Es preciso un nuevo modelo económico

El sistema económico actual se basa en el crecimiento permanente de la economía, gracias a fomentar el consumismo, un endeudamiento más alto, más desigualdad social y un uso exagerado de los recursos naturales no renovables. Es un sistema que, aparte de ser injusto, es insostenible. Las periódicas crisis económicas comportan sufrimiento y frustración a los ciudadanos y hacen que aumenten el populismo y los grupos radicales.

La economía mundial crea cada año riqueza en torno a los 70 billones de euros. ¿Cómo se distribuye? Todos sabemos que un 1% de la población más rica posee tanta riqueza como el 50% de la población más pobre. Y año tras año la riqueza se concentra más en pocas manos. Es el resultado del modelo económico que tenemos. Hoy, ni el liberalismo económico ni la socialdemocràcia tienen capacidad para frenar el poder y el afán de riqueza que tienen los poderosos.

La economía no se puede basar en un endeudamiento creciente y la especulación financiera, sino en una economía productiva al servicio del bienestar de los ciudadanos. Hace falta un nuevo sistema que corrija las grandes desigualdades existentes y que sea económicamente y medioambientalmente sostenible. Para poder impulsar el cambio tenemos que entender como funciona hoy el mundo. El sociólogo alemán Ullrich Beck nos dice que para resolver los problemas globales hay que tener una visión global, una visión planetaria.

El coronavirus covid-19 originado en la ciudad china de Wuhan es un buen ejemplo de cómo, para encarar los problemas de salud, cambio climático, migraciones, desigualdad social, transformación digital y tantos otros, hay que tener una visión global del planeta. Y hay que tener claro que los países estado-nación, aferrándose a los principios de soberanía e independencia de las naciones, rechazan ceder soberanía a entes globales superiores y, por tanto, se convierten en un obstáculo para solucionar los problemas globales.

¿Cómo hemos llegado a una sociedad y a un mundo económico tan tensado con conflictos y crisis permanentes? La sociedad está inmersa en una crisis de valores. Una sociedad en la que domina el individualismo, el hedonismo, la corrupción y el beneficio a cualquier precio lleva necesariamente al conflicto. Tenemos que recuperar valores como el progreso social, el consumo responsable, la solidaridad, la sostenibilidad, la visión global y la justicia social, entre otras.

¿Cómo se puede hacer que el poder y la riqueza no estén concentrados en tan pocas manos? La respuesta es distribuyendo mejor y más justamente la riqueza que se obtiene con el esfuerzo de todos. Se tendrían que abandonar las políticas neoliberales radicales e introducir reformas que tiendan hacia un modelo de sociedad en el que la política no esté sometida a la economía. Una sociedad que condene el fraude fiscal y los paraísos fiscales y exija una profunda revisión de las políticas fiscales, de forma que los que más tienen o más ingresan contribuyan a cubrir las necesidades básicas de la sociedad. Esto permitiría impulsar una sociedad de progreso, culta, con sensibilidad social, y garantizaría el modelo cultural y de bienestar social europeo.

No se tiene que cambiar radicalmente el modelo económico actual, puesto que hay aspectos que si se utilizan correctamente han demostrado su utilidad. Se trataría de tender gradualmente hacia una transformación del sistema económico mundial impulsando grandes líneas de acción: "reorientar
la globalización" dándole una visión social; "refundar el capitalismo" para hacerlo más humano y medioambientalmente sostenible; e "impulsar la governanza global", que tendiese hacia un marco institucional global para gobernar los grandes retos del planeta. Impulsar la governanza global ayuda a garantizar el progreso y la paz entre los pueblos.

No todos los países podrán avanzar al mismo ritmo, pero en este caso la Unión Europea podría liderar el proyecto de tender hacia un Ente Global que dirimiera sobre los problemas globales. La historia no se detiene. Somos los humanos los que decidimos nuestro futuro y somos los humanos los que escribimos la historia. El progreso social y los derechos civiles que hoy disfrutamos sólo han sido posibles con muchos esfuerzos y presión de los ciudadanos, que demuestran que la utopía, o un sueño imposible, puede convertirse en realidad.

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