¿Por qué los laportistas no entienden que sigan las críticas a la junta?

Bluesky
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‘The New York Times’ assenyala els desastres financers de Laporta
‘The New York Times’ assenyala els desastres financers de Laporta

De pronto, el periodismo laportista se ha concentrado en una idea obsesiva, reclamando que, tras las elecciones, y a la vista de la inapelable victoria de Joan Laporta, la oposición tiene el deber y la obligación de estar callada, escondida y desaparecida hasta las próximas elecciones.

Y lo cierto es que Víctor Font, Marc Ciria y Jordi Vilajoana, por orden de desaparición, han desaparecido del panorama y de la actualidad barcelonista siguiendo esta disciplina lógica y se diría que exigible a los candidatos.

Entonces, a cuento de qué están floreciendo los articulistas denunciando un alboroto y un ruido que nadie más que ellos perciben. La respuesta los deja ridículamente donde han estado siempre, en babia y exhibiendo su verdadero perfil de personajes laportistas que, por encima de todo, es el de personal de carga propagandística, de obediencia ciega y generalmente indocumentados. Tanto, que confunden oposición con crítica y las elecciones con el único periodo breve en el que se permite a los socios opinar y participar a través de su voto en la vida del club.

Los columnistas que braman por aplicar censura, multas, penas de cárcel y hasta torturas a quienes no guardan ni la pluma ni sus opiniones representan la más pura esencia totalitaria del laportismo, personajes mediáticos cuyas entendederas más bien cortas no asimilan que, en realidad, no sólo no ha cambiado nada, sino que las cosas tienden a empeorar.

Que Laporta haya ganado las elecciones no presupone que la institución, el Barça, haya dejado atrás los graves problemas financieros y económicos que amenazaban su futuro la mañana del día 15 de marzo pasado. Eran los mismos tras el escrutinio de los votos y se agudizarán por culpa de ese continuismo ratificado con la voluntad masiva de los socios que fueron a votar.

Si Laporta es origen y causa del deterioro de las estructuras económicas del club, del incremento de la deuda, del exceso de fair play, de un gasto desmesurado e incomprensible, de retrasos y fallos arquitectónicos en la reforma del Spotify, del aislamiento y anulación de los derechos sociales, de manipulación y de trampas contables, de haberle llenado los bolsillos a un amigo (Darren Dein) a golpe de comisiones incalificables y exageradas…, en definitiva, de una lista interminable de disparates en la gestión, su continuidad garantiza la consolidación de uh declive imparable.

Lógico que, quienes no están en la nómina ideológica del laportismo y van por el mundo sin esa venda y sometidos a la obediencia ciega que deben profesar al presidente y su disparatado gobierno, sigan discrepando del relato fantasioso y surrealista que los medios leales al régimen sostienen a base omisiones y miedo.

Además, el laportismo militante no preveía que tras la goleada electoral el presidente ya tiene los días contados y fecha de caducidad. De la misma forma que él ya tiene manga ancha para sus atrocidades, para las peores, también sus críticos saben que cada día que pase su autoridad entrará en recesión, incluso en el interín de su propia junta, donde no faltarán aspirantes a la sucesión.

 

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