Joan Laporta, reelegido presidente del FC Barcelona, incorporará a partir del 1 de julio de 2026 una nueva junta directiva de veintidós miembros. El órgano combinará veteranos de mandatos anteriores con cinco caras nuevas, ya presentadas en marzo durante la campaña, sin que generaran especial expectación en el entorno azulgrana. De hecho, todo apunta a que el presidente ha querido perfiles que no le disputen protagonismo ni proyecten una sombra excesiva con sus currículos. Estas incorporaciones culminan la transición posterior a las elecciones del 15 de marzo de 2026, periodo en el que Rafael Yuste ha ejercido como presidente interino hasta el 30 de junio.
Los refuerzos de Laporta responden a perfiles vinculados a tres ámbitos económicos —el inmobiliario, el económico y el financiero— que, con la excepción quizás de Carme Hortalà, habrían sido incorporados con una finalidad eminentemente material: contribuir, de su propio bolsillo, a la financiación de la campaña de reelección. Principalmente, a sufragar el coste del local y la operativa de la sede, la logística de la recogida de firmas, algunos desplazamientos puntuales y una publicidad muy focalizada en determinados medios para reforzar la proyección de Laporta. Por otro lado, la prensa afín y su potente entramado digital en las redes también habrían contribuido decisivamente a amplificar su mensaje y a influir en los socios, sin demasiados miramientos en cuanto a la presunta neutralidad electoral.
Los acabados de llegar son empresarios y profesionales como Carles Ayats (inmobiliario), Xavier Barniol (inmobiliario), Carme Hortalà (finanzas), Jaume Nicolás (automoción y finanzas) y Jaume Santiveri (inmobiliario y automoción).
El peso de Carme Hortalà
Laporta, en realidad, no necesita ninguno de ellos. La única con antecedentes es Carme Hortalà, incorporada la temporada 2022-23 como miembro —y vicepresidenta— de la Comisión Económica Estratégica. Se mantuvo firme cuando su presidente, Joan B. Casas —sustituto de Jaume Guardiola—, vaciló y se apartó a raíz de la denuncia de un socio por el aval de un controvertido incumplimiento estatutario vinculado al préstamo del Espai Barça. Laporta la acabó recompensando con una presidencia efímera. A Hortalà le correspondió, así, dar la cara y defender ante los socios una gestión marcada por varias operaciones opacas, irregulares y de más que discutible rigor contable desde media legislatura. Entre ellas, la fallida venta inicial de los asientos VIP, que ella misma avaló con un informe muy cuestionado y que ni siquiera el auditor, Crowe Global, acabó admitiendo meses después.
También tuvo que asumir el ‘merder’ del deterioro de Barça Visión hasta tres veces. Primero, cuando Laporta y el tesorero, Ferran Oliveras, prometieron y dieron casi por cerrada —a falta de un par de due diligence— la llegada de inversores para culminar la supuesta venta de Barça Studios. Después, cuando el auditor anterior, Grant Thornton, introdujo una salvedad en las cuentas ante la negativa de Laporta a aceptar la desvalorización de Bridgeburg Invest (Barça Visión). Pese a ello, Hortalà defendió ante la asamblea que los socios podían aprobar unas cuentas que no reflejaban fielmente la situación financiera del club. Finalmente, en una decisión que compromete su perfil profesional, aceptó que 90 millones correspondientes a la excepción del ejercicio 2023-24 —que no se reconocieron en el momento oportuno y que deberían haberse aflorado al cierre de 2024-25— se reclasificaran entre las pérdidas del ejercicio anterior, en una operación que varios expertos califican de irregular.
Por eso Laporta la ha elegido entre sus numerosos afines, muchos de los cuales aspiran a un asiento en la lonja. La nueva directiva se sitúa claramente alineada con los intereses del presidente y comparte su inclinación a buscar fórmulas para esquivar los controles internos y minimizar el peso de los socios en la toma de decisiones. Difícilmente se puede esperar, en este contexto, el mismo talante ni el mismo nivel de exigencia profesional que Hortalá aplica en la atención a sus clientes.
Habrá que ver cómo gestiona, en el futuro, el hecho de que su reputación —y la de sus negocios— quede progresivamente asociada a unas prácticas financieras y económicas de este signo, de las que, como directiva, será corresponsable. A pesar de haberlas defendido públicamente entre aplausos y muestras de adhesión a la junta, los resultados siguen siendo los que son: temporadas consecutivas con pérdidas, palancas agotadas, limitaciones para fichar y un patrimonio neto negativo. Un escenario que difícilmente le es ajeno, aunque opte por no cuestionarlo.
Queda por ver qué impulsa realmente su trayectoria barcelonista, a la sombra de un presidente de gestión errática y marcado por decisiones económicamente controvertidas. Puede responder a una ambición notable, sustentada en su formación y conocimientos en materia económica —especialmente financiera—, o bien a una motivación más vinculada al prestigio social del cargo y al entorno de la lonja.
¿Qué papel ocupará?
Tampoco ha trascendido si Laporta la quiere a su lado como baluarte y como guía en un escenario de futuro especialmente complejo, en el que actores como Goldman Sachs pueden ganar peso en la gestión de la explotación del estadio. Parece poco probable, sin embargo, que el presidente le confíe de golpe el acceso a las dinámicas internas más sensibles del gobierno del club. Aún más difícil resulta que acabe asumiendo una vicepresidencia económica con voz, voto y capacidad real de decisión, dado que no hay ningún indicio de que Laporta tenga intención de recuperar esta figura, vacante desde la salida de Eduard Romeu hace dos años.
En aplicación de una cierta lógica, este puesto debería corresponder a Ferran Oliveras, hasta ahora supertesorero con más atribuciones y visibilidad de lo habitual, y escogido por Laporta para presentar el informe económico a la última asamblea. Sin embargo, sorprende imaginar un ascenso en esta dirección: sería un movimiento poco coherente con su manera de hacer y con su instinto de control dentro de una junta a la que, como hasta ahora, le conviene mantener alejada de las interioridades de la caja y la contabilidad. Del mismo modo, también resulta poco probable que Carme Hortalà asuma un cargo más allá de una vocalía. En todo caso, el presidente todavía puede permitirse aplazar la decisión hasta el 1 de julio —o incluso más allá.










