Me quito el sombrero ante Charlie Hebdo

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Hace unas noches estuve con un viejo amigo -compañero de la escuela a quien hacía casi tres años que no veía- bebiendo cervezas artesanas en la bodega Felipe, en la Barceloneta. Entre trago y trago repasamos la corrupción que ahoga a los partidos que nos han gobernado desde la Generalitat y la Moncloa los últimos 30 años, las dificultades para vivir en Barcelona con un sueldo de mileurista, y otras miserias como el ataque terrorista de Estado Islámico en París.

El ISIS nació a raíz de la ocupación de Irak por parte de las tropas norteamericanas, británicas y españolas (hasta que Zapatero las retiró en el  2004). La represión que sufrieron millones de suníes impulsó el extremismo en los campos de refugiados, sobre todo de Siria.

Se puede camuflar con la religión, pero lo cierto es que la semilla del odio la plantó el trío de las Azores y creció con la gestión interesada del conflicto por parte de Occidente. La existencia del ISIS ha ido bien a Israel en la lucha contra Hezbollà, en Turquía para contener a los curdos y en la Arabia Saudí y los Emiratos que lo han financiado porque convergen con los propósitos de EI.

España y Arabia Saudí son business friendly. El ‘padrino’ Juan Carlos Y encabeza a los ‘conseguidores’ que han permitido que el país árabe haya cubierto de oro a unos cuántos empresarios del Íbex-35. El último viaje a Arabia del rey emérito con una delegación formada por Soria (Industria), Morenés (Defensa) Pastor (Fomento), los secretarios de Estado de Exteriores y de Comercio y una treintena de empresarios fecha en mayo de 2014.

Del 2003 al 2014, los Gobiernos del PP y el PSOE han exportado armas al país de Oriente Medio por valor de 725 millones de euros. El Ejecutivo se justifica y dice que «si se comprueba un uso indebido de los materiales vendidos se puede suspender el permiso de exportación de armamento». Morenés, justo antes de ser ministro de Defensa, era traficante legal de armas. Presidente de MBDA, consejero de S. Ibérica y de Instalaza SA. Dice el New York Times que una de sus empresas vendió bombas a Gadafi en 2008 para masacrar a la población de Libia.

Atentados como el de París no son más que balas perdidas -y cada vez hay más- de la batalla que se tercia en Oriente Medio desde hace décadas. Desde la financiación norteamericana de AlQaeda en Afganistán con la complicidad, otra vez, de Occidente.

Recuerdo los argumentos que me dio un seguidor de A el Fatah, cuando fui a Palestina en 2005, para justificar los atentados suicidas contra israelíes. Me decía: «Mira, en este campo de refugiados donde estamos, que tiene menos des 300 metros cuadrados, viven miles y miles de personas. Y no hay nadie a quien el ejército israelí no haya matado a un familiar o a un conocido. Cuando se mezcla el odio y la frustración de no tener esperanzas, morir deja de ser una preocupación».

Volviendo a la bodega de la Barceloneta, después de seis o siete cervezas artesanas recordé la polémica suscitada por la última portada del semanario satírico Charlie Hebdó. Pensé en la felicidad de reencontrarme con un viejo amigo y de, a pesar de la precariedad en que vivimos instalados, poder ser felices tomando unas cervezas después de trabajar recordando un pasado sin trabas.

Coda: El 7 de enero de 2015 dos hombres armados irrumpieron en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdó y mataron a 11 personas, además de dejar a 11 más heridas. Cuatro días más tarde, 40 líderes mundiales encabezaban una marcha de dos millones de personas bajo el lema ‘Je suis Charlie’.

Rechazo las críticas que han recibido y me saco el sombrero ante la última portada del semanario satírico. Me costó unas cuántas birras artesanas entender que es un retrato excelente de la sociedad que formamos. ¡Chapeau!

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