«Se ha creado una clase social que vive por y para el ‘procés’»

Entrevista a Joan Ferran

Profesor en la enseñanza media, militó desde muy joven en la izquierda, y pasó por las cárceles de Franco. Afiliado al PSC, trabajó en el Ayuntamiento de Barcelona, y fue diputado en varias legislaturas. Escritor, ha publicado once títulos. Entre ellos, Maldita costra. Ahora, acaba de salir a las librerías, Bajo el murmullo de los alisios (Ediciones Hildy SL).


¿Qué es lo que ocurre en Bajo el murmullo de los alisios?

Durante los años 1977-78, un momento de tránsito político muy conflictivo, en las Islas Canarias suceden relevantes acontecimientos, que también se viven en la Península: tensiones en el Ejército, huelgas, atentados… Cubillo empieza a tirar del hilo de un discurso etnicista. En medio de todo esto, el protagonista conoce a una chica. Y ahí se produce un choque entre él, escéptico (acaba de salir de la cárcel) y ella, que comparte el discurso nacionalista del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC).

Dos personas que comparten muchas cosas, que se quieren, y acaban siendo víctimas de algo externo, y aparentemente irrelevante como un discurso, bastante descabellado, por añadidura… ¿Cómo es esto posible?

Hay que tener en cuenta el contexto. Aquello ocurre en una situación de cambios bruscos en muy poco tiempo, afloran las tendencias radicales, los problemas se amontonan… Algo que, en cierto modo, también hemos vivido en Cataluña. También aquí laten problemas enquistados, como el desempleo, la precariedad, la falta de perspectivas…, que crean un caldo de cultivo donde es fácil meter la chispa de una quimera, tocando los sentimientos, que alguna gente acaba creyéndose. Con especial mención, en el caso catalán, a unas clases medias, acomodadas, que se asustan ante la crisis económica.

Dijo Samuel Johnson aquello tan célebre de que “el patriotismo es el último refugio de los canallas”, y añadió “para ocultar sus propios intereses”. En este sentido ¿Cuál es la relación entre las, digamos, emociones patrióticas y el bolsillo?

Aprovechando que hay sentimiento y corazón, en el momento en que los intereses entran en peligro, se echa mano del corazón, se magnifica, y se ocultan los intereses. Por ejemplo, cuando empieza a surgir todo el asunto del 3%, del caso Palau, de las sospechas sobre Pujol…, Artur Mas provoca una fuga adelante, apelando a un patriotismo feroce, y se produce una aceleración vertiginosa del independentismo. ¿Qué intención subyace, en tal movimiento? La de ocultar, sin duda, la nefasta gestión de la crisis, sus recortes escandalosos y, desde luego, la corrupción en su partido. Así, gente que nunca había sido nacionalista, acabó creyéndose el discurso identitario de pertenencia y de que el enemigo es el otro, que les está agrediendo constantemente. El nacionalismo canario es lo mismo.

¿No tiene mucho de maligno y miserable imbricar la idea de pertenencia, (“ser” canario, catalán, vasco, español…) con las cuestiones reales y sentidas, que todos compartimos, como llegar a fin de mes, educar a los niños, la salud…?

Si, ahí está la madre de todas las batallas. Usted, tendría buena Sanidad si España no nos robara. Tendría mejor Educación si España no nos robara… Y así, sucesivamente. Usted viviría mejor, en fin, si España no nos robara. Porque no tendríamos que pagar a los jornaleros andaluces; porque nos dan menos de lo que aportamos, etc. etc. Las piezas del puzle nacionalista (identidad, filosofía, historia, economía, cultura, trabajo, vida cotidiana…) no van por separado. Se construye con ellas un rompecabezas (nunca mejor dicho), donde está todo interrelacionado. Se instrumentalizan, se tira de ellos en función de la conveniencia y los más diversos avatares. 

¿En el puchero del procés, donde se cuece la pócima mágica, no hay digamos cocineros profesionales, que han hecho del asunto un oficio? 

Desde luego. Y la onda expansiva de tal situación llega muy lejos. Hay, por ejemplo, empleados públicos, profesores…, que asocian su empleo a la adhesión a la causa. Sin duda, a veces, de manera inconsciente, automática, derivada de la relación con los que dictan las políticas, con los que mandan. También, desde luego, por presiones implícitas y explícitas. Porque, en fin, si no eres de la cuerda te la juegas… Y gente que se hace rica fabricando, por ejemplo, camisetas o que trabaja en los medios de comunicación públicos… Aquí se ha creado una economía vinculada al “procesismo”. Una clase social que vive por y para el procés. Esto ya empezó cuando se empezaron a generar intereses económicos alrededor de la lengua. Existe, valga la expresión, una casta, vinculada al “procesismo”, en su conjunto.

