Namasté

Námaste o namasté ('me inclino ante ti') es un saludo de Asia del sur, originario de la India, que se utiliza tanto para decir "hola" como para decir "adiós". Se acompaña de una ligera inclinación de la cabeza y se hace con las palmas de las manos unidas entre sí por debajo de la barbilla o por debajo de la nariz o por encima de la cabeza. En occidente se popularizó en el contexto de las prácticas de yoga. El Namasté -en japonés, gassho- podría ser una alternativa viable al tradicional apretón de manos, tan estigmatizado por el coronavirus.

El bicho se propaga en parte gracias a viejas costumbres occidentales, como el apretón de manos, los besos en las mejillas o los abrazos, el contacto físico, en definitiva. Entonces, al menos hasta que la amenaza remita, la sociedad se las ingenia para encontrar alternativas. El 'saludo de Wuhan', el toque de un codo contra otro, es una de las varias formas de decir 'hola' sin recurrir al 'choca-la'. Los hay que hacen lo mismo, pero chocando los pies, o inclinando la cabeza o arqueando las cejas o un guiño. La cuestión es que no haya contacto o que éste sea mínimo e inofensivo. Saludarse sin tocarse se convierte en un hándicap que en culturas mediterráneas como la nuestra puede resultar castrante.

Hace poco más de un mes, sólo, que el ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, le negó un apretón de manos a la canciller Angela Merkel para esquivar el coronavirus. Un gesto que dio la vuelta al mundo, resumía en una imagen la nueva realidad. Así, fue ayer que nos tocábamos para decirnos "hola" y ya parece que haga siglos. El maldito virus que mata seres queridos y revuelve los cajones de nuestras costumbres no es un virus pusilánime; ha venido a hacer daño y lo hace con una ferocidad abrumadora. No le conocemos la fecha de caducidad y eso, desengañémonos, crea desasosiego. Ahora ya sabemos qué no debemos hacer, y ya sólo nos falta saber qué hacer.

Quiero pensar que después de la tormenta volverá la calma, pero lo desconozco. Quiero pensar que, mediterráneamente, volveremos a los apretones y al besuqueo sin restricciones, pero lo ignoro. A mí me encaja esta efusión tan nuestra, marca de la casa latina. Mientras tanto, tomaremos con respeto y de manera provisional el Namaste oriental, que nos inclina ante el otro. Probablemente lo haremos con guantes y mascarilla durante un tiempo indefinido. Pero, después quisiera volver al libro albedrío, y poder elegir entre encajar o no las manos del otro, al menos disponer de esta libertad. Como decía aquel: "Dame tu mano. ¿Ves? Ahora todo pesa la mitad". Namasté…

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