Después de diez años sin Cruyff, Laporta daña su memoria insultando a Messi

Lamentable y perversa utilización de la figura de Johan y de su legado (y el de Rexach, repudiado por el laportismo), ahora que ya no lo necesita y que deja al descubierto el gran resentimiento que guarda a Leo tras su último gol en el estadio.

Johan Cruyff marcant un gol icònic amb el Barça en un partit històric.

Con motivo del décimo aniversario de su muerte, la figura de Johan Cruyff ha sido ampliamente recordada, elevada a los altares de la leyenda y de la mitología azulgrana y, de nuevo, situada en el origen de cualquier esplendor, éxito o título barcelonista de los últimos 50 años.

A Joan Laporta le ha convenido, desde el primer día en que se propuso echar a Josep Lluís Núñez hace ahora 30 años, que el Barça de la era moderna, desde que conquistó la primera Copa de Europa en Wembley, el 20 de mayo de 1992, se explique exclusivamente a través de su personalidad, fundamentos futbolísticos y golpes de genialidad.

Laporta dedicó estratégicamente grandes esfuerzos, desde entonces, a promocionar y proyectar el efecto Cruyff en el Barça porque necesitaba que el Dream Team del 92, el de la Champions y las cuatro ligas consecutivas, tuviera vida propia al margen de Núñez.

De hecho, fue el despido de Cruyff como entrenador lo que provocó la reacción de aquel entorno de la plaza de Santiago y del sector del pujolismo que, cuando descubrió la verdadera vocación y naturaleza del personaje Laporta como agitador, radical y extremista contra Núñez, le prestó el apoyo necesario para dar vida al Elefante Azul y, de la mano de Cruyff, iniciar su carrera hacia la presidencia.

La canonización de Cruyff como la única e indiscutible fe barcelonista sirvió para echar bajo una pátina de esencia futbolística lo que, en definitiva, no fue más que una operación de acoso y derribo contra Núñez a favor de los intereses de Convergència, de lobbies mediáticos como TV3, Mediapro, el Grupo Zeta y empresarios afines al Gobierno catalán, con la inestimable y clave colaboración de las cloacas del poder de la plaza de Sant Jaume a través de las fuerzas tentaculares de la seguridad (Mozos), lo peor de la judicatura y de la podrida red de organismos y asociaciones sociales, ciudadanas, financieras y económicas bajo el control del ‘reinado’ de Jordi Pujol, cuya esposa, Marta Ferrusola, también había jurado venganza eterna a Núñez por un asunto doméstico de jardinería.

Estilo cruyffista

Así, el escudo Cruyff no hizo más que crecer y agigantarse. Laporta lo utilizó, y Johan se dejó usar durante años y años hasta su muerte por puro resentimiento contra Núñez, para fichar y comprar en su nombre futbolistas y servicios con una carga de comisiones más que pudientes.

El cruyffismo como estilo de gobierno agrupa, por definición, el laportismo propiamente dicho, pero también el guardiolismo y toda aquella absurda intelectualidad y barcelonismo de postureo atribuida a Jaume Roures que, cuando vio agotarse la veta laportista por el abuso, ambición y excesos de Laporta, envió sus ajenos al Manchester City para continuar conectado a las transfusiones de los petrodólares, indiferentemente si procedían de Qatar, Abu Dhabi, Dubai, Omán o de cualquier otro rico gobierno de Oriente Medio.

Por todas estas razones, Cruyff ha sido siempre el icono y el foco deslumbrante utilizado por Laporta para ocultar sus políticas asoladoras y de arrastre de las reservas económicas, financieras y patrimoniales del Barça de Núñez, del Barça de Sandro Rosell y del Barça de Josep Maria Bartomeu.

Pero, Cruyff, nunca ha sido, como pretende aparentar Laporta todavía, el ídolo de los socios y del barcelonismo como sí lo ha sido por él porque ha encubierto buena parte de sus maldiciones.

Los socios del Barça se han empapado el cuento de que Núñez era el malo más malo, Rosell aún peor y Bartomeu el mismo demonio. Lo que no le han comprado es que Johan encarnara el candor y la sensibilidad barcelonista en estado puro.

Más bien sospechaban que si llevó al Ajax siempre al corazón, el Barça siempre lo llevó en el bolsillo. El día que a Laporta se le ocurrió nombrarlo presidente de honor, un cargo no estatutario ni aprobado en asamblea, tuvo que hacerlo a puerta cerrada en el estadio porque había socios, pocos, manifestándose en contra, mientras la mayoría vivió ese gran día para Laporta con absoluta indiferencia, frialdad y distancia.

En cuanto a su obra futbolística, la leyenda sí la ha encumbrado, gracias a un rodillo mediático laportista imparable y manipulador, hacia una beatificación muy por encima de sus méritos, que se le deben reconocer en su justa medida y no en este formato donde la imaginación laportista no sólo no ha puesto límites, sino que ha creado, inventado, un relato inexacto, inexistente, mentira y perverso.

Incidencia nula en La Masía

Sobre todo en cuanto a su rol e incidencia nula en La Masía. Cuando Johan se sentará en el banquillo del Barça la temporada 1998-99 se hace cargo de una plantilla diseñada por Javier Clemente a la que le da un toque muy personal con dos fichajes de su propia mano, Romerito y Aloisio.

Esa misma temporada, con respecto al fútbol base y en los años posteriores, Johan sólo siguió al equipo de su hijo, Jordi, un juvenil que se tuvo que crear expresamente porque como extranjero no podía ser alineado en las categorías nacionales. También a su llegada obligó a que el Barça At. fichara y fuera titular Dani Muller, un jugador mediocre del plantel del Ajax que jugó en el filial azulgrana mientras era la pareja de una de las hijas de Johan.