Con pasta de por medio, poco parece tener de extraño que surjan entidades privadas con negocios públicos, como ANC y Omnium, que alguien tan poco sospechoso de anti-nacionalismo, como Iñigo Urkullu, llegó a calificar como lo más peligroso de la política catalana…

Y ahora con sus contradicciones. Porque cuando adquirieron la dimensión que llegaron a tener, las familias nacionalistas empezaron a pugnar para conseguir su control. En este sentido, comparado con el procés, el MPAIAC, de Cubillo, aunque con muertes de por medio, es cosa menor. El trabazón de intereses, incluido el asalto a las organizaciones sociales, constituye uno de los problemas más peliagudos que ha generado el procés.

¿Por dónde puede aparecer la brisa o el huracán capaz de disipar este nublado?

También hay que tener en cuenta que son muy torpes. Han sido hábiles a la hora de montar el numerito, pero negados a la hora de gestionarlo. No se oculta que hay cansancio, incluso en sus filas, porque al final si las cosas no funcionan acabarán perjudicando a los que intentan dirigirlas. Hay que tener paciencia, aunque también podría producirse un vuelco político. Pero lo que podríamos llamar el mundo alternativo al independentismo tampoco está para echar cohetes, más allá de lo que pueda representar ahora Salvador Illa, como una estrella fulgurante, que ha aparecido en el firmamento del espectáculo. 

El Covid ha irrumpido en este escenario mágico y algún efecto estará produciendo ¿Va por aquí la pregunta del millón?

Parece evidente que la pandemia ha producido un bajón espectacular de todo el discurso independentista. Las preocupaciones han cambiado de coordenadas. Veremos lo que pasa en las elecciones ¿Y después?, cabe preguntarse. Si la crisis económica sigue ahondándose y rebrotan los conflictos sociales, no patrióticos ¿Qué puede pasar? Entre las cosas buenas del Covid, dicho con todas las salvedades, está la de que en Cataluña se puede empezar a discutir de otras cosas. Le ha quitado al «procés” su preminencia en los medios de comunicación. Y lo que también es cierto es que las cuestiones sociales son algo a contrapelo del “procesismo”. No les interesan, ni saben como abordarlas. 

Volviendo a la magia, de los cual saben mucho las religiones ¿No parece el nacionalismo una especie de spin-off o secuela del catolicismo, en el caso que nos ocupa?

El historiador Peter Hayes tiene un libro sobre el nacionalismo como religión. Cosa que viene corroborada, por añadidura, con una liturgia: las banderas ondeando, las celebraciones, el llanto por la derrota, las imágenes… Las liturgias generan, cuando menos, la lagrimita. Todo ello en torno a algo desconocido, como el cielo. Porque nadie conoce lo que es la independencia. Nadie sabe qué forma tiene. 

Al final, Bajo el murmullo de los alisios cuenta que todo esto también subvierte, a veces de modo radical, una relación personal…

Cuando se entra en el cuerpo a cuerpo, en la discusión, se van diluyendo los vínculos de empatía, el afecto, la complicidad…. “Tú eres godo” -le dice la chica a su pareja-, «no puedes entender esto”. Algo extensible a todos los nacionalismos. Trastoca las cosas. No importa, por ejemplo, la calidad de un producto cultural, de una narración. Solo puntúa en la lengua en que está escrito, el grado de adhesión a la causa, lo nuestro… Este universo simbólico paralelo no tiene límites. Si, por ejemplo, el equipo olímpico de rugby sobre hierba está mayoritariamente integrado por catalanes, ya se encargará la televisión pública catalana de machacarnos, recordándonoslo una y otra vez ¿La condición de catalán del jugador influye en su juego?  

En el Libelo sobre la cultura en euskera, se denunciaba el negocio montado en torno al tema ¿Hay ejemplos de esto en Cataluña?

TV3 doblaba el doble o triple de películas que podía emitir, tanto por derechos como por tiempo. Había una película que se llamaba California, que costaba 300.000 pesetas la traducción de cada capítulo. Se doblaron muchos que no se han visto nunca. Eso se supo por una huelga de actores de doblaje, a los que pagaban una miseria.

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