Puigdemont piensa llegar hasta el Tribunal Internacional de Justicia

Círculos radicales inician una campaña de difamación contra los cinco jueces del TGUE, ahora tienen cinco 'Llarenas' a los que atacar

Cercles pròxims a Carles Puigdemont donaven per feta la decisió contrària del TGUE

La gran sentencia que el independentismo esperaba con impaciencia no es muy grande. Son solo un puñado de páginas emitidas por el Tribunal General de la Unión Europea (TGUE) para decir que el Parlamento europeo acertó al retirar la inmunidad parlamentaria a Carles Puigdemont, Toni Comín y Clara Ponsatí el marzo del 2021. El texto fue, en realidad, un cubo de agua fría para las pretensiones de los europarlamentarios huidos de la justicia española. Puigdemont, el Govern de Catalunya y el independentismo en pleno fingió sorpresa ante la resolución.

“De sorpresa, poca. Se temía que pudiera ir por aquí. De hecho, el posicionamiento de los letrados del Europarlamento ya apuntaba que la sentencia sería negativa para el independentismo. Por eso, ya estaba previsto el plano B, que es acudir al Tribunal de Justicia (TJUE), en el cual se confía más para una resolución favorable”, explica una fuente independentista que conoce los secretos del litigio. Era tan claro que el día 4 por la noche, horas antes de que se hiciera pública la sentencia, ya corrían rumores que se estaba redactando el recurso contra la decisión del TGUE.

Ante el revés, Puigdemont y los suyos están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias para frenar en la medida de lo posible el levantamiento de la inmunidad. La sentencia evidencia que los delitos de los cuales se acusa a los tres europarlamentarios catalanes se remontan al 2017, y que ellos fueron procesados el 21 de marzo del 2018, mucho antes que el 13 de junio de 2019 adquirieran la condición de miembros del Parlamento. “Es decir, en un momento en que la adquisición de la condición de diputado europeo era hipotética y, por otra parte, este procesamiento afectaba también otras personas que no eran miembros del Parlamento. Por lo tanto, se tiene que considerar que la afirmación general que figura a la letra S de las decisiones impugnadas no se llevó a efecto en el sentido que procede conceder el suplicatorio de suspensión de la inmunidad de un miembro del Parlamento si tiene como finalidad continuar un procedimiento judicial por hechos sin relación con el ejercicio de las funciones parlamentarias”. Puigdemont, Comín y Ponsatí habían intentado burlar al tribunal con un alegato político. Alegaron que las acusaciones contra ellos estaban carecidas de cimiento, que se había acreditado una intención clara de penalizarlos por sus actividades políticas, que las órdenes de detención se habían dictado “en función de los cálculos políticos de las autoridades españolas”, que las diligencias habían sido incoadas por un adversario político, que las diligencias solo se habían incoado contra miembros del Parlamento, que había “serias dudas en cuanto al respecto de sus derechos fundamentales en el proceso penal” o que el Ministerio Fiscal había hecho “ciertas declaraciones públicas a los medios de comunicación”. Se trata de alegaciones, en muchos casos, llamadas (se llegan a realizar alegaciones aportante datos que la sentencia rechaza por tendenciosas o porque no se corresponden con la realidad) o meras acusaciones de carácter político. Aportaron también un listado de ocasiones en que el Parlamento denegó suspender la inmunidad a miembros, aunque la mayoría de estas decisiones fueron tomadas “entre el 1982 y el 2003”, en virtud de normas que están ya obsoletas. Solo aportaban una docena de casos de rechazo a la retirada de la inmunidad en fechas posteriores al 2004 y, de estas, solo siete entre el 2014 y el 2019.

También intentaron anular el procedimiento acusando el ponente de ser de Vox, cosa a la cual lo TGUE responde que la elección del poniente fue la adecuada y fue la que rige para cualquier procedimiento (incluso subraya que la comisión correspondiente “designa, en el suyo si, el ponente de acuerdo con un sistema de rotación en condiciones de igualdad entre los grupos políticos”) y que la pretensa animadversión hacia los independentistas, “incluso suponiendo que estos valores e ideas pudieran revelar sensibilidades a priori desfavorables para la situación del diputado objeto del suplicatorio, es en principio irrelevante para la apreciación de la imparcialidad del poniente”. El desastre se consumó con la obligación que Puigdemont, Comín y Ponsatí tienen que pagar las costas suyas y las del Parlamento Europeo.

