En vísperas del encuentro de presidentes (Quim Torra y Pedro Sánchez), el Partido Popular de Pablo Casado denunció Torra por "usurpación de funciones" por "empeñarse" a seguir como presidente. Entienden y defienden que está inhabilitado por la Junta Electoral Central (JEC), aunque la sentencia aún no sea firme. Todo esto viene a cuento de la desobediencia, reconocida por el propio acusado, a descolgar inicialmente una pancarta donde se reclamaba la libertad de los presos independentistas, coincidiendo en campaña electoral. No seré yo quien defienda a Torra, que se ha ganado a pulso pasar a la historia como el presidente más inoperante de Cataluña, pero según establece el artículo 24.2 de la Constitución todos tenemos derecho a la presunción de inocencia; una presunción que no se pierde hasta que no hay una sentencia firme de culpabilidad.

La noticia coincide en el tiempo con una revelación periodística que ha pasado de puntillas y que indica que, presuntamente, el PP de Mariano Rajoy se gastó medio millón de euros de fondos reservados para proteger el partido de su caja B. Según explicaba la SER, el ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz destinó esta cantidad entre 2013 y 2015 a la operación Kitchen, en la que el comisario Villarejo y el resto de su policía política, supuestamente espiaron Luis Bárcenas e intentaron recuperar y destruir pruebas que comprometieran a dirigentes de la formación conservadora. Los 500.000 euros fueron empleados para sobornar al ex chofer de Bárcenas, Sergio Ríos, en los dispositivos necesarios para colocar cámaras espía y micrófonos en el domicilio donde el extesorero guardaba documentación del caso, y en los seguimientos a la familia e incluso a la empleada del hogar. Los investigadores sostienen que con este dinero también se pagó al falso cura que secuestró a punta de pistola a la esposa y al hijo de Bárcenas, para conseguir pruebas de la caja b.

Esta semana en el que falleció el maestro de la comedia surrealista, José Luis Cuerda, la actualidad parece que le ha querido rendir un último homenaje con una rocambolesca historia de espías, sobornos y secuestros, muy propia de la España que caricaturizaban Cuerda, Berlanga o Azcona. Lo bueno del caso es que el PP, que en los últimos años ha dado motivos más que suficientes para ser inhabilitado, se mantiene impertérrito, disfrutando de la justicia bipolar: la que reclama para Torra y para tantos otros, y la de su barra libre. Mientras va dando lecciones de lo que está bien y lo que está mal su alfombra derrama mierda. Como dice el dicho popular, "consejos vendo y para mí no tengo". Haría bien el PP de leer el evangelio de Juan (8,1-11), el de los maestros de la ley que querían lapidar a una mujer acusa de adulterio, y Jesús les dijo: "Aquel de vosotros que esté sin pecado, que tire la primera piedra...". Menos mal que, a pesar de Torra y populares, como decía Cuerda, "amanece, que no es poco"...