A un año de las elecciones, ni Junts ni Aliança ni la CUP tienen candidato para Barcelona

Desconcierto entre las fuerzas independentistas, muy agotadas tras el fracaso del “procés”

Bluesky
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Jaume Alonso-Cuevillas

Jaume Alonso-Cuevillas quiere ser alcalde de Barcelona.

El independentismo tiene un grave problema en la ciudad de Barcelona. A poco más de un año de las elecciones municipales, las fuerzas soberanistas aun no tienen candidatos a la alcaldía, salvo Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), donde Oriol Junqueras ha impuesto a su mano derecha, Elisenda Alamany, que además es la secretaria general del partido.

Pero Junts per Catalunya (JxCat), Aliança Catalana (AC) y la CUP aún carecen de candidato a las elecciones locales, lo que no deja de ser un hándicap a la hora de competir con sus rivales, que ya van realizando el rodaje de sus cabezas de lista. En Junts hay problemas internos. Jordi Martí Galbis, con el apoyo de Xavier Trias, quiere ser el candidato. Pero el jefe de Waterloo piensa diferente. Carles Puigdemont quiere a alguien de su entera confianza, maleable y dócil, no un experimentado profesional de la política que conoce los mecanismos públicos y que no se dejaría arrastrar fácilmente por derivas incongruentes y caprichosas.

El presidente postconvergente tiene a su candidato propio: Josep Rius, a quien situó como “comisario” en el Parlament y más tarde en el Ayuntamiento para posicionarlo como relevo de Trias. Este, no obstante, ya ha mostrado su predilección por Jordi Martí Galbis, con quien trabajó estrechamente en el consistorio. Los posicionamientos radicales de Rius y de su padrino Puigdemont le quedan lejos, pese a que en muy pocas ocasiones se le ha oído crítica alguna hacia la dirección de Junts.

Alonso-Cuevillas también se postula

Pero Puigdemont tiene otro problema añadido: la irrupción en la escena política de Junts de su abogado, Jaume Alonso-Cuevillas, que le ha llevado los más importantes procesos judiciales y a quien hizo miembro de la Mesa del Parlament.

Jaume Alonso-Cuevillas, ex-decano del Colegio de Abogados de Barcelona, se ha autopropuesto como candidato, rompiendo la regla de oro de Junts de esperar a la orden del jefe para dar un paso de tal magnitud. En el partido se asegura que el letrado avisó antes a Puigdemont de su intención de postularse como alcaldable, “de lo contrario sabe que se exponía al rechazo frontal de Puigdemont, aunque sólo fuese por las formas”.

Alonso-Cuevillas asegura a quien quiera oírle que hace meses que propuso su candidatura, que no es una cosa nueva. “Hice saber hace meses que sí, que estaría disponible. A partir de aquí, es el partido quien tiene que decidir y nada más a decir”, ha asegurado en las redes sociales. “Se equivoca -rebate una fuente interna de Junts-. No es el partido, sino los militantes, puesto que se deberían convocar primarias para elegir al candidato. Decir ‘el partido’ es una cosa muy del pasado, cuando el candidato se decidía a dedo en sesiones cerradas de la dirección. Ahora se ha democratizado la elección y el candidato se decide en las urnas por parte de los militantes. Lo que sería deseable es que la decisión se tome cuanto antes para dar tiempo a realizar una campaña potente de cara a las municipales”.

En Junts temen un revés electoral

El peligro para Junts es dejar pudrir la situación, ya que las encuestas le pronostican un importante descenso y pasar de primera a cuarta fuerza política en el próximo consistorio, tras los socialistas, ERC y los comunes. El tridente a alcaldable, pues, se enfrenta a una situación difícil porque es una lista de caballo perdedor. Y si al desencanto del electorado se le añade la tardanza en elaborar la candidatura, el tortazo puede ser mayúsculo.

En el partido se contiene la respiración ante la delicada situación. Desde la cúpula no se mostrará preferencia por ninguno de los candidatos, oficialmente para no influir en la militancia ni viciar el proceso de primarias. Pero en realidad, según reconocen internamente, existe un miedo cerval a que la situación se descontrole y un sector acabe creando un cisma interno por el posicionamiento partidista de la cúpula. Por ello, la consigna es callar.

De todos modos, hay una anécdota que ilustra que la candidatura de Junts va más allá de las propias filas posconvergentes y despierta interés en sus rivales. Por eso vale reseñar que el apoyo más extraño que le ha llegado a Alonso-Cuevillas es el de Rubèn Novoa, redactor de política en un portal digital cercano a Aliança Catalana, partido por quien no esconde sus simpatías: “La gente está harta del magismo de Junts y tú vales mucho más que esto”. Pero el abogado no está dispuesto a rendirse, sino a plantar batalla a sus rivales Jordi Martí y Josep Rius.

Jaume Giró dice no

Aliança Catalana (AC) es otro barco a la deriva que perfila sus candidatos con mano de hierro en guante de seda. Sílvia Orriols y los suyos no están dispuestos a que el partido se convierta en una olla de grillos como le pasó a Plataforma per Catalunya (PxC) y escrutan con lupa el perfil de todos los candidatos. El 23 de abril harán públicos los cabezas de lista y se acabará el enigma, pero lo cierto es que el partido de ultraderecha tiene varias personas interesadas en encabezar su lista, que parece que tendrá éxito y entrará en el consistorio con paso firme. De hecho, una gran parte del bajón de Junts se achaca a la penetración de los orriolistas en Barcelona.

