Fanfarronadas

El arte de la política nos está obsequiando últimamente con una colección de ocurrencias tan absurdas que no puedo hacer más que quitarme el sombrero ante tanta genialidad. Si después de la performance del comité federal del PsoE nos pensábamos que ya lo habíamos visto todo por lo que respecta a los efectos perversos que la ambición provoca en la dignidad humana, esta semana hemos vuelto a vivir una nueva muestra de cómo la desesperación puede llevar a los políticos a perder el oremus. Esta vez los protagonistas han sido los convergentes barceloneses, enzarzados en una despiadada lucha interna por sustituir a Xavier Trias y segundos en la lista por detrás del incombustible hermano pequeño de Torrente a la hora de protagonizar ridículos memorables.

Se ve muy claro que necesitan ir a terapia porque un año y medio después todavía no han digerido la derrota electoral y la herida que les ha provocado la usurpación del trono por parte de Ada Colau no para de sangrar. ¡Qué diferencia con los socialistas, tan pragmáticos y profesionales ellos, que no han dudado en aparejarse con los Comunes a cambio de volver a tocar poder! Y es que amenazar de nuevo con una moción de censura sabiendo de antemano que es imposible porque las cuentas no salen es, además de una fanfarronada, una muestra del elevado nivel intelectual que gasta el personal. Una vez más, la política de vuelo gallináceo se convierte en el refugio de los mediocres.

Es cierto que el equipo de Colau es débil y que no gana para disgustos a la hora de intentar aprobar infructuosamente proyectos y presupuestos sin pactarlos antes. Es lo que pasa cuando uno se cree que siempre tiene la razón: pierdes el mundo de vista y te crees inmortal como le pasa al nicaragüense Daniel Ortega. Pero igual que es normal que quien manda se lo acabe creyendo porque el ego humano produce monstruos, también es normal que la oposición haga todo lo posible para desestabilizar el régimen del adversario, sea por razones ideológicas o por venganzas personales. Ahora bien, si hablas de moción de censura has de evitar hacer el ridículo intentando sumar republicanos, socialistas, populares y ciudadanos a tu peculiar cruzada. Que La Vanguardia te apoye no siempre es garantía de éxito.

La única que razón que explica, a mi entender, que un político con la experiencia contrastada de Joaquim Forn se haya tirado a la piscina sabiendo que no hay agua son los nervios que le provoca el proceso abierto en Convergencia para escoger al próximo alcaldable. De momento, parece que la maniobra de colocar a la hermanísima Mercè Homs al frente de la federación barcelonesa para garantizar la plaza a la mano derecha de Trias ha servido de poco para parar los pies al ambicioso outsider Santi Vila. También es cierto que la poderosa estirpe de los Homs ya no es lo que era como se puede ver en el caso del triste papel del hermano en Madrid pudriéndose en el grupo mixto y condenando al nuevo partido a hacer un ERE porque se ha quedado sin la subvención estatal.

Plantear un día una moción de censura por el bien de la ciudad y al día siguiente admitir que es imposible por culpa de los demás grupos no sólo es una boutade fruto del estrés que provoca saber que tu poltrona peligra. Es también una muestra más de la falta de escrúpulos de la política, la de aquí y la de allá, donde todo vale para perpetuarse en el poder. ¿Cómo se puede pedir a ERC que se alinee con PP y Cs, y pretender que el PSC se vaya del gobierno y se añada a una alianza contra natura liderada por un partido en coma irreversible? Desde el golpe de estado socialista no me había reido tanto.

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