Joan Camprubí, otro ‘hijo’ de Evarist Murtra se prepara para suceder a Laporta

El exdirectivo promueve la candidatura del joven consultor financiero de 36 años, nieto y bisnieto de la saga Montal de presidentes del Barça durante la dictadura, en principio para presentarse a las elecciones de 2026 sin realizar una oposición activa previa

Joan Camprubí

Foto: Boston Consulting Group

No es casualidad que el anuncio oportunamente teledirigido de la gestación de una candidatura sólida, solvente y con los apoyos necesarios a las elecciones de 2026 haya coincidido en momentos de combustión interna del segundo Barça de Joan Laporta, un club con una derivada catastrófica en todos los frentes de la gestión que ya solo se sostiene por su capacidad propagandística, el estado de crionización de la masa social y las expectativas de que el Barça de Xavi se recupere a tiempo de salvar la temporada con un gran título.

El tercer punto de apoyo, el futbolístico, acabará siendo la clave de toda la estructura, suponiendo que el galimatías, la improvisación y la prioridad de los propios intereses del presidente lo sean o se correspondan con algún modelo y plan de actuación que no sea el tirar balones hacia delante, uno detrás de otro. Laporta ya está sentado sobre el marcador demasiado pronto tras dos años y nueve meses de un mandato que se le puede hacer largo y complicado si no se le aparece, como en 2009, la combinación mágica de un entrenador como Pep Guardiola, pero sobre todo con la explosión de una generación de futbolistas capaces de dominar el fútbol mundial.

El nombre de Joan Camprubí es el que le dio la noche del domingo a Laporta tras del asalto del Girona a Montjuic, más incluso que el propio marcador o el juego del equipo, que siempre son circunstancias corregibles y cambiantes. No tanto por el perfil o la capacidad de liderazgo, carisma y cualidades que pueda atesorar un brillante ingeniero superior de telecomunicaciones, de solo 36 años, director gerente en Boston Consulting Group, una de las consultoras más grandes del mundo, que ha abierto casi un centenar de oficinas en 50 países.

Debe añadirse como dato relevante el de su segundo apellido, Montal, el de una saga de presidentes del Barça durante la dictadura, Agustí Montal Costa hasta 1978 y Agustí Montal Golobart, su padre, que también presidió el club entre 1946 y 1952. Joan Camprubí es nieto y bisnieto de ambos personajes ilustres del barcelonismo histórico.

Por sus venas corre sangre de la más alta aristocracia azulgrana, circunstancia que le garantiza el apoyo incondicional de esas familias del Barça que aún hoy conservan esa inclinación, como en la época de sus antepasados, a ostentar derechos de cuna y de clase sobre el palco del Camp Nou. El joven descendiente de esta línea de sucesión que fue cortada por Josep Lluís Núñez, el empresario del tocho que puso fin a la dinastía del textil, se lo tendrá que ganar. Le queda seducir al barcelonismo y aportar ese foc nou reclamado precisamente por un padrino de lujo, Evarist Murtra, que también juega en su equipo como asesor, consultor senior y personaje tenebroso de ese contrapoder histórico del Barça que vuelve a la carga con una cara joven, desenvuelta y apropiada al mundo de hoy. También con la inexperiencia por bandera, aunque con la ventaja de salir de una posición privilegiada y con miles de votos asegurados.

No es esta circunstancia lo que más le preocupa a Laporta en este momento, pues él mismo fue un Murtra boy durante años y el propio Evarist Murtra, con motivo de la celebración de la última asamblea, le avisó de lo que se le venía encima en un sonado artículo en La Vanguardia. «No queremos disidentes, pero tampoco nos conviene ausentarnos. Personalmente, celebraría mucho que una nueva generación de barcelonistas preparados, conocedores de las nuevas tecnologías y de cómo evolucionará el mundo del deporte, tomase el relevo en su momento. Y no nos olvidemos de que el Barça es mucho más que un equipo de fútbol», escribió. Más que celebrarlo, Murtra ya estaba moviendo los hilos para poner en contacto a su nuevo descubrimiento con otros barcelonistas de un perfil parecido. Joan Camprubí lleva meses manteniendo contactos, según diversos medios, con Toni Ruiz, CEO de Mango; Jordi Tomás, CEO de la inmobiliaria Guinot Prunera; Sam Judez, directora general de la agencia de publicidad DDB; Carlos Galofré, director general de AB Sagax España; y Jordi Plana, emprendedor tecnológico y fundador de Beezy; además de con jóvenes abogados, entre ellos el hijo de Miquel Roca Junyent, Joan Roca. Personajes como el propio Sandro Rosell o Jordi Roche han sido consultados por el joven precandidato, que a su vez ha sido evaluado por esos mayores que también están dispuestos a llevarlo ante unas elecciones con los deberes hechos y el apoyo de ese establishment social barcelonés, barcelonista y catalanista que un día, no hace tanto tiempo, tanto contribuyó a crear el monstruo en que se ha convertido Laporta.

Y esa es la peor noticia para él, ser plenamente consciente por primera vez en bastantes años que ese nicho histórico donde él encontró la envoltura y la inmunidad de un gran aparato de país a su servicio para derrotar a Núñez le ha abandonado para siempre.

La incógnita es saber si, más allá de ese vacío en el que ahora le toca vivir solo, nada que le preocupe en ese día a día de su tiranía y dictatorial talante, esa nueva oposición pasará la acción, como hizo él en su día bajo el paraguas del Elefant Blau con un planteamiento frontal, bélico y destructivo.

No fue ese el mensaje de Murtra, puntualizando su aversión a la disidencia que, sin embargo, tanto alimentó y promovió contra Núñez en sus tiempos. habla de actuar legítimamente cuando llegue el «momento oportuno» electoral. O sea, en 2026. Pero también dejó ese otro mensaje: «Vivimos una ficción. No es verdad que los socios ostenten la propiedad del club de manera efectiva: no hay mecanismos de control, ni nadie los reclama. El club es una autarquía, gobernado como una empresa familiar, según su presidente, que es un insulto a las empresas familiares bien gestionadas y que en Cataluña son muchas. Después de estas reflexiones tan pesimistas de la realidad a la que estamos sometidos, solo nos queda esperar que el barcelonismo vuelva a recuperar el sentimiento de pertenencia que era el principal activo de nuestro club y recupere el espíritu crítico constructivo».

Murtra es hoy la voz de esa experiencia que también le susurra cautela, inteligencia y capacidad estratégica, porque el cuerpo ya no le pide guerra y porque Laporta no deja de ser otro de esos hijos al que ahora toca echar de casa y Joan Camprubí herede el patrimonio barcelonista que puede llevarlo a la presidencia. El cuándo dependerá ahora de ese ímpetu y audacia propia de las generaciones más jóvenes o de la capacidad autodestructiva de Joan Laporta, nada despreciable, por otra parte.

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