No se puede discutir ni reprochar, al contrario, el amor de padre de Johan, ciertamente una persona entrañable y extraordinariamente familiar, pero de ahí a afirmar que «venimos de Cruyff» hay una galaxia y media de pura inventiva.

Aunque Cruyff se llevó merecidamente los honores y los éxitos del Dream Team, nada habría sido igual, o no habría sido seguramente, sin el legado inmenso e inigualable de Carles Rexach, tanto gigantesco e inalcanzable como anónimo.

Lo que no justifica —al contrario, resulta vergonzoso e inaceptable para el periodismo y también para la institución— que su figura no haya sido una de las grandes protagonistas de este homenaje póstumo a Johan diez años después de su muerte.

La figura de Rexach

Rexach fue, precisamente, quien aprovechó el gran potencial de la personalidad de Johan, pragmático, frío, ganador y líder nato, para canalizar la infinita calidad de aquella base (Julio Salinas, Bakero, Txiki Begiristain, Goikoetxea, Valverde, Soler, Eusebio, Unzúe, Lopez Rekate, Roberto, Alexanko y Zubizarreta) para ir modelando con su consejo e influencia, más los fichajes de Laudrup, Koeman y Stoichkov y las promociones de Milla, Amor, Guardiola, Ferrer o Sergi, construyendo un equipo que finalmente llevó al Barça a la gloria de Wembley.

Rexach era quien corregía Johan, que era capaz de recurrir a Lucendo para hacer enfadar a Núñez porque no le fichaba Molby y, finalmente, convencer al propio Cruyff de que el danés no era el mejor y que, perfectamente, un tal Guardiola podía jugar de 4.

Impagable su conocimiento, su talento, su mano derecha y su barcelonismo. Pero, sobre todo, por haber encajado y aprendido de la escuela Oriol Tort, donde se formó como entrenador del juvenil, antes de dar el salto al banquillo del Camp Nou siendo pieza clave de la resolución del Motín de la Hesperia como segundo de a bordo y psicólogo de cabecera de Luis Aragonés.

Aquella experiencia le permitió afrontar con sobrada preparación el nuevo proyecto bajo la batuta de Cruyff y aquella filosofía que claramente diferencia a «los jefes de los indios».

Sacar partido de la audacia del Johan

Mientras Johan no se volvió o se creyó, al menos en su mundo interior, un igual en Núñez, y quiso, equivocadamente, ganar títulos con jugadores de segunda categoría y luego con futbolistas del mismo nivel que su hijo Jordi, al que protegió innecesariamente, ya que tenía calidad y personalidad para defenderse en el campo.

Rexach pudo controlar y sacar el máximo partido de la audacia de Johan, finalmente excesiva cuando hizo fuera a Iván de la Peña porque tenía demasiado carisma, y con él la primera Quinta del Mini, todo ello con un epílogo, inevitable, de su enfrentamiento con Núñez por el control de la caja.

Incluso después de la explosión de aquella bomba nuclear, Rexach se mantuvo en el lugar donde pensaba que el Barça lo necesitaba, al frente del primer equipo hasta final de temporada, lo que le costó ser repudiado por el propio Cruyff, por su familia especialmente y, por derivación, por el laportismo por el resto de los días.

De ahí su ausencia en el relato fantasioso de una herencia de Cruyff donde el peso y papel de Charly ha sido borrado en beneficio de una leyenda exagerada del Cruyff entrenador.

Cruyff jugador

Sobre el Cruyff jugador, el mito se lo acaba de cargar ahora el propio Laporta, con motivo del recordatorio de los diez años sin él, afirmando que «Cruyff ha sido el mejor jugador de todos los tiempos».

Una salida de tono (mal)intencionada ya que ni le venía del todo de gusto agrandar la figura de Johan, pues ahora es él, Laporta, quien aspira a ser la única figura de referencia de la historia del Barça, y de verdad sólo lo ha hecho porque le tenía muchas ganas, una tírria creciente, rabia y rencor a Messi porque le marcó el gol del año con su visita nocturna al Spotify Camp. Nuevo, al más puro estilo trapicheo del presidente.

La frase iba contra Messi, que a Leo le es igual, y no ha hecho más que perjudicar a Johan, que no dejó tan buen recuerdo en la gradería del Camp Nou a pesar de la Liga del 0-5 en el Bernabéu.

La afición del Barça siempre le reprochó estar tomando el sol, acomodado, en los años siguientes hasta que se marcharon en 1978, arruinado y con la necesidad de seguir arrastrándose por el soccer americano y luego a Holanda trayendo al Ajax para jugar en el Feyenoord.

Con esta invocación al Cruyff jugador, brillante hasta la temporada 1973-74 (se retiró en 1984), el barcelonismo ha recordado que en el Barça Johan vivió de las rentas de una Liga y que su palmarés, impresionante, ha sido superado por otro ‘monstruo’ incomparable con ningún otro futbolista en la tierra, Leo Messi, criado en el Barça y considerado con todos los méritos como el mejor jugador de todos los tiempos. Lo mejor.

Laporta, en su infinito poder de destrucción y de vanidad patológica e irrefrenable, ha conseguido dañar el recuerdo de Johan, que ya no le sirve para nada, sólo con la intención malvada y fastidiosa de insultar a Messi.

Ya casi no le queda combustible barcelonista al presidente del Barça que, en 2021, durante la campaña electoral, Laporta afirmaba lo siguiente: «Que el mejor jugador del mundo y de la historia del fútbol haya venido hoy a votar con su hijo y haya participado de esta fiesta del barcelonismo confirma lo que hemos ido diciendo durante la campaña: que el Leo estima el Barça».

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