Las obras del Spotify Camp Nou, consecuencia de la mediocre y desastrosa gestión de Limak, la única constructora del mundo con Laporta-dependencia tras su elección unilateral por parte del presidente del FC Barcelona, se alargarán como mínimo a lo largo de cinco años si es que no aparecen nuevos retrasos o inconvenientes que prolonguen la reforma del estadio azulgrana.
La constructora que, según el propio Joan Laporta, fue la elegida porque era la única que cumplía y respondía con infalibilidad a los tres desafíos del proyecto: el precio más bajo, cumplir los plazos previstos y capacidad de adaptación a los cambios improvisados por el propio presidente, pasará a la historia, precisamente, por todo lo contrario.
Sin el menor riesgo de equivocarse, ya se puede afirmar que Limak solo puede empeorar el final de obra, ahora situado en el horizonte del verano de 2028, es decir, cinco años después de haberla comenzado.
Y también se puede confirmar, a estas alturas, que costará algo más que los 1.500 millones de euros que el Barça no volverá hasta más allá del año 2050, quizá incluso más tarde y con una carga de intereses mayor, eso sin cuantificar el Espai Barça, aún pendiente de empezar, que si se le queda Limak no bajará de 1.000 millones añadidos, intereses al margen.
Es la consecuencia directa de su demostrada incapacidad para resolver el capricho presidencial de rediseñar arquitectónicamente las zonas VIP y la tercera gradería, broma macabra que le costará al Barça una reducción sustancial de los ingresos del Matchday y una incidencia inmediata en su capacidad para no fichar, por ejemplo, a ni Bernardo Silva, en su día, ni Kimmich, ni Merino, ni Luis Díaz ni tampoco Julián Álvarez este verano. Gordon era el plan C.
Incumplimiento sin indemnización
Con todo, el incumplimiento más descarado y denunciable lo ha concentrado Limak en el engaño gigantesco de jurar y perjurar, verbalizado por su protector, de limitar el exilio en Montjuïc durante una temporada, como mucho hasta el 29 de noviembre de 2024, fecha del 125º Aniversario del FC Barcelona, que también se cargaron entre Laporta y su constructora turca.
La barbarie social, económica y patrimonial derivada del gran bache, responsabilidad de ambos, Limak y Laporta, es casi indescriptible, porque sólo en cuanto a los plazos, los socios que ya aceptaron a contracorriente dejar el Camp Nou una temporada, que habría supuesto el 20% del periodo de obras, ya llevan acumulado algo más del 80% del tiempo constructivo hasta hoy sin que, además, el estadio se haya podido reabrir al 100% de su capacidad y de su explotación.
En la proyección del club, que prevé colocar la cubierta a partir del verano de 2027 con una previsión de 7 meses, los socios deberán volver a Montjuïc y, hasta la recuperación definitiva de la normalidad, habrán estado alejados de su estadio 37 meses de los sesenta meses de obra, el 61% del tiempo.
Incomodidad para los socios
Más incomodidad y problemáticas para los socios, a los que ahora les espera un largo invierno a la intemperie y otro exilio que no se contemplaba, de ninguna manera, en el proyecto inicial de cuatro veranos de trabajos, haciendo compatible seguir jugando en el estadio, al igual que la cubierta, arquitectónica y sin tensores, no suponía una complicación añadida.
En la caja del Barça, esta situación le ha supuesto renunciar a ingresos, forzar una renegociación de la devolución del capital a tipos de interés de usura y quedar en manos de Goldman Sachs, que ahora es quien recauda el dinero del estadio y los reparte según su criterio, como mínimo con 100 millones menos para fichar cada año antes de liquidar al club su parte. El Barça ya no es el propietario de la explotación.
Las expectativas de que en agosto pueda estar a punto la tercera gradería también parece que se descartan, de momento, situando el pleno empleo para finales de año, con suerte.
Quedarán, entonces, seis meses más de relativa normalidad antes de que, por los preparativos del toldo con el que se protegerá el nuevo recinto, el equipo de Hansi Flick, socios y aficionados se trasladen de nuevo a Montjuïc para establecer, gracias a los incumplimientos sistemáticos de Limak, un récord de ausencia del estadio de 37 meses cuando deberían haber estado solo 12 meses o muy poco más.
Entusiasmo presidencial
El relato y la versión oficial de Laporta y de sus acólitos siguen siendo una recopilación de entusiasmo, felicitaciones, elogios y reconocimientos a Limak por su eficiencia y méritos sin que la directiva contemple, en ningún caso, penalizaciones por los atrasos, históricos, además de los diversos destrozos que continúan deteriorándose.
La mayoría reconociendo que se trata de problemas previos a la reforma que no se han tenido en cuenta a pesar de ser conocidos, como las deficiencias en la evacuación, la (baja) altura de los techos de la primera gradería, la U televisiva que no permite vender más de mil entradas por partido, la estrechez de las sillas y filas donde sentarse es un infierno o las posiciones para espectadores con sillas de ruedas que se han tenido que rehacer. para ganar visión.
Por no hablar de los escándalos y las multas millonarias por pisar los derechos de los trabajadores, en la misma línea que Laporta lo hace con los socios, o contratar a decenas de personas sin papeles.
Y todo ello lo sabía Laporta antes de asignar la obra a una constructora nominada precisamente para adaptar la reforma a extraños intereses personales con la consecuencia de que, resultando la obra más costosa y más tardía, ha sido necesario ahorrar en materiales y hormigón. Todo ello, delirante.









