Ursula Hirschmann o la necesidad de reescribir la historia europea en femenino

Susana Alonso

El poder de transformación que tienen las mujeres y los hombres en ámbitos como la cultura y la historia es determinante en la manera como concebimos el mundo. Si ellos y ellas trabajan en la misma medida pero sólo ellos son visibles, el mensaje que enviamos a la sociedad es que las mujeres no son capaces de pensar y transformar la realidad. Es lo que ha pasado durante siglos con una historia escrita por hombres y protagonizada por hombres.

La figura de Ursula Hirschmann es uno de los ejemplos más claros de la marginación femenina de una historiografía masculinizada que hasta hace poco no había sido capaz de ver en ella algo más que la pareja de Eugenio Colorni y Altiero Spinelli, dos de los hombres que concibieron el Manifiesto de Ventotene que daría lugar al proyecto europeo.

El libro Ursula Hirschmann. Una mujer por y para Europa, de la historiadora italiana Silvana Boccanfuso, es un intento de reconocer el papel de una mujer que fue decisiva en la fundación de Europa. Pero también de reconocer el de las mujeres en la construcción europea y en la lucha antifascista, de responder a la necesidad de reescribir una historia en la que Ursula Hirschmann intentó responder a preguntas fundamentales hasta nuestros días: qué deberíamos haber hecho para detener el ascenso del fascismo europeo y qué podemos hacer para que no vuelva a ocurrir.

Siempre repetimos el mantra que no existe suficiente consciencia que el proyecto europeo tuvo su origen en la derrota del fascismo y el nazismo tras el desangre de la Segunda Guerra Mundial. Pero aún lo es más el papel que las mujeres jugaron en él. En parte, porque como Rosi Braidotti nos recuerda en el prefacio de este libro, el vínculo entre el antifascismo y el cosmopolitismo y el papel de las mujeres como embajadoras de la paz y la cooperación internacional es uno de los capítulos menos comprendidos de la historia reciente.

Ursula Hirschmann fue mucho más que la persona que sacó de la isla de Ventotene el texto del Manifiesto transcrito en papeles de fumar. Llevó a cabo una acción política activa y fundamental en momentos determinantes, como fue la organización del primer Congreso federalista de la izquierda francesa, impulsado por Albert Camus en 1945, o la fundación en 1975 del grupo Femmes pour l’Europe.

El libro de Boccanfuso nos revela que las mujeres antifascistas no constituyeron una entidad unida y reconocible sino un colectivo heterogéneo y diverso separado por la lengua, la ubicación nacional pero también por orientaciones políticas e ideológicas que tenían en común la profunda aspiración por la libertad, la dignidad humana y el respeto. El pensamiento de Ursula Hirschmann nos enseña que el proyecto de integración europea nos ofrece la mejor posibilidad de convertirnos en un sujeto europeo posnacionalista y antifascista que haga posible también la realización de los valores feministas que se enmarcan en la lucha de la igualdad de todos los seres humanos.

Porque Ursula Hirschmann y las feministas que trabajaron por la construcción europea fueron conscientes que los sentimientos de pertenencia podían ser manipulados fácilmente por el nacionalismo, la xenofobia y el racismo y que luchar contra ellos estaba conectado con la violencia patriarcal que los habita. Ursula Hirschmann nos plantea a las feministas que no debemos preguntarnos qué puede hacer Europa por la causa de las mujeres sino qué podemos hacer nosotras por Europa. Porque la crisis global en la que ella se encontró inmersa (y que ahora está más viva que nunca a raíz de la pandemia) combinada con el repliegue identitario y el regreso a las políticas nacionales sólo puede tener como consecuencia una regresión económica, social y cultural que afectaría especialmente a las mujeres. Porque en las crisis, las políticas de igualdad son las primeras en sacrificarse.

Ursula Hirschmann hace un llamado también a abandonar la idea de abordar la acción femenina sólo cuando se trata de defender los derechos de las mujeres y no en aquellos ámbitos que atañen al bien común. Reclama por eso los derechos de los llamados déracinés, los apátridas, las personas desplazadas y exiliadas durante la Segunda Guerra Mundial que en nuestros días están representadas por las millones de personas que huyen de guerras, hambrunas y catástrofes medioambientales y que deberían encontrar refugio y paz en el proyecto europeo federalista.

Este 8M, Ursula Hirschmann nos permite constatar la urgencia de tomar en cuenta el pensamiento y las propuestas femeninas y de profundizar en los vínculos históricos entre el feminismo y el antifascismo. No sólo por una necesidad de justicia- reconocer al papel de las mujeres en la historia- sino porque conocerlo y reconocerlo nos permitirá abordar un futuro donde las mujeres y los hombres trabajen por un horizonte de paz y justicia social en plena igualdad.

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