Xavi entra en contradicción con tanta excusa

A partir de caer en la Champions ha empezado a encontrarle defectos a la plantilla y a exigir fichajes como el de Ferran Torres

Xavi Hernández

Existe una notoria y curiosa contradicción en el discurso de Xavi Hernández, el entrenador recién llegado al club que más ha gozado del crédito y de la confianza mediática desde que se fue Pep Guardiola hace ya bastantes años.

A diferencia de quien hoy entrena al Manchester City, donde no hay límite a los recursos del propietario, un jeque de Abu Dhabi, ni a las travesuras contables de Ferran Soriano para hacer pasar como éxitos comerciales sus continuas inyecciones de dinero, el técnico de Santpedor nunca se quejó públicamente de que sus futbolistas no entendieran el juego de posición, que desde luego ni lo conocían ni lo habían trabajado nunca, al menos en su mayoría. 

Lo que hizo fue enseñarlo y machacarlo en el entrenamiento, día tras día, con el valor añadido -nada desdeñable y muy a tener en cuenta- que en aquella plantilla de la temporada 2008-09 coincidieron, además del que iba a ser el mejor futbolista de la historia, Leo Messi, los siete u ocho mejores jugadores de la década, entre ellos Xavi, Iniesta, Puyol, Busquets o Piqué, de la casa, y cracks como Dani Alves, Eto’o, Henry o Márquez.

Por cierto, que quien estaba en el campo de entrenamiento para forjar ese fútbol de leyenda, el que corregía cada fase de la enseñanza y desarrollo era Tito Vilanova, quien después asumiría con la misma discreción y éxito las funciones de primer entrenador. El entorno mediático, sin embargo, giró bruscamente, aunque no tanto como el propio Pep, que nunca superó ni perdonó que su amigo siguiera su camino aun y cuando el propio Guardiola le dejó muy claro que se iba a tomar un año sabático en Nueva York. 

Aunque no venga al caso, luego se supo que, en realidad, Guardiola había pactado secretamente entrenar al Bayern Munich una vez que la directiva bávara se hubiera deshecho de Jupp Heynckes, un entrenador al que daban por viejo y acabado futbolísticamente hablando. Ironías del destino, en el cumplimiento de su deber el último año de contrato, su Bayern consiguió el primer Triplete de su historia dejándole a Guardiola un listón insuperable.

Tito Vilanova, por desgracia, falleció al poco de tomar a su cargo un Barça que llegó a superar los 100 puntos en una Liga y jugar, ganando, con once futbolistas de la Masia. Luego, como es sabido, la prensa masacró al Tata Martino, con Luis Enrique fue permanentemente a la greña porque el asturiano se encaraba con los periodistas y con Valverde siempre le recriminó la falta de ADN azulgrana. Los medios sólo depusieron brevemente las armas ante Quique Setien, porque su discurso era cruyfista, hasta que los resultados (8-2 contra el Bayern) permitieron iniciar el ataque masivo y definitivo contra Bartomeu.

Xavi, en cambio, se ha encontrado con una plantilla a la que ha empezado a sacarle defectos después de enfrentar lo que podría considerarse no un fracaso en sí mismo, pero sí una gran decepción al no conseguir clasificarse para la Champions. La prensa hubiera destrozado a cualquiera, sobre todo a Koeman, por el fatal desenlace de los dos últimos partidos, en casa contra el Benfica (0-0), y en el Allianz Arena de Múnich ante el Bayern (3-0). 

Con Xavi se mostró condescendiente, amable, comprensiva e indulgente, hasta se echó como siempre la culpa al pasado aunque rechinando los dientes porque lo que verdaderamente ansiaba esa fuerza mediática anestesiada y amnésica era cantar la épica clasificación del Barça de Xavi para los octavos de final de la Champions y no la caída del equipo en la liguilla veinte años después de la última vez, también sin Messi, incapaz de marcarle un gol al Benfica. Sólo se trataba de eso.

Fue cuando Xavi puso en marcha su propia máquina mediática y técnica, planteando abiertamente ante Joan Laporta las carencias del equipo por la falta de gol, de experiencia, de calidad y de recursos, exigiendo fichajes en el mercado de invierno, sí o sí el de un delantero de primera como será el caso de Ferran Torres siempre y cuando lo bendiga y admita LaLiga dentro de su ecuación salarial.

Ante esa misma necesidad y petición de Koeman, en una situación agravada por las lesiones de larga duración de Ansu Fati y Dembélé, aún con meses por delante de recuperación, Joan Laporta, Mateu Alemany y Ferran Reverter respondieron al entrenador holandés con el fichaje grotesco, como una broma, de Luuk de Jong.

Xavi ha ido más allá, denunciando la falta de conocimiento y preparación de los jugadores para el llamado ‘juego de posición’, que no es otra cosa que mantener el control del juego a base de controlar el balón y moverlo, en campo contrario, reduciendo las opciones de marcar del rival y aumentando las propias de hacerlo.

Fácil de explicar en la pizarra y más complicado de ejecutar en el campo, como se está viendo, dejando en el aire si esa crítica se dirige a los de la casa o al resto, o a ambos, dando la sensación de que, de pronto, su llegada envuelta en optimismo, aires de revolución y barrunto de una gran remontada ha topado con imponderables que desconocía hace dos meses. Por otro lado, no deja de destacar la calidad de los más jóvenes, que le están sacando las castañas del fuego. ¿En qué quedamos?

Lo que parece es que la plantilla sufre las consecuencias de ausencias destacadísimas como las de Suárez, Messi y Griezmann, el impacto de temporada y media de agitación electoral  y la guerra en el entorno, la intransigencia y resentimiento de la prensa con Koeman, tan acentuados como el raro empeño de Laporta en mantenerlo contra su propio criterio, y, desde luego, las lesiones tan influyentes en el juego y en el gol de Dembélé y de Ansu Fati, por no hablar de la larga baja de Pedri y otras desgracias padecidas por cualquiera que se haya sentado en el banquillo.

Con Xavi, sin embargo, existe otra mirada de condescendencia y de complicidad general con la anuencia de una prensa que, ahora sí, pide tiempo, paciencia, tranquilidad, unión y confianza aunque los resultados tarden en llegar o sean catastróficos, como la eliminación en la Champions, básicamente lo que se pretendía evitar con la destitución calculada de Koeman coincidiendo con la reentrada de Ansu Fati y de Dembélé.

Con Koeman, la situación era radicalmente opuesta de crispación mediática, continua exigencia de juego y de resultados, ataques al sistema, fuera el que fuera, crítica sistemática a las alineaciones y a los cambios, junto a ruedas de prensa comparables a un pelotón de fusilamiento.

Mejor para Xavi, desde luego, que dispone y disfruta de la mejor versión del entorno que un entrenador pueda aspirar. Otra cosa es que los resultados, aunque van mejorando, no sean nada del otro mundo o no hayan servido para seguir en la Champions. Por lo menos puede quejarse de tantas cosas que le faltan, exigir un esfuerzo económico de la directiva y beneficiarse de que no tiene a toda la junta, el cuerpo técnico y de asesores, el jefe médico y a toda la prensa en contra. Que ya es mucho.

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