La Generalitat confirma que Laporta y Limak han permitido el abuso laboral

El resultado de las inspecciones, tras las denuncias por prácticas esclavistas sobre los trabajadores de las obras, condena a una veintena de empresas a pagarles todo lo que les habían escatimado con engaños y falsas nóminas

Joan Laporta i la seva directiva, visitant les obres del Camp Nou

En un primer avance sobre el resultado de las inspecciones laborales realizadas por la Generalitat en las obras del Camp Nou, provocadas por la sospecha de abusos en la contratación y retribución a los trabajadores, se han confirmado irregularidades en prácticamente la mitad de las empresas subcontratadas por Limak, la constructora ganadora de la licitación de la reforma del estadio. La reacción del Departamento de Trabajo de la Generalitat fue enviar un equipo de subinspectores al corazón de las obras para comprobar las denuncias de una investigación de El Periódico que permitió destapar el agravio a cientos de los trabajadores, en su mayoría extranjeros y con serias dificultades de comprensión del idioma y de las verdaderas condiciones de trabajo.

Limak y la junta de Joan Laporta negaron inicialmente que pudiera haberse producido ninguna irregularidad en el trato o en la aplicación del convenio de la construcción. Para ser exactos, la primera postura de la directiva fue, por medio de su vicepresidenta institucional, Elena Fort, quitarse de encima el problema y derivar cualquier responsabilidad hacia Limak. Fue un error más de comunicación y de gestión por su parte, pues los titulares y las noticias subsiguientes, sobre todo a nivel internacional, lo que reflejaron fue que el Barça, el club que históricamente ha antepuesto los valores más elementales a cualquier otro interés, era directamente señalado por el abuso, el engaño y el esclavismo aplicado al colectivo de trabajadores que, por su situación y desesperación, eran explotados en la reconstrucción del estadio azulgrana. Nada, por otra parte, que no haya hecho antes y de forma sistemática Limak en su país a la hora de cumplir con el presupuesto y con el tiempo de una obra licitada a su favor.

La imagen y la reputación del FC Barcelona, cuyos dirigentes actuales no había cesado de criticar esas mismas prácticas en Catar, por ejemplo, a la hora de construir sus estadios e infraestructuras para el último Mundial, están sufriendo un fuerte desprestigio por permitirlas y por mirar hacia otro lado, como si el escándalo y la serie de graves infracciones detectadas no fuera con ellos.

El resultado de la investigación, aunque aún no puede elevarse oficialmente a definitiva, ha identificado a una veintena de empresas que no pagaban a sus trabajadores por el total de las horas trabajadas, además de obligarles a cumplir un horario abusivo y, en general, aplicarles a las nóminas una serie de trucos para forzarlos a trabajar más horas, más festivos y pagarles menos.

La Generalitat, según ha explicado El Periódico, ha enviado buena parte de los requerimientos a las empresas tramposas para que subsanen esta mala praxis en el ámbito laboral, abonen el pago de las nóminas pendientes y escatimadas con efectos retroactivos y, por descontado, queden advertidos de las medidas sancionadoras aplicables en caso de persisitir.

Lo que se ha ahorrado Limak puede ascender a cientos y hasta a más de mil euros por cada trabajador afectado. El perjuicio, por llamar de alguna manera al impacto de su indecencia en la contabilidad de las subcontratas, ha de calcularse en varios cientos de miles de euros, no solo por las consecuencias de ponerse al día, sino porque, en lo sucesivo, hasta el final de las obras, los contratos y las retribuciones han de cumplir con los mínimos del convenio. A Limak, según acuerde la forma de repartir ese coste añadido con las empresas colaboradoras, le tocará finalmente asumir la decisión de gastar más de lo previsto o ajustar el presupuesto previsto, reducir el número de trabajadores y puede que arriesgarse a no cumplir los plazos establecidos.

Lo cierto, sin embargo, es que la amenaza de aplicar cláusulas de penalización a Limak en el caso de retrasos, filtración periodística impulsada desde la junta poco después de anunciarse la ganadora del concurso para las obras, nunca se han podido conocer ni evaluar exactamente. Algunos directivos, incluso el propio presidente varias veces, han reiterado que el estadio podrá reabrir parcialmente la primera y segunda gradas para finales de noviembre de este año, dando a entender que a Limak no se le ocurrirá nunca quebrantar este límite obligado por la celebración del 125º aniversario de su fundación.

En realidad, hoy mismo ya podrían utilizarse los dos sectores de la grada que son intocables, la primera y la segunda gradas, y a los que no les afectan las obras, lo que convierte este compromiso en una especie de brindis al sol. La verdadera complicación será compatibilizar las obras con partidos regularmente y garantizar un aforo de 60.000 espectadores en condiciones mínimamente confortables. De hecho, a diferencia del repetido anuncio de la junta a lo largo del año, finalmente, en la presentación del de 125º aniversario, se mentó muchas más veces a Cruyff que a Gamper y no hubo una sola alusión a la conmemoración de esa fecha, el 29 de noviembre de 2025, con un acto multitudinario en el Spotify, como si de pronto ese eje principal del relato, con el estreno y reapertura del nuevo estadio coincidiendo con la fecha señalada, ya no formase parte el plan.

Para Limak no existe más presión que la de ahorrar el máximo de los costes, incluido el laboral, ahora que entra en una fase de ampliación de las plantillas con una cifra de contratación de miles de obreros no cualificados a los que pretende alojar de cualquier manera cerca o en los alrededores de Barcelona. La iniciativa respondía en su momento a la voluntad estratégica de recurrir al máximo de extranjeros migrantes que, en su desesperación, aceptan los peores contextos laborales. Entre el rigor de las inspecciones realizadas y las enormes y reales dificultades para esconder a miles de trabajadores en un área como la del entorno barcelonés, donde precisamente el alojamiento supone el principal gasto para sus habitantes, todo apunta a que Limak deberá adaptarse a cierta precariedad sobre sus previsiones a la hora manejar un volumen inicial de 3.000 trabajadores, que si son no emigrantes o ya residentes y con papeles no permitirán el incumplimiento de los convenios base del sector.

Por supuesto que, de nuevo, el resultado más que negativo de la investigación del Departamento de Trabajo de la Generalitat no ha sido difundido por la prensa, que sigue interpretando la realidad en función de los intereses de la junta, especialmente en todo lo que afecta a Limak y las obras, parcela especialmente sensible bajo la supervisión directa del presidente Joan Laporta.

El silencio mediático se ha revelado como el mejor bálsamo para Laporta sobre una situación vergonzosa y representativa del estilo y de las pésimas formas del actual mandato. Quedará para la historia que el Barça de Laporta, exclusivamente bajo su responsabilidad, eligió Limak para acelerar y abaratar la reforma del Camp Nou a costa de victimizar y engañar a los trabajadores todo lo que pudo y mientras pudo. En el fondo, por desgracia, nada o poco sorprendente.

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