Rajoy y Mas se necesitan y ya no lo ocultan

Por si había alguien que aún tuviera dudas, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lo dejó bien claro el pasado sábado: la defensa de la Constitución será un eje central de su campaña para la reelección, el próximo mes de noviembre. Hay otro eje más inseguro: la recuperación económica. Rajoy se ha permitido decir que éstas serán las últimas Navidades de la crisis y que, de ahora en adelante, todo serán buenas noticias económicas: el paro bajará, el país crecerá, la gente consumirá más, la deuda se pagará más barata… Pero nada garantiza que las cifras acompañen las previsiones que hace el presidente del Gobierno.

En cambio, utilizar la carta de la defensa de la unidad de España contra los catalanes separatistas es jugar sobre seguro. Cuenta con que la oposición a la independencia de Catalunya le dará en España los votos que le negarán los ciudadanos que han visto cómo les desmontaba el sistema del bienestar en un santiamén.

Necesita, claro, que Artur Mas, al frente del independentismo, no afloje. Nada perjudicaría más los intereses electorales de Rajoy que de Catalunya le llegue una propuesta constructiva de pacto potente y con amplio consenso. Si hubiera habido una consulta seria el 9 de noviembre, a Rajoy le habría preocupado más que los catalanes se hubieran decantado por el federalismo que por el independentismo.

Por esto, Mas y Rajoy se necesitan mutuamente. Y necesitan que el otro no mueva ficha. Si Rajoy dice que está dispuesto a negociar una fórmula que escuche la voz de los catalanes, Mas perderá apoyo. Si Mas dice que está dispuesto a presentar una apuesta que no conlleve la ruptura con España, Rajoy temerá por sus votos unionistas.

Ambos han hecho de la necesidad, virtud. Pero virtud para ellos, no para la ciudadanía. Ahora que está clara la conjura convendría que los ciudadanos -en Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia o Santiago- se lo reprochen. Y, en política, los reproches deben concretarse en echar a los políticos que piensan en ellos mismos y en sus partidos y no en el conjunto de la ciudadanía. Para echar a Rajoy habrá que esperar once meses. La fecha de caducidad de Artur Mas es más incierta. Pero si aguanta hasta las próximas elecciones generales, se encontrará con que el sucesor de Rajoy no le pondrá las cosas tan fáciles para seguir tirando del recurso independentista.

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