Macrogranjas, votos y la verdad

¿Qué es más importante: la verdad o ganar las elecciones? Los partidos suelen justificar las rectificaciones en sus principios con el argumento de que primero hay que ganar las elecciones y después ya verán qué hacen con los argumentos que han utilizado en campaña para obtener unos buenos resultados aunque hayan contradicho su filosofía o ideología. Nos quejamos de que, a menudo, los partidos hacen unas promesas que incumplen cuando llegan al poder. Pero también hay casos en los que los partidos y los candidatos electorales adoptan posiciones contrarias a lo defendido desde siempre porque consideran que esto les dará más votos.

Con la cuestión de las macrogranjas estamos teniendo un ejemplo más de esa realidad. El ministro de Consumo, Alberto Garzón, se mostró contrario a las macrogranjas de cultivo de animales en una entrevista en el diario británico The Guardian. Criticó las granjas que concentran animales en poco espacio. Las llaman ‘macrogranjas’ y los animales viven una situación de sufrimiento permanente, sin prácticamente espacio para moverse. Varios países europeos han dado algunos pasos para reducir el número de estas explotaciones intensivas del ganado pero el negocio es el negocio y muchas empresas que gestionan granjas prefieren las sanciones que les puedan poner -si es que se las ponen- que asumir los costes de dejar que sus animales puedan moverse con mayor libertad.

Decir que se debe acabar con las granjas intensivas puede ser una tumba electoral para los políticos que lo anuncian en comunidades donde tienen una presencia notable y generan muchos puestos de trabajo. Da igual que esté demostrado que estas explotaciones contaminan el aire y el suelo, los empresarios suelen apostar por el negocio antes que por la salud de las personas que viven en el entorno de estas granjas. Y las pequeñas explotaciones, a menudo, deben cerrar sus puertas o sobrevivir con grandes dificultades.

Ganar menos dinero pero que los animales de las granjas tengan una existencia más amable que moverse siempre en un espacio ínfimo es una opción que económicamente tiene sus costos pero que es necesario agradecer a una buena cantidad de campesinos.

Dicen los entendidos que la carne de los animales criados en media libertad es más sabrosa que la que vive encerrada en una nave industrial de la que no saldrá más que para ir al matadero.

Y dicen los analistas electorales que enfrentarse a las macrogranjas puede acarrear pérdidas de votos importantes a los partidos que lo hagan.

La pregunta es qué es preferible: ¿ganar elecciones a cambio de permitir estas granjas contaminantes y torturadoras de los animales o perder votos apostando por unas explotaciones más respetuosas con su vida?

Es una disyuntiva que encontramos en otros ámbitos. Responsabilizar a los inmigrantes de todos los males da votos a determinados partidos. ¿Es pedir demasiado a los partidos que defiendan sociedades más justas aunque se arriesguen a perder votos en las elecciones?

Y no penséis sólo en las elecciones en Castilla y León. En Cataluña tenemos más cerdos que personas. Pasearos por el Segrià, Osona, el Bages, La Noguera, el Urgell o el Pla de l’Urgell, y veréis cómo malviven esos cerdos. Y cómo contaminan. ¡A ver quién es el valiente que levanta la voz contra las macrogranjas en estas comarcas, empezando por la consejera del ramo!

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