Si no se produce un cambio drástico en el planteamiento, actuaciones y enfoque de las obras, pesará la sombra del esclavismo, el abuso laboral y la sobreexplotación de miles de migrantes sobre la reconstrucción del Spotify Camp Nou iniciada este verano a cargo de la constructora Limak. Las pésimas condiciones de los trabajadores que ya llevan varios meses realizando las labores de demolición han sido detalladamente reveladas en un amplio reportaje publicado por El Periódico como resultado de meses de investigación y de entrevistas con los afectados, la mayoría de los cuales no se atreve a identificarse por miedo a perder su precario puesto de trabajo ni tampoco, por supuesto, a denunciar la presión a la que están sometidos, sujetos a horarios fuera de la normativa y la obligación de realizar decenas de horas extras al cabo del mes que no son retribuidas.
El informe periodístico no refleja ninguna irregularidad o despotismo en el ámbito de este sector tan problemático, el de la construcción, que no se sospechara o que no forme parte de la mayoría de las grandes obras bajo contratos que las grandes empresas aceptan cumplir en tiempo y coste a cambio de emplear mano de obra desesperada y sin capacidad de exigir sus derechos o de refugiarse en el aparato sindical para evitar este tipo de situaciones.
La directiva de Joan Laporta, como se recoge en el artículo, se ha apresurado a desentenderse de cualquier responsabilidad en base a que no existe ninguna vinculación contractual con los trabajadores del último escalón en la pirámide de la estructura de gestión del Espai Barça. Es un asunto que depende directamente de Limak, ha dado la junta azulgrana por respuesta a una situación previsible no sólo porque la constructora turca ya ha sido constantemente señalada por este tipo de mala praxis laboral en su país. La contratación de migrantes que apenas saben leer ni escribir, amenazados con perder sus papeles y con quedarse sin su puesto de trabajo a la menor queja es el pan de cada día en el sector, un escenario especialmente agravado cuando se trata de proyectos mastodónticos como en este caso la reedificación de un gran estadio.
Por parte de Laporta y de su junta es una postura que no cambiará porque Limak ha sido, desde el principio, una apuesta personal del presidente, convencido que de la mano de esta constructora, aunque con menos o ningún aval internacional, el club conseguía el doble propósito de acortar los plazos de finalización de las obras y acometerlas con una inversión más económica.
Tras cinco meses de actuaciones por parte de Limak el resultado aparentemente eficiente del derribo y deconstrucción de la Tercera Graderia y del entorno del estadio, no ha podido armonizarse con la imagen de un trato correcto, ajustado a la ley y ejemplar a favor de los trabajadores que, como ha quedado demostrado, sufren las consecuencias de ese ahorro en tiempo y dinero del que presumen Laporta y Limak.
La constructora también sostiene que hasta la fecha no ha habido denuncias que puedan acreditar este malestar entre la mano de obra menos cualificada que es mayoría en la nómina también subcontratada por Limak con empresas especializadas en el control y explotación de este perfil de trabajador. Lo que ha explicado El Periódico, sin embargo, en base a los testimonios recogidos, es distinto. Para ellos, se trata de “trabajar más de diez horas cada día, de lunes a sábado, doblando la espalda para retirar escombros pesados, desmontando estructuras metálicas desde varios metros de altura y todo ello bajo calor del verano y este otoño inusualmente tórrido”. Y eso, “a cambio de un salario en muchos casos de poco más de 1.000 euros al mes, por debajo del convenio de la construcción y con un precio hora que les sale por debajo del sueldo mínimo. Estas son las condiciones laborales abusivas en las que opera una parte importante de los trabajadores que están participando en la primera fase de la construcción del nuevo Camp Nou. Una “explotación laboral» según denuncian decenas de testimonios que ha podido recopilar el El Periódico tras iniciar una investigación hace cinco meses, el pasado junio, cuando comenzaron las obras”.
Este resumen se completa con numeroso datos de las nóminas irregulares aceptadas resignadamente y a la fuerza por cientos de trabajadores, que serán miles dentro de poco cuando se ponga en marcha la apremiante necesidad de levantar la nueva Tercera Graderia del estadio. “Todos somos inmigrantes que no llevamos mucho tiempo aquí: no sabemos leer ni escribir, ni cómo funciona la ley. Por eso nos engañan y se aprovechan de nosotros. Me siento como un esclavo, que no tengo ningún derecho. Se aprovechan de tí y tu no puedes hacer nada porque necesitas el trabajo. Ellos saben que esto que hacen es ilegal, nos roban las horas para quedarse ellos con el dinero», comentan en este artículo los obreros a los que se les prometió cobrar ocho euros la hora por 10 horas al día, empleados mayoritariamente marroquíes, pakistaníes, bolivianos, senegaleses y otros extranjeros de procedencia de países donde la vida es muy precaria.
Solrigol S.L, Rinko Instalaciones S.L. y Deinoa S.L. o Servicon Terrassa S.L. son algunas de las empresas contratadoras, algunas de las cuales sí que les dejaron bien claro que ya cobrarían un sueldo de 6,5 euros la hora, “una cifra directamente por debajo del salario mínimo interprofesional, que fija un suelo de 7,82 euros la hora. Según las cinco de las nóminas de cinco trabajadores de cinco empresas diferentes que ha podido recabar este medio, las compañías les pagan habitualmente unos 400 euros brutos menos al mes de lo que estipula el convenio”.
Otro aspecto destacado que aborda el reportaje se refiere a los horarios. “La prolongación de jornada -se relata- está siendo una práctica habitual entre las subcontratas del Camp Nou, que, junto a las horas extras no pagadas, podría incurrir en un fraude ante la autoridad laboral. Según distintos testimonios recabados por este medio, una jornada ordinaria de un empleado rondaría las 10 horas al día, cuando legalmente no debería superar las nueve. Cada semana trabajan 56 horas, cuando legalmente la semana laboral no puede superar, de manera habitual, las 40 horas. En ese cómputo entra el trabajo en sábados, una práctica habitual y rutinaria que explican los empleados consultados y que está explícitamente vetada en el convenio colectivo de la construcción en la provincia de Barcelona”.
Este impactante documento periodístico contrasta con la edulcorada visión de Limak ofrecida por los diferentes medios catalanes que la semanada pasada han dedicado ríos de tinta a sus excelencias empresariales y constructivas tal y como se las han contado a los periodistas invitados a visitar la sede de Limak en Estambul unos días atrás. La noticia, por lo que se ve, no estaba tan lejos.
No es la mejor imagen para el Barça que la gran obra patrimonial de su historia arranque envuelta en esta polémica tan parecida, por no decir calcada, a la de los estadios del Mundial de Qatar, pero en este caso en suelo europeo, donde teóricamente se respetan los derechos fundamentales y los laborales, y bajo el paraguas de un club que hasta la llegada de Laporta había hecho bandera de sus valores, universales e irreprochables.











