

El concepto de colonialismo, la explotación de las colonias por parte de la metrópoli, ha evolucionado. Hoy, neocolonialismo significa la explotación de un país independiente, poco desarrollado, por parte de un país poderoso al que se recurre para pedir apoyo y este lo da a cambio de contraprestaciones.

Los países de África, hoy políticamente independientes, son un ejemplo, ya que siguen dependiendo en muchos aspectos de la antigua metrópoli o de nuevas potencias. En el Congreso de Berlín de 1885, organizado por el canciller alemán Otto von Bismarck, las potencias del momento, Gran Bretaña, Alemania, Bélgica y Francia, entre otras, se repartieron arbitrariamente África. Después de la Segunda Guerra Mundial, la pugna ideológica y por la hegemonía política entre los Estados Unidos y la URSS, llevó a estos países a ofrecer ayuda económica para ganar influencia.

Últimamente es China quien lidera el neocolonialismo, gracias a las teóricas generosas ayudas financieras que les da. Junto con las ayudas, China pregona sus logros económicos y tecnológicos y hace propaganda del «modelo chino» de desarrollo. Las alianzas con los países protectores varían según las circunstancias y los intereses del momento.

En 1980, para regular el agua del Nilo, Egipto inauguró la gran presa de Asuán, financiada por la URSS. Ahora, Etiopía, con la financiación de China, está construyendo la gran presa del Renacimiento, que controlará las aguas del Nilo Blanco, que está creando una gran preocupación en Sudán y en Egipto.

Hay algunos países que están creciendo económicamente, como Sudáfrica, Nigeria, Argelia, Angola y Egipto, gracias, entre otros motivos, al petróleo y a los recursos naturales que exportan. Pero muchos otros países, especialmente los menos dotados de recursos, son muy pobres y tienen dificultades para hacer crecer la economía. Son países mal gobernados con un largo historial de luchas, guerras, corrupción, enorme desigualdad social, educación escasa y una alta tasa de natalidad. Su población tiene una media de edad de 19 años. La mayoría sin trabajo y sin expectativas de futuro. Todo ello lleva a una gran inestabilidad política y social y es un caldo cultivo para el terrorismo.

¿Cómo salir de esta situación? No es fácil, y menos si se tiene en cuenta que en 30 años África doblará la población. Necesitan aumentar como sea el PIB para poder mantener y dar unos mínimos servicios a la población y satisfacer a la clase dominante, soporte de las estructuras de poder. China es el aliado idóneo. Se ha convertido en el gran inversor y no pregunta sobre la corrupción ni sobre los derechos humanos. Ha desbancado a Estados Unidos, que eran el socio prioritario.

China está haciendo grandes inversiones, financiando macroproyectos, infraestructuras, y adquiriendo explotaciones mineras y fincas agrícolas fértiles. Es el gran importador de petróleo, hierro, cobre, o minerales estratégicos como el uranio, el cobalto, el coltan, pero también alimentos y madera tropical. China ha ido tejiendo una influencia económica, política y cultural que está dejando al continente africano en una posición de dependencia cada vez más acusada.

Susana Alonso

El reto actual más urgente es poder vacunar a la población contra la Covid-19. Desgraciadamente, un mundo muy injusto hará que tarden en poderlo hacer. El otro gran reto es como crecer económicamente para crear empleo para tanta gente joven. Mientras esto no llega, la respuesta de muchos jóvenes es emigrar, a toda costa… Europa es una zona cercana a África. ¿Hacia dónde irán los que quieran huir de su infierno?

La única solución es ayudarles a desarrollar el país y que gradualmente sean ellos quienes exploten sus recursos, industrializándolos y comercializándolos. Parece que últimamente la UE se está tomando más en serio el tema «África». ¿Será por los problemas del terrorismo, por la inmigración, por no dejar el continente en manos sólo de China?

Sea cual sea la razón, la UE ve la necesidad de contribuir a su crecimiento económico con inversiones, fomentando el pequeño comercio y la pequeña industria, pero también invirtiendo en educación, gestionando las migraciones y reforzando la seguridad.

Es de justicia y de interés propio de la UE que se puedan encontrar fórmulas de colaboración que beneficien a todos.

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