El cuento de nunca acabar

Vaya por delante que Carles Puigdemont no es santo de mi devoción. Sin embargo, me sumo a los que reclaman un final feliz para el cuento de nunca acabar. ¿Un indulto por adelantado como reclamaba hace pocos días el abogado Javier Melero? No sé, doctores tiene la iglesia… Pero, un final debería ser inaplazable. Y cuando hablo de Puigdemont, hablo en realidad de todos aquellos que, en su día, después de aquellos efímeros 56 segundos de independencia, salieron por piernas para situarse en el limbo europeo. Habría que poner en marcha, de una vez por todas, la máquina del proceso de retorno, y hacer fuego nuevo -si es que queremos realmente resolver el conflicto, que no a todos interesada-. Hagámoslo, aunque sólo sea para empezar a desantificar Puigdemont.

Pablo Llarena me recuerda al del chiste, aquel conductor que, yendo por la autopista en coche, escucha por la radio que un conductor circula en dirección contraria, y dice: «¿Uno? ¡Si son todos!». El juez cree que el único que va en el sentido correcto de la circulación es él y que Europa va en la dirección equivocada. Pretencioso, al menos. Así, se empeña una y otra a reclamar sin éxito la extradición del expresidente y el resto de expatriados. Decía Albert Einstein: «Una locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». Así, Llarena hace locuras. Empeñado en la caza de Puigdemont al precio que sea, el juez ha situado el carro de la justicia española por el pedregal, y nada hace pensar que el hombre cese en su empeño.

Lejos de lo que muchos vaticinaban, finalmente se ha visto que los indultos a los presos independentistas no han comportado las diez plagas de Egipto. Al final, la sociedad es más adulta de lo que muchos piensan. Así, con los presos libres, el ambiente político respira mejor. Y hará limpio cuando resuelva del todo una cuestión política que se judicializó indebidamente. La otra posibilidad es eternizar un conflicto que ya hace demasiado tiempo que dura para beneficio propio. Hemos tenido ejemplos suficientes esta semana de cómo se retroalimentan el líder popular Pablo Casado y Puigdemont. Pero, mantener el hámster pedaleando más días me parece del todo inhumano.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario