Masip y Deco, protagonistas de historias para no dormir del Barça de Laporta

El asesor deportivo del presidente, ahora relegado a figurante ocioso, ha autorizado el pluriempleo de Carlos Ortega tras calificar de “inaceptable” el de Pasqui. El precedente de las comisiones aseguradas de Deco fueron las de Mino Raiola por Ibrahimovic, que solo jugó un año

Enric Masip i Joan Laporta

La noticia de que el actual entrenador del Barça de balonmano, Carlos Ortega, compaginará su cargo en el club con el de seleccionador de Japón en los JJOO de París la ha confirmado el propio club azulgrana en un comunicado en el que se especifica la voluntad de la junta de concederle ese permiso especial. Más allá de poder discutir si ese gesto es excesivamente generoso, inadmisible o simplemente debe asumirse como un hecho compatible con su responsabilidad profesional en el Barça, el entorno barcelonista más quisquilloso no entiende que el anuncio no haya provocado la dimisión del asesor deportivo del presidente Joan Laporta, Enric Masip, pues había sido él, específicamente, quien había criticado que la anterior directiva hubiera tolerado a Xavi Pasqual, Pasqui, esa misma situación concurrente en el Barça y en la selección de Rumanía.

Estos días también ha sido no noticia -es decir, objeto de ese fenómeno tan habitual del aparato laportista consistente en silenciar y controlar mediáticamente informaciones que desnudan prácticas irregulares e infracciones graves de los estatutos y del código ético-, el embuste patrocinado desde la junta y desde el propio Deco en relación con el cobro íntegro y por anticipado de las comisiones por el contrato de Raphinha como si, en la práctica, siguiera ejerciendo como su agente. Y faltó a la verdad cuando afirmó, en el momento de ser presentado como director del fútbol profesional, no haber cerrado ninguna de sus sociedades dedicadas a la representación de futbolistas.

La diligencia y uniformidad del relato laportista controlado desde la junta ha impedido que este escándalo pudiera convertirse en un objeto de debate y de comentarios de rabiosa actualidad por parte de los medios y de los observatorios y emisores digitales del régimen. No han aparecido, más allá de un primer tratamiento fugaz y secundario, señales de seguimiento o del impacto provocado por esta situación de Deco en la que se acumulan una carga de falsedad y engaño a los socios y un escenario de conflicto de intereses, pues Raphinha, a quien se pretende colocar en una lista de traspasos este verano, no ha nombrado a ningún nuevo representante y acabará quedándose o saliendo del Barça como resultado de una estrategia o intereses del club que determinará el propio Deco. Es decir, que cobrará -de hecho, ya lo ha cobrado vendiendo ese acuerdo con el Barça a un fondo de inversión-, por defender al mismo tiempo los intereses del Barça y de un jugador del primer equipo.

Solo un artículo de prensa, uno solo, se ha publicado al respecto, firmado por Marçal Lorente, periodista cauterizado por la Gestapo laportista, en el portal CuléMania y no en Mundo Deportivo, donde colabora regularmente. “Según la opinión de diversos juristas consultados, esta conducta podría ser compatible, presuntamente, con la de un delito de administración desleal, dado que Laporta facilita que el club pague a Deco, que curiosamente es socio y amigo íntimo de su excuñado, Alejandro Echevarría, la totalidad de sus teóricos servicios prestados como representante de Raphinha por los 5 años de contrato, desconociendo en el momento de obligarse, si el futbolista los cumplirá (…) Además, esa obligación de pago devenga una obligación de comunicación a la Liga porque afecta al límite salarial (…) Esto Laporta ya lo hizo con Ibrahimovic y Mino Raiola. El delantero sueco solo estuvo un año en el Barça, pero el club le pagó la comisión anual al representante italiano por todos los años que había firmado, aunque el futbolista dejó de ser un activo del club en el primer año”, ha escrito.

No es casualidad ni es nueva, pues, esta generosidad de Laporta con determinados agentes. La operación de Ibrahimovic, un castañazo a favor de la cuenta corriente de Mino Raiola, dejó unas pérdidas de 33 millones en las cuentas azulgrana debido a que Josep Guardiola se cansó de él al cabo de un año, a pesar de haber sido él mismo quien le pidió a Laporta echar Eto’o y traer a Ibra con un coste, salario aparte -o sea, coste de traspaso y comisiones-, superior a los 80 millones. Casualidad o no, en cuanto entró Sandro Rosell de presidente, Guardiola cambió de opinión sobre el delantero sueco, que acabó esa única temporada de suplente sentado por Pedrito y Bojan mientras Eto’o, que se fue al Inter de Mourinho, ganó Liga, Copa y Champions, otro triplete.

Otra historia para no dormir del Barça de Laporta, que ha entrado en una deriva realmente perturbadora, la ha protagonizado Enric Masip, asesor, guardaespaldas, glover presidencial y acompañante ocioso que, al menos en teoría, es quien aconseja a Laporta en materia deportiva. Se sabe, porque lo dijo públicamente, que no quería a Ronald Koeman, eso sí, cuando los resultados no eran los mejores, pero desde luego después de aprobar expresamente que siguiera y de darle la patada a Messi y Griezmann, entre otras decisiones aplaudidas por él. Cuando aún era alguien, pues ahora ha sido relegado a figurante del folclore presidencial, frecuentaba las redacciones y los programas de televisión y radio, donde, por ejemplo, reprochó a la junta anterior que en su momento permitiera a Xavi Pascual el pluriempleo. «Yo no habría admitido que Pasqui fuera entrenador del Barça y a la vez seleccionador de Rumanía. Es inaceptable», dijo en el verano de 2021.

Hoy, en cambio, a Carlos Ortega, el entrenador del equipo profesional de balonmano que él mismo puso, echando a Xavi Pascual tras haber ganado todos los títulos la temporada 2020-21 sin perder siquiera un partido, la junta de Laporta le ha sido autorizado ejercer de seleccionador de Japón, exactamente igual que hizo Pasqui años atrás. Por supuesto que Enric Masip se va a tragar sus propias palabras, su dignidad profesional y su orgullo, virtudes que se le presuponen, no que estén acreditadas, aceptando esta situación de Carlos Ortega porque si algo no puede hacer es dejar de rebajarse ante Laporta y poder seguir viviendo a lo grande del Barça. Este es el nivel y la dudosa credibilidad y seriedad de ese núcleo duro del presidente.

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