Delantales caídos…

¿Qué más debe pasar a Gaza para que alguien le pare los pies a Benjamín Netanyahu? El otro día, con total impunidad, ejecutó a siete cooperantes de World Central Kitchen (WCK), la ONG que lidera y fundó el cocinero asturiano, nacionalizado estadounidense, José Andrés, uno de los alumnos aventajados de Ferran Adrià en la escuela de El Bulli. Netanyahu habla de error, pero lo cierto es que cada vez menos gente cree en la falta de intencionalidad de la acción. El actual primer ministro de Israel añade así un enemigo peculiar a su largo listado de adversarios, un cocinero. Pero no cocinero cualquiera. A Andrés, como buen asturiano, le va la marcha. Es uno de los cocineros más poderosos y reconocidos de Estados Unidos, con múltiples influencias, especialmente en la bancada Demócrata; amigo de los Obama, ha sido de los pocos cocineros que ha tenido el privilegio de cocinar en la Casa Blanca, fue durante el mandato de Barack Obama, y ha luchado con la ex primera dama Michelle Obama contra la obesidad infantil, una plaga muy extendida en Estados Unidos. Cuando le entregó la Medalla Mundial de Humanidades en 2015, Obama lo justificaba así: “Educar nuestros paladares y dar forma a nuestra cultura. Ha introducido ingredientes nuevos y vibrantes para nuestra nación, ya sea a través de sus técnicas innovadoras en la cocina, su trabajo en tecnología de limpieza de la cocina y el acceso a la educación, o la inspiración que ofrece a nuevos americanos”. Por otra parte, también se ha enfrentado abiertamente con el expresidente y de nuevo candidato republicano, Donald Trump, con el que debía ser socio, pero al que dejó plantado tras unas desafortunadas palabras de este contra la inmigración. Resumiendo, Netanyahu se enfrenta a más que a un cocinero.

Conocí a Andrés hace un montón de años en uno de sus restaurantes, concretamente el Jaleo, en Washington D.C. Desconocía entonces que el cocinero hablara catalán, idioma que aprendió en su estancia en El Bulli; al saber que yo era catalán, continuó la conversación en la lengua de Rodoreda. Hablamos de cocina, pero también de Estados Unidos. Aún no había creado WCK, pero ya estaba metido en múltiples acciones humanitarias. Me dijo que él era muy asturiano, pero también catalán y hondamente americano. Una mezcla curiosa que le ha impregnado un carácter afable; sin embargo, cargado de firmeza. Después de la conversación, en la mesa llegaron platos típicos catalanes que nadie había pedido…

Las muertes de los siete cooperantes de WCK han sacudido aún más el escenario político internacional. Más países comienzan a estar cansados de la impunidad de Netanyahu. El presidente Joe Biden llamó a su homólogo y aliado israelí para advertirle de que su apoyo no es un cheque en blanco. Antes de llamar a Netanyahu, Biden había llamado al cocinero Andrés. Ojalá que el lamentable episodio sea la gota que derrama el vaso y la comunidad internacional pare los pies a Netanyahu y se le juzgue por los crímenes cometidos.

Sería bueno que los cocineros de todo el mundo mostraran su solidaridad con los cooperantes fallecidos en Gaza. La muerte les llegó cuando iban a dar de comer a la gente de la zona, castigada por una guerra tremendamente cruel. Me han faltado crespones negros en los delantales o directamente una huelga de delantales…

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