La Confederación Ibérica y el Nuevo Tratado de Amistad

Han pasado 44 años desde el anterior tratado de Amistad entre España y Portugal. El clima político de 1977 estaba marcado, tanto por la esperanza que las nuevas democracias abrían en ambos países, como por una desconfianza mutua arraigada en los años de las dictaduras. 

El nuevo tratado de Amistad Ibérico (281021-TratadoAmistadCooperacionEspanaPortugal.pdf (lamoncloa.gob.es) nace tras una pertenencia conjunta a la UE de 36  años, que ha llevado a los países a una enorme integración económica y social, inédita desde los tiempos de la Unión Ibérica de los “Felipes”. En este escenario, el nuevo Tratado tenía que estar a la altura y, ciertamente, el texto no decepciona. Se trata de un salto adelante legislativo de gran valor, que pone las bases para una cooperación estratégica de carácter estructural y definitiva. También hay carencias y la crítica recurrente hacia la vacuidad de los Tratados Internacionales. Hablaremos de ello, pero ciertamente tras la firma de este histórico acuerdo lo que procede es celebrar y congratularse por disponer de un Tratado de Amistad, en el que cabe una verdadera Confederación Ibérica, que ya podemos avanzar y saludar. 

Los medios generalistas y sus “brillantes” analistas no están sabiendo interpretar la importancia, el alcance y las posibilidades del Nuevo Tratado. Una vez más cometemos en España el error de minusvalorar, informativamente, el vínculo ibérico. Desde Portugal, sin embargo, se constata el valor estratégico de lo firmado en Trujillo.

 El Tratado incluye un preámbulo y seis Capítulos. El Capítulo I determina el Marco General, Principios y Valores; el Capítulo II, los Instrumentos de Cooperación; el Capítulo III, los diferentes ámbitos de la Cooperación; los Capítulos IV y V están dedicados a la UE, y a la Cooperación Multilateral, dejando el Capítulo VI para las disposiciones finales.

El texto tiene bastante contenido que podrá ser objeto de diferentes análisis, pero de su trasfondo político destacan, en mi opinión, tres aspectos:

1. La alusión a “la pertenencia conjunta a la Comunidad Iberoamericana de Naciones”. Ambos países subrayan así pertenecer a un “todo civilizatorio”, en expresión acuñada por Fernando Pessoa. España y Portugal tienen un vínculo diferenciador y único en Europa, son miembros de una comunidad global de países, que suma unos 800 millones de personas. Reafirmarlo en el Nuevo Tratado de Amistad tiene un alto valor político, porque esa concepción iberoamericana no es del todo pacífica en Portugal, debido a reticencias históricas. El Estado portugués derriba nuevamente ese muro de desconfianza, construido tenazmente durante siglos.

2. Se establecen Estructuras permanentes de Cooperación que son: las Cumbres bilaterales anuales de los Gobiernos, una Instancia de seguimiento de los acuerdos de las Cumbres, Reuniones anuales entre los Ministros de Asuntos Exteriores y Ministros de Defensa para coordinar materias estratégicas de seguridad y defensa, Cooperación parlamentaria hispano-lusa y Mecanismos estructurados de diálogo entre las sociedades civiles y los interlocutores sociales de ambos Estados.

Estas estructuras, si se desarrollan convenientemente, son verdaderas instituciones confederales, en cualquier manual de ciencia política.

Para el Movimiento Civil Iberista es un gran éxito la creación de Mecanismos estructurados entre las sociedades civiles y de éstas, conjuntamente, con ambos estados. Es vanguardista y novedoso que un tratado entre Estados impulse estructuras civiles. Personalmente, como presidente de la Plataforma Civil Ibérica (www.plataformaiberica.com) y desde la participación en el Foro Cívico Ibérico que reúne a diversas entidades ibéricas, me siento aludido y responsabilizado. Estamos verdaderamente expectantes del desarrollo de este punto. Pedimos celeridad a los gobiernos. Por nuestra parte, estaremos a la altura, tenemos ideas, experiencia y conocimiento para hacer contribuciones valiosas.

En cuanto a la Instancia de seguimiento de los acuerdos, creemos que puede convertirse en un embrión de gobierno ibérico, dado que los acuerdos pueden alcanzar todo tipo de ámbitos y tener la profundidad que se quiera alcanzar.

3. El tratado abarca la práctica totalidad de las áreas de gobierno de un Estado: Educación, Medio ambiente, Energía, Ciencia y Tecnología, Economía, Seguridad y Defensa, Justicia e Interior, Salud, Trabajo y Políticas Sociales y Exteriores (el acuerdo habla de presentar posiciones comunes en las organizaciones internacionales). De esta manera la amplitud de la cooperación, hace posible una gobernanza ibérica.

Como cualquier Tratado Internacional, y como ocurre también en las propias constituciones de los países, se trata principalmente de determinar las líneas generales de actuación, los principios y los valores, lo cual es mucho, muchísimo. Este tipo de texto no es un documento de concreción, como algunos desde una ignorancia delatadora, han tratado de criticar. Un Tratado de Amistad es un Marco General de actuación y este Tratado puede permitir alcanzar cuotas de integración entre los países extraordinarias.

El alcance y la transcendencia política de la “Amistad Ibérica” se irán viendo con el tiempo. El Movimiento Iberista ha visto plasmado algunas de sus reivindicaciones. Mostramos nuestra disposición a colaborar, porque dentro del espíritu y de la letra de este Tratado caben gran parte de nuestras aspiraciones y por supuesto el listado de temas concretos que venimos reclamando. Estamos de enhorabuena. 

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