Para su lista se barajan diversos nombres: por un lado, dirigentes del partido han sondeado a personajes como el ex-director general de la Fundació La Caixa y ex-conseller de Economía de la Generalitat, Jaume Giró, que rechazó el ofrecimiento. Giró abandonó la dirección de Junts tras varios encontronazos con la cúpula y al ver que no podía reconducir el partido hacia posicionamientos moderados como los de la antigua Convergència. Los vaivenes ideológicos al servicio de Carles Puigdemont le procuraron muchos dolores de cabeza y sinsabores durante su etapa en la Ejecutiva, hasta que tiró la toalla, dejó su escaño en el Parlament y volvió a sus actividades privadas.

El candidato “andorrano”

Pero no ha sido el único sondeado por AC: el economista y empresario Alfons Godall, ex-vicepresidente del Barça durante la primera etapa de Joan Laporta, está en la agenda de Orriols como un posible alcaldable en la capital. Se trata de un perfil netamente independentista y de corte duro, cuyo extremismo se ha ido acentuando conforme han pasado los años. Su único problema es que se ha trasladado a vivir a Andorra.

El pasado 9 de abril, Godall retuiteaba un mensaje del ex-conseller republicano Joan Carretero, que tras salir de ERC y fundar Reagrupament, acabó en extrañas coaliciones de partidos radicales y, finalmente, se abandonó en brazos de los postconvergentes. “Sin un Estado propio, Cataluña independiente y soberana, no podemos pretender que nos respeten: ni la nación, ni la lengua, ni a los catalanes, ni al Barça, ni nada a nuestro. Si somos tan pusilánimes, nuestra desaparición está a tocar. En el Parlament del Zoo solo tocan y tocarán el flautín”, decía el ex-conseller republicano. Godall emitió paralelamente otro tuit similar: “Ni a Cataluña ni tampoco al FC Barcelona nos respetarán nunca mientras que no tengamos un Estado propio”.

Desde su surgimiento, Alfons Godall ha seguido con interés la trayectoria de Sílvia Orriols y de AC. En 2024, tras un editorial del digital Vilaweb criticando a la líder de la ultraderecha tildándola de racista y xenófoba, Godall fue una de las voces que exigió a su director, Vicent Partal, una disculpa o se daba de baja del diario. “Te has ganado un bloqueo y has perdido un suscriptor”, advirtió al editor. Tras su posicionamiento, muchos de los lectores del digital manifestaron su intención de darse también de baja del periódico.

Santiago Espot, en campaña

 Alfons Goldall no es el único nombre que suena. El activista Santiago Espot ha comenzado una intensa campaña de propaganda para colocarse en la pool position y pactar su candidatura con Orriols. En esa campaña, inventa un cara a cara con Jaume Collboni, como si el propio Espot fuese prácticamente el jefe de la oposición. “Los siete frentes de Espot y Collboni. Escoged”, es el lema de su campaña.

Entre otras lindezas, compara siete puntos de un candidato y otro, reservándose las flores para él y los insultos para su rival. En el punto 2, por ejemplo, destaca su intención de “combatir a las élites económicas de la capital, que impulsan un modelo económico basado en un turismo masivo y la consiguiente importación de mano de obra barata para mantenerlo”. Collboni, en cambio, tiene el papel de “hacer de sirvienta de los lobbies económicos de la capital como Barcelona Global”.

Confronta su Barcelona como “de orden, culta y elegante” frente a la Barcelona “insegura, degradada y convertida en un vertedero en todos los sentidos” de Collboni. Y, por descontado, aborda el tema lingüístico, el principal argumento del independentismo de nuevo cuño: “La lengua catalana, obligatoria en todos los ámbitos de la ciudad” frente a “al catalán, un idioma prescindible en muchos barrios de la capital de Cataluña” de Collboni.

La paradoja de Espot es que en Barcelona ya concurrió como candidato de Solidaritat Catalana per la Independència (SI) en 2011, obteniendo un resultado marginal. El bandazo hacia la extrema derecha es el paradigma de la esquizofrenia en la que está inmerso todo el arco del nuevo independentismo tras el fiasco del procés.

La CUP, desorientada

Por su parte, la CUP debate aún su esencia e identidad. Tampoco tiene aún candidato, pero los anticapitalistas no se rigen por las mismas normas políticas que sus rivales ni les afectan tanto los estándares políticos convencionales. Su electorado es más purista y con una mayor fidelización, aunque los vaivenes ideológicos, las actuaciones sobredimensionadas, los escándalos de sus dirigentes y las extrañas alianzas con la derechona caciquil de Junts le pueden pasar factura.

El fracaso de la implementación del procés Garbí para reconducir su estrategia no ha dado los resultados esperados y en la actualidad el partido se encuentra en una situación de desconcierto total, sin rumbo fijo, con pactos diversos, desde la derecha a la izquierda y con la imagen pública destrozada. Algo así como los demás partidos independentistas, excepto la AC de Orriols, que se aprovecha de  los miedos de sus rivales para proponer acciones y eslóganes más propios de un régimen de posverdad que de una sociedad avanzada del siglo XXI.

 

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