De cara a la próxima temporada, el Barça de Joan Laporta, parece evidente, necesita refuerzos en posiciones clave y fondo de armario para competir en todas las competiciones, dos aspectos del trabajo que, básicamente, recaen en la dirección técnica de los equipos que han disputado los cuartos de final de la Champions. En el caso del Barça, el eje del mal integrado por Laporta, Alejandro Echevarria y Deco, este trío reforzado por las elecciones del 15 de marzo pasado.
Se enfrenta, ahora mismo, al reiterado y único desafío de cubrir el déficit angustiante y recurrente del fair play y la necesidad de vender futbolistas como Marc Casadó, Balde y Ansu Fati antes del 30 de junio, con la finalidad última y prioritaria de retener como sea Marcus Rashford y Joao Cancelo.
No es el panorama más atractivo, aunque real, ni tampoco el relato que la prensa comercial del laportismo ofrecerá a partir de hoy mismo al amplio espectro social de este barcelonismo felizmente resignado a convivir en el «contra todos y contra todo».
Un escenario en el que se subrayan hasta el infinito y más allá las vicisitudes y contradicciones arbitrales que el Barça debe soportar y se dejan de lado, conveniente y sistemáticamente, las deficiencias y errores propios, que los hay y son fácilmente detectables desde una mirada objetiva y constructiva.
Una vez certificado que el balance de la temporada será de dos títulos, Liga y Supercopa de España, por debajo del triplete del primer año de Hansi Flick, y habiendo caído en la Champions antes incluso de las semifinales.
El Barça debe superar esta tendencia a justificarlo todo con el VAR y atrevirse a admitir que, con Lamine, por bueno que sea, no basta para resolver todos los partidos y que, por citar sólo un verso fácil de la poesía táctica azulgrana, el equipo necesita un poco más de puntería arriba y menos faltas de roja directa en momentos clave.
Es más fácil y asequible a sus excepcionales cualidades ofensivas y de agresividad remontar dos goles de diferencia atacando con once en el campo que marcar con diez.
Errores enmendables
Son errores tan visibles como enmendables, aunque subyacentes por debajo de esta estadística de los casi 150 goles anotados esta temporada, la mitad redundantes a efectos de puntos y de partidos de eliminatoria clave, y de la coincidente sensación entre los aficionados de que a Lewandowski hay que jubilarlo con los más y merecidos honores y que Ferran Torres no es la solución ideal.
Sin entrar en detalles ni más asuntos internos que sólo a Flick le corresponde solucionar, el Barça debe evaluar y analizar la lectura del palmarés europeo que le precede al desastre del pasado martes en el Metropolitano, evitable porque a la Liga el Barça le saca una ventaja más que considerable y porque futbolísticamente las trazas son de superioridad indiscutible.
El Barça tiene dificultades en superar las eliminatorias difíciles en la Champions
Desde la temporada 2021-22, cuando Laporta asume las riendas, decide el entrenador y ficha lo que le parece, además de despedir a Messi y Griezmann, el Barça sólo ha superado en eliminatorias directas a los siguientes rivales: el Nápoles y Galatasaray en la Europa League tras fracasar en la fase de liguilla de Champions. Lo mismo en la siguiente (2022-23), desviado a la Europa League tras una pésima fase de liguilla. El Manchester United lo eliminó a la primera.
En la Champions 2023-24 sí se clasificó para los octavos, donde sólo dejó atrás al Nápoles antes de caer en los cuartos ante el PSG inapelablemente.
Lo más lejos que ha llegado en competición continental fue en la edición anterior, en las semifinales, cayendo ante el Inter tras dejar en la cuneta al Benfica y al Borussia Dortmund.
No hay víctimas ilustres ni de primera línea en el balance de estos últimos años de obligada y difícil regeneración del mejor equipo de todos los tiempos bajo la batuta de Leo Messi.
Lamine y La Masia
Por suerte, la inesperada figura de Lamine Yamal y de otra quinta de oro de La Masia ha facilitado mantenerse en un nivel más que aceptable y evitar lo que podía haber sido un hundimiento futbolístico del Barça en la misma proporción y desgraciada magnitud que en el ámbito económico, financiero y patrimonial de la mano de Laporta.
Pero está en las manos de Laporta, de Echevarria y de Deco dotar a este brillante en bruto que es Lamine Yamal y su también joven guardia pretoriana de unas condiciones de vida y de crecimiento adecuadas para luchar de verdad por la Champions y sobre todo hacerlo antes de que el Real Madrid salga de su susto particular y sea capaz de dar tres pases seguidos a la Liga.
El peor elogio que se le puede dedicar a este Barça, caído en Copa y Champions ante el At. Madrid, un equipo que ha hecho de la mediocridad virtud y una apasionante y desguitarrada manera de vivir el fútbol, es aplaudirle porque «lo ha dado todo».
Limitaciones
Si es así, es reconocerle más limitaciones y problemas de los que esta decadente gráfica europea dibuja, dejando claramente a este Barça por debajo de la primera línea.
Y no se trata sólo de fichar algo más que descartados como Ferran Torres, Rashford, Cancelo, Szczęsny o incluso el propio Lewandowski, insuficientes para ganar una final de la Copa de Europa.
También habría que reducir el grado de petulancia y de divismo de Lamine Yamal y, en general, el de una plantilla, de una directiva y de una prensa, justamente culpable, también, de debilitar al equipo por el abuso de la locura gratuita y exagerada, falta de crítica y de autocrítica, que va presumiendo equivocada y anticipadamente de ganar la Champions y el Balón de Oro.
Hay equipo, potencial y tiempo para que este vestuario lo consiga. Sólo necesita una acertada y constante atención de un presidente cuyos intereses no relevan siempre los del Barça muy por debajo de sus particulares.











