La única solución: la dimisión de Artur Mas

El callejón sin salida en el que se encuentra Catalunya sólo tiene una solución: la dimisión inmediata del presidente Artur Mas y su sustitución por un diputado de CiU que tenga el apoyo mayoritario de la federación (¿Germà Gordó?) y el de los socialistas para salvar la legislatura y sanear las caóticas finanzas de la Generalitat. Es la hora de los democristianos –tanto de los del sector católico de CDC como de los de Unió Democràtica- y a ellos corresponde dar el «golpe de estado» interno que fuerce la decisión, imprescindible e inaplazable, de renovar el liderazgo de la principal institución de autogobierno de los catalanes.

Hay muchas razones para exigir la dimisión de Artur Mas:

1. Es el heredero y albacea de la estructura corrupta montada, desde hace décadas, por la familia Pujol para saquear los Presupuestos de la Generalitat

2. La aparición de una copia de su DNI en la cuenta del banco LGT de Liechtenstein que figuraba formalmente a nombre de su padre y su conexión con una cuenta en la banca UBS de Suiza lo inhabilita, según los cánones europeos de transparencia exigibles a la clase política, para continuar ni un día más en la presidencia de Catalunya

3. A través de su fiel secretario y hombre de máxima confianza, Daniel Osàcar, está «pringado» hasta el cuello en el escándalo del saqueo del Palau de la Música. Es absolutamente impensable que Artur Mas no estuviera al corriente de la trama Ferrovial-Millet-CDC y sólo la pésima instrucción judicial dirigida por el juez Juli Solaz explica que hayan desaparecido pruebas y pistas cruciales que, sin duda, habrían determinado con más precisión el tráfico de maletines entre el Palau de la Música y la sede de la calle Córcega, donde el actual presidente de la Generalitat ostentaba, como secretario general del partido, la máxima responsabilidad sobre las finanzas de Convergència.

4. Durante los cuatro años que lleva como presidente de la Generalitat, Artur Mas ha mantenido y alimentado las dinámicas corruptas en la administración catalana. Mencionaré algunos casos que desprenden un hedor insoportable y que han pasado desapercibidos bajo el «ruido» del «proceso»: la adjudicación de multimillonarios contratos del Centre de Telecomunicacions i Tecnologies de la Informació (CTTI) a empresas vinculadas a David Madí y a su cuñado, Joan Antoni Rakosnik; la creación de una célula de espionaje político a partir del CTTI; la privatización de la empresa pública ATLL a Acciona, anulada por los tribunales; la venta masiva de edificios públicos de la Generalitat con la intermediación del despacho de abogados de Miquel Roca Junyent; la renovación de los escandalosos contratos entre TV3 y Mediapro; las subvenciones a los medios de comunicación y la adjudicación de las nuevas frecuencias de radio para que hincharan el «globo» del «proceso»…

Pero, además de los affaires más escabrosos, hay dos razones políticas concretas para exigir la dimisión de Artur Mas:

1. El fracaso de la consulta del 9-N. Artur Mas prometió solemnemente que el día 9 de noviembre los catalanes votaríamos la consulta sobre el «derecho a decidir» y es evidente que esto no será posible. Esta semana ha anunciado un sucedáneo sin ningún tipo de credibilidad jurídica ni internacional. Si le queda una brizna de decencia y coherencia democrática, justo después de hacer el anuncio de esta pantomima hubiera debido presentar su renuncia al cargo.

2. Los brutales recortes que, en los últimos cuatro años, ha perpetrado la Generalitat de CiU en la sanidad, en la educación, en los servicios sociales, en los sueldos de los funcionarios… han hundido a amplios sectores de la sociedad catalana en la miseria. Y, para más inri, esta despiadada política neoliberal dirigida por el consejero Andreu Mas-Colell no ha servido para nada. Las finanzas de la Generalitat, a día de hoy, están totalmente en quiebra y el endeudamiento del Gobierno catalán se ha disparado de los 35.000 millones (año 2010) a los 65.000 millones (año 2014). Para decirlo sin tapujos: los Presupuestos pactados por CiU y ERC eran papel mojado, las previsiones de ingresos eran quiméricas y hoy no hay ni un euro a la caja para pagar las nóminas y atender las factura de los proveedores.

Sólo hay un problema: ¿de qué vivirá Artur Mas una vez abandone la presidencia de la Generalitat? Que Isidre Fainé le encuentre un cargo bien remunerado y lejos de Catalunya.

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