Un tribunal casi fiable

Puigdemont ya anunció el camino a seguir: “Nada se acaba, bien al contrario. Todo continúa. Presentaremos recurso al TJUE y defenderemos hasta el final nuestros derechos fundamentales, que son también los derechos fundamentales de los catalanes o de los europeos. Con el mismo espíritu del primer día, trabajando para ganar la libertad”. El expresidente confesaba que esperaba otra sentencia, “pero también estábamos preparando el camino a seguir en el supuesto de que el resultado fuera el que se ha comunicado. Tenemos dos meses para presentar el recurso a la máxima instancia judicial europea, que dispondrá de seis meses para tomar una decisión”.

Fuentes soberanistas afirman que no todo está perdido, porque “lo TJUE es un tribunal de segunda instancia que normalmente dicta sentencias en sentido contrario al TGUE”. En su favor explican que “fue el tribunal que declaró la existencia del Grupo Objetivamente Identificable (GOI)”. Esta circunstancia hace concebir esperanzas al independentismo. Aleix Sarri, asistente de Puigdemont en Bruselas y la voz oficial del expresidente cuando no se pronuncia personalmente, abunda en esta tesis, pero se muestra más discreto: “Es cierto que al TGUE siempre habíamos perdido en todos los casos presentados anteriormente, y que ha estado posteriormente en el TJUE cuando hemos recibido noticias más positivas. Esto no quiere decir que pase esta vez, pero hay que tenerlo en cuenta”. Aun así, hay espacio para el optimismo: la apelación a una tercera instancia, que Puigdemont se guarda como un as en la manga, y que es un recurso al Tribunal de Justicia Internacional, en el cual aportará el dictamen del TJUE donde habla del GOI para acusar España de masacrar una supuesta minoría étnica catalana.

“Operación contra los catalanes”

En estos meses, pues, habrá una cruenta lucha en la política española, que se intentará trasladar a Europa para intentar influir en la resolución final del TJUE. El objetivo es que los jueces europeos sucumban ante la tesis independentista que el proceso abierto contra los tres europarlamentarios es un proceso político. Si lo TJUE también les da la espalda, la situación se complicará mucho para los dirigentes indepes, pero mientras tanto pondrán en marcha todas las herramientas para que otras instancias internacionales minimicen el golpe de los tribunales europeos. En algunos sectores, no se descarta tampoco una gran campaña sobre la manipulación que hace España de las instancias europeas, y se presentará la decisión negativa del TJUE como otra “operación de Estado de España contra los catalanes”. Clara Ponsatí, en la intervención junto a Puigdemont, ya insinuó por donde irán las quejas del independentismo: “Si la sentencia se mantiene en segunda instancia al TJUE, los derechos políticos de todo el mundo estarán mucho menos protegidos a Europa ante los abusos de los Estados autoritarios”.

Los ejes de la campaña ya están planteados por los círculos más activos próximos a Puigdemont: “Es una sentencia que afecta los más elementales derechos humanos, civiles y políticos. Es una sentencia que atenta contra la democracia”, dicen los mensajes cruzados entre activistas próximos a Puigdemont. Afirman en estos círculos que lo TGUE ha dinamitado el principio de inviolabilidad parlamentaria, “que fue pensado para evitar que un diputado pueda ser perseguido por su actividad política o por sus ideas”. Pero ya quedó claro en la resolución del TGUE que los hechos de los cuales se los acusa no fueron ejecutados por razón de sus cargos de europarlamentarios, sino por otras actividades que, además, habían tenido lugar dos años antes de adquirir la condición de aforados del Parlamento Europeo. En estos círculos ya ha empezado una campaña en contra de los cinco jueces del TGUE, a los cuales se los asigna todo tipo de epítetos y se los acusa de falta de imparcialidad. Algunos de los epítetos no difieren mucho de los que se aplicaban en su momento a Pablo Llarena, el juez que dictó las órdenes de detención contra Puigdemont. El único cambio es que ahora el independentismo tiene a cinco Llarenas en el punto de mira.

El temor del círculo más próximo a Puigdemont es que cualquiera de los tres diputados pueda ser detenido y entregado en España si no están cubiertos por la inmunidad parlamentaria. Pero a Waterloo se ha puesto sobre la mesa la posibilidad que los tres se sitúen provisionalmente en Suiza, donde creen que estarán a salvo. Y hay una cosa muy clara que también admite su círculo más íntimo: “Puigdemont no volverá a Cataluña. No se fía. Ni con pacto ni sin pacto. Sabe que si vuelve tendrá que ingresar en la prisión”, admite una fuente independentista. Desde círculos del PSOE sí que se admite que si vuelve “tiene que ir a la prisión. No se entendería que sus compañeros de gobierno fueran condenados a más de 13 años y él salga impune. Después, evidentemente, podría dársele el indulto, pero todo a su tiempo. Que vuelva e ingrese en la prisión. Del resto hablaremos más adelante”.

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