Laporta usa un pódcast para iniciar una guerra imprudente y arriesgada contra Nike

El presidente recurre al estilo 'comandante' para generar un estado de opinión contra su patrocinador, anunciando que ha instado legalmente a la extinción del contrato alegando incumplimiento, una maniobra que puede requerir aprovisionar 100 millones

Joan Laporta, estrenant pòdcast

El presidente del Barça, Joan Laporta, ha estrenado un pódcast, un canal propio de comunicación, en ningún caso creado con el propósito de acercar su figura a los socios, sino con la de parecerse a grandes figuras del autoritarismo como Fidel Castro en sus insufribles peroratas asamblearias -a falta de una verdadera revolución que explicar-, o Hugo Chávez, más modernamente, en su programa Aló Presidente, personal e intransferible. El barcelonismo de hoy, como lo concibe el comandante Laporta, nada tiene que envidiarles a las repúblicas tiranizadas de Cuba o de Venezuela, ambas, como le sucede al presidente del Barça, fantasiosamente amenazadas por las siniestras y malvadas agencias de inteligencia y de contrainteligencia de los EE.UU., en su caso concreto actuando bajo la tapadera de Nike, según parece, el gran enemigo yankee imaginario del Barça.

Como lo explica Laporta, que ha optado por proyectar su guerra solo donde puede ganarla dialécticamente, en el ámbito de la prensa y el estado de opinión locales, Nike se ha convertido en un adversario que maniata los recursos del club, limita su crecimiento y, además, es responsable de los apuros económicos que pasa una tesorería que, por el contrario, rebosaría de opulencia con el dinero que le pagaría Puma o el procedente de las fabulosas ganancias que reportaría fabricar la camiseta por cuenta propia.

El relato, como siempre, funciona en el ámbito barcelonista, donde Laporta ya ha conseguido, de hecho, que socios y aficionados hayan repudiado la marca y dejado de comprar productos Nike, incluida la camiseta azulgrana, otra genialidad presidencial. Es la reacción lógica y coherente de cualquier militante azulgrana: asumir e interpretar las declaraciones del presidente como la llamada a un levantamiento activo contra esa marca hostil en un escenario de guerra comercial sin cuartel.

Según sus propias palabras, Nike es quien ha dejado de cumplir con una parte del contrato y el Barça, por orden de su presidente, quien le ha comunicado que por dicha causa ese contrato se daba por extinguido. Lo que vendría a ser una ruptura del contrato unilateral, valiente, decidida, legítima, justa y liberadora por parte del club. También, según se mire, imprudente y puede que demasiado arriesgada porque no va a resultar tan sencillo en la práctica, pues él mismo, Laporta, ha reconocido que esta acción ha provocado «una serie de medidas cautelares» que, a su vez, son ahora objeto de estudio y alegaciones, quedando a la espera de una resolución más o menos definitiva. Enigmáticas palabras por su parte, susceptibles de ser interpretadas como una primera victoria si hay que hacer caso de su tono, entre amenazante y triunfal, y de su voluntad de transmitirle a los socios y conciudadanos azulgrana que no hay nada de que preocuparse.

Ese efecto de dominio de la situación y de liderar el combate, teniéndolo todo bajo control, es sencillo de provocar por la sencilla razón de que no hay nadie al otro lado. Nike es muda y ciega en el terreno mediático, ahí no hay rival.

Por parte del presidente-comandante es el mismo tipo de mensaje empleado antes para asegurar que Messi iba a renovar, que Josep Maria Bartomeu y su junta acabarían en la cárcel, que el Atlético de Madrid pagaría un dineral por Griezmann o que Dembélé había sido blindado porque así lo quería Xavi. Puede estar ocurriendo perfectamente que la audacia, quizás temeraria y precipitada, de denunciar el contrato de Nike por incumplimiento haya provocado el efecto contrario, el de una contrademanda o que el ejército de abogados de Nike, que factura 50.000 veces lo que el Barça, se hayan propuesto finalmente dejar de intentar reemprender el diálogo y pasar al contrataque.

Algunas fuentes estiman que no frenar un litigio con Nike podría suponer la obligación de aprovisionar 100 millones, pues ese intento de romper la baraja podría dar lugar a una indemnización exigible por un juez, como garantía, en caso de ir a los tribunales, eso sin contar otros perjuicios legales y las posibles costas si el pleito se tuerce.

Laporta, como a él le interesa, sale vencedor en ese pódcast en el  que insinúa haberle dado un buen gancho de izquierda a su rival en ese primer asalto contra Nike. Así lo explica y así se lo cree la prensa y, por elevación, la propia afición. Sin embargo, haría bien en ser más transparente y honesto, explicar los detalles, los verdaderos riesgos de provocar esta alta tensión y las posibles consecuencias de ir a una guerra legal frente a una multinacional que si por algo destaca es por no dejar fisuras en este tipo de contratos y, desde luego, por no cometer errores a la hora de desarrollarlo y cumplirlo. No se puede decir lo mismo del área jurídica del presidente, dirigida por un abogado de su confianza como es Pere Lluís Mellado, que se ha ganado una merecida mala fama por sus deslices y reveses.

Puede haber demasiado dinero en juego como para improvisar o frivolizar con este tipo de estrategias de cara a la galería, sin duda el único escenario donde la gestión del presidente es capaz de destacar y hasta de marcarse algún gol de chilena. El problema es que la cruzada contra Nike, a quien el pódcast del presidente no le hace ni cosquillas, no va de ni de faroles ni es mediática